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Love of Lesbian: 1999, el disco que cambió nuestras vidas

Love of Lesbian ponía punto y aparte hace diez años a su carrera musical gracias un impecable trabajo: 1999 (o cómo generar incendios con una lupa enfocando la luna).

Con una línea estética impecable, creando un universo maravilloso avalado por la artista Lyona, era un disco que hablaba por sí solo. Catorce canciones que hablaban una relación personal que cualquier de nosotros podría vivir a lo largo de su vida.

Pero no se trata de un disco sobre el amor, no. De esos ya hay muchos en nuestras estanterías. Era pura poesía, altibajos, la efusividad hecha melodía. Un viaje a través del tiempo, dolía, pellizcaba. La acogida fue espectacular y aunque Love of Lesbian ya tenía su base de seguidores muy bien asentada, comenzó una nueva era para ellos al borde del cambio de década, tras muchos años de duro trabajo. Salas abarrotadas, mucha emoción en los directos y un fin de gira inolvidable.

Y este cúmulo de sensaciones que vivimos muchos de nosotros en 2009 fue un sentimiento compartido. Se trata de uno de los discos con mayor impacto intergeneracional que hemos podido ver con nuestros ojos en los últimos veinticinco años.

Por ello, varios de nuestros colaboradores hemos querido dejar nuestro testimonio de lo que supuso para nosotros este álbum en nuestras vidas.

1999, mucho más que un disco

Sara González (25 años)

Resulta difícil hablar sobre el (para mí) disco más importante del indie español. No me puedo creer que hayan pasado 10 años desde que salió 1999, el disco que más he escuchado, que más he llorado y por supuesto, disfrutado, pero sobre todo, el disco que me hizo enamorarme de la música en español.

Creo que 1999 tiene una parte de cada uno de nosotros, es imposible no sentirse identificado con todo lo que hay en él. Sus canciones no sólo son himnos, son la banda sonora de nuestras vidas, nos han acompañado en el amor y el desamor, las hemos abrazado y querido como parte de nuestro ser, y es que siempre van a ser especiales. 

No sé cuantas veces he visto a Love Of Lesbian, probablemente llego a la treintena, pero de lo que estoy segura es que la primera fue justo en la presentación de este disco, y desde entonces nada ha sido lo mismo, el disco ha madurado y nosotros con él. Felices 10 años al disco de nuestras vidas y gracias por tanto, te seguiremos cantando hasta el fin. 

Vanesa Carro (34 años)

Mi vida era un completo ir y venir de sensaciones. 24 años, recién aterrizada de vivir sola en París durante meses, con pocas ganas de rehacer mi vida en Madrid. Muchos jaleos sentimentales, noches que no se acababan.

En general, no era una gran entusiasta de la música en castellano hasta ese momento, pero algo estalló en mi cabeza. Love of Lesbian siempre había estado ahí de alguna manera entre los grupos que me agradaban pero jamás pensé que arrasarían con esa fuerza devastadora en un solo golpe.

Nunca olvidaré la primera escucha de 1999. Jamás. Sola, en un despacho. Me sentí tan vulnerable, hacía muchos años que un disco no me despertaba tantos sentimientos en un espacio medido de tiempo. Su estética, su mensaje eran tan poderosos que no podía resistirme a escucharlo sin fin.

Y es que me encantan los discos que hilan a través de una historia, que van más allá de un repositorio de canciones. 1999 es un cúmulo de sensaciones agridulces que nos hacen montarnos en una montaña rusa de principio a fin en un viaje donde uno no sabe si saldrá vivo. Con este disco empezó una de las etapas más mágicas de mi vida: desde un concierto clandestino en un palacio en Lavapiés hasta las 1999 guitarras en La Riviera una gélida mañana de invierno.

Es un disco que ha crecido conmigo y pertenece al vasto patrimonio musical que tenemos por aquí. Supongo que en alguna parte de una canción todos oíamos pasajes de nuestra vida. Todos fuimos un poco Marina y Carlos gritando en un acantilado o corriendo por el metro.

Me es muy complicado elegir una canción porque para mí es uno de esos discos que aunque se puede desgranar, bien merece ser disfrutado de principio a fin, sin cortes.

Pero me mojaré y elijo Allí donde solíamos gritar que siempre ha tenido esa rabia contenida que tanto me emociona escuchar. He perdido la cuenta de las veces que la he oído en directo pero sea en eléctrico o en acústico, siempre me recuerda todo lo bonito y lo intenso que he vivido con Love of Lesbian. Son parte de mi vida y es algo que siempre llevaré muy dentro.

Alejandro García – Cantarero Alañón (24 años)

1999 para mí fue un disco de principios y de finales. Fue el disco con el que conocí a una banda con la que he compartido mucho, y conocido a muchas más gente de la que esperaba. Fue el disco que coincidió con una época en mi vida de muchísimos altíbajos, desamores, alegrías, viajes.

Pero fue el único disco que, a día de hoy me sigue rompiendo. Porque ese es el poder que tuvo, tiene y tendrá; y por lo que lo convierte en uno de los mejores y más importantes discos de la música patria.

Que levante la mano quién no se ha imaginado en ese taxi, con esa persona a la que le tienes que decir adiós, aunque la quieras más que a nadie; pero hay que dejar ir. O mejor aún, quien no ha deseado que sea cierto ese jamás que, aunque por activa o pasiva sabes que no va a pasar, pero tu sigues teniendo esa esperanza. O quién, con lágrimas en los ojos, escucha el pitido de sus oidos mientras comienza los primeros acordes de 2009, entrando en nuestro alma como el aire con el que amenaza Santi para romper nuestras ventanas. O quién no ha mirado en un concierto a esa persona que quiere, lo sepa o no, mientras se escuchaba un “Que bajen tus labios y me callen”, esperando que esa otra persona se gire, te mire, y no te deje comenzar a silbar. O imaginarse en su lugar secreto, o privado, gritando, como su Allí donde solíamos gritar particular. O esperar impaciente ese momento en Algunas Plantas en el que nos agachamos para acabar en una orgía de saltos y alegría. O quien no ha visto a su amigo, hater de la banda, acabar gritando a plena voz “Ahora ya soy otro fan de John Boy”.

Son tantos los sentimientos que me evoca este disco, y algunos tan personales, que aunque quiera expresarlos me cuesta, ya que es una experiencia única. Le debo tanto a este disco, a los momentos que me ayudó a pasar, a las veces que lloré con él (y reí, no todo es trágico, como la vez que descubrí que en Te hiero mucho se trataba de una felación), la de gente que conocí y que actualmente son grandes amigos; que para mi es más que un disco, es una etapa de mi vida, llevo 1999 bajo mi piel.

Por eso, no me equivoco al decir que Love of Lesbian, con 1999, nos llegó a todos y cada uno. Fraguó un éxito irrompible, que 10 años despues seguimos recordando, emocionándonos, sintiéndolo y, sobre todo, celebrándolo. Por otros 1999 años más, John boys.

Sara Pérez (pre millennial)

Mi primer contacto con este grupo y más concretamente con este disco fue en el desaparecido festival Ecopop de Arenas de San Pedro en Ávila en el 2010. Iba atraída por un cartel perfecto para mí: La Habitación Roja, Niños Mutantes, Tulsa o Arizona Baby entre otros. Mi prioridad no era ver a Love of Lesbian, pues no les conocía, pero una vez allí vi todos los directos.

Llegó el turno de ellos, y lo primero que me llamó la atención fue el carisma de su cantante. Si, allí estaba John Boy. La letra de aquella canción en el momento en que dice “Me hipnotizó por fin con su verso letal” parecía cantada para mi en ese momento. Allí desplegaron su magia y eso hizo que quisiera saber más de aquel grupo a priori parecía un grupo más para divertir a la gente con sus disfraces y bailes absurdos. Así llegué hasta este disco 1999, y así llegué a la canción del disco que yo y probablemente muchos, destacaríamos por encima del resto; Allí Donde Solíamos Gritar.

Esa canción que me sobrecogió y que a pesar de que con 10 años más, nuestros gustos cambian y tal vez la magia de aquel entonces se vaya desvaneciendo, es un tema que siempre me eriza el vello.

Allí desplegaron su magia y eso hizo que quisiera saber más de aquel grupo que a priori parecía un grupo más para divertir a la gente con sus disfraces y bailes absurdos que otra cosa.

Javier Decimavilla (38 años)

Es innegable el poso que el tercer disco de Love of Lesbian dejó en sus seguidores o en todo aquel que en su día se sumergiera en el universo creado por Santi Balmes y los suyos. De la mano de Carlos y Marina vivimos de primera mano una relación intensa que marcó a todos como si fuera propia. Que 1999 es un álbum absolutamente generacional no se le escapa a nadie.

En mi caso, estas canciones llegaron en un momento vital lo suficientemente estable como para no necesitar de manera urgente e inmediata una tabla de salvación a la que agarrarme. Pero la música no siempre supone algo verdaderamente existencial cuando tu vida va a la deriva o cuando precisas de algo de luz que arroje tus demonios a un rincón escondido, sino que la empatía a veces hace que historias de terceros las sientas como tuyas sin necesidad de estar viviendo en las mismas coordenadas sentimentales.

Al empezar a desgranar este fantástico álbum, tras las primeras escuchas ya tuvimos la certeza de que esas canciones habían llegado para quedarse y que, de alguna manera, nada volvería a ser igual. Nos sumergimos sin concesiones en una colección de himnos, de letras que cobraban el mayor de los sentidos al hacerlas nuestras. En cierto modo, ese disco nos salvó la vida, aunque esta no necesitara en ese momento ese rescate. La atemporalidad de aquellas composiciones atestigua esta afirmación.

Tuvimos, casi de manera instantánea, una sensación de nostalgia y añoranza de algo que todos habíamos vivido alguna vez en la vida (o que irremediablemente disfrutaríamos/sufriríamos en un futuro, como condición sine qua non al ser humano y a la curiosa sensación de sentirnos vivos). Todos sentimos que Carlos y Marina, de alguna forma, nos representaban, aunque nuestro momento vital no coincidiera con el suyo. Su relación, narrada de manera sublime por las palabras de Santi Balmes, nos revitalizó y nos arañó por dentro, sacando a la superficie sentimientos que creíamos escondidos y en los que, en una forma de extraño disfrute, nos regocijamos y nos revolcamos para recuperar en la piel lo que nunca se debe perder.

Estas canciones no son solo el retrato de una relación concreta, son la fotografía de la vida misma, con sus ilusiones, altibajos, desavenencias, planes, fracasos, catarsis… Un disco con el que en aquel momento de nuestras vidas nos sentimos invencibles y que, en su larga gira, nos enganchamos de manera irremediable a sus directos, lanzándonos a cada uno de ellos como si fuera la primera vez y como si fuera a ser la última. Nos entregamos, reímos, cantamos, bailamos, sufrimos, nos abrazamos y lloramos cuando todo eso acabó, con la sensación de que había terminado algo que nunca iba a volver, como si se cerrara una etapa de nuestra vida. Habíamos empezado poco a poco y, cuando quisimos darnos cuenta, el fenómeno era imparable, las camisetas de John Boy inundaban las calles, las canciones se cantaban en directo como si fuera la última cosa que haríamos en la vida y aquel imaginario empezaba a formar parte de nuestro día a día. Todo lo que esos temas decían lo hicimos nuestro, cada frase, cada acorde, cada estrofa, lo sentíamos como propio, como un bien que solo queríamos compartirlo pero, a la vez, no queríamos desprendernos de él jamás.

Como un momento clave en nuestra vida, esa gira fue para muchos inolvidable, de lo más intenso que hemos vivido en directo. 1999 fue y es uno de los discos más emocionales jamás hechos en nuestro país y quienes lo vivimos de primera mano, desde el primer día, sabemos que eso nadie nos lo podrá negar nunca.

Cada una de las 14 canciones que formaban este álbum era una joya en sí misma. Imposible elegir una, pues de la misma manera que cada una relata un pasaje concreto de la historia que cuenta, cada pieza ha sido mi favorita en algún momento a lo largo de estos 10 años desde que vieron la luz. Aunque la decisión es sumamente complicada, teniendo Allí donde solíamos gritar o Segundo asalto por destacar solo alguna, quizás elegiría de entre todas ellas 1999.

Por lo que supuso en mi relación sentimental (el no querer llegar nunca a ese punto), por la manera de poner palabras a sentimientos oscuros y difícilmente remediables, por su intensidad emocional en directo o porque, de alguna manera, todo lo que esa canción narraba, era puro y necesario existencialismo. No sé si es mi favorita, pero echando la vista atrás puede que sea la que más me ha emocionado de todas las que componen este disco tan fundamental en mi vida. “Que sea cierto el jamás”.

Love of Lesbian, marcados para siempre

Sin duda y especialmente para ellos, marcó un antes y un después. Fraguaron un éxito más que merecido y por qué no decirlo, nos robaron el corazón, siendo una de las mejores giras nacionales que se recuerdan.

La emotividad y la nostalgia está servida. ¿Qué supuso para ti el lanzamiento de 1999?

Escúchalo aquí:

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