Los mejores discos internacionales de 2019: del 50 al 1

Reportajes Los mejores discos internacionales de 2019: del 50 al 1

A menos de dos semanas de rematar el año, publicamos nuestra anual lista de los Mejores Discos del Año. Sí, aquellos que más han sorprendido, fascinado o hipnotizado a la redacción de Crazyminds durante los últimos 12 meses. Que se han insertado entre oreja y oreja y no han dejado de dar vueltas en nuestros tímpanos durante todo el año. Tras un arduo labor de recolección y debate, os dejamos aquí nuestra selección con aquellos discos que creemos que han marcado el sonido de este 2019. No sabemos si será la mejor, tampoco creemos que será la peor, pero sí resume de una forma bastante clara la diversidad de opiniones y gustos de todos aquellos que formamos esta web. ¡Disfrutadlo y, por supuesto, nos encantará leer vuestros comentarios en redes sociales!

50. Clairo – Immunity

Suculento LP debut de la joven de Massachusetts Claire Cottrill. Manteniendo esa atmósfera suave e inevitablemente pop, evoluciona desde el lo-fi —bedroom pop— que la dio a conocer en Bandcamp hacia un sonido más estilizado en un trabajo con el que encuentra su propio nicho en el indie pop actual. Construcciones orgánicas y texturas etéreas tejen melodías y ritmos semi-bailables, que se expanden o comprimen acompañando a los sentimientos que transmiten las letras: narraciones honestas e íntimos retratos de la psique y preocupaciones de la artista.

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49. Cate Le Bon – Reward

Este quinto larga duración es una recompensa personal de la artista, que suena a sí misma más que nunca y se da el lujo de dar preferencia a lo que ella quiere antes que lo que pueda preferir el oyente, sin repetirse y haciendo de cada escucha una experiencia muy personal y privada. Dulzura a la par que una gran personalidad es lo que nos demuestra con este LP, que aunque está basado en la soledad, no puede decirse que sea una soledad que pesa, por el contrario una luz constante.

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48. Mac DeMarco – Here Comes The Cowboy

Un manifiesto irónico compuesto de 13 canciones que intenta ser ajeno incluso hasta al propio Mac DeMarco como en las propios visuales 3D de sus videoclips demuestra; un icono, una chapa con una sonrisa. El LP parece más bien un B-Side de su anterior disco This Old Dog, con menos sintetizadores, más acústico, errabundo, aletargado y con bastantes huecos. Es un disco aburrido que contienen todos los atributos de Mac DeMarco pero mucho más vagos y con un tono reflexivo y quizá, sea un intento por violentarse y dirigirse hacia otros lugares menos encorsetados y que le permitan la libertad íntima y amistosa desde la que partió.

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47. Tyler The Creator – IGOR

Tyler es de estos artistas que cada disco que saca es mejor que el anterior. No ha sido diferente con su sexto álbum, IGOR. Lleno de colaboraciones estelares (A$AP Rocky, Frank Ocean, Dev Hynes, Kanye West…), IGOR es la creación más personal, emotiva de Tyler, en la que se ha abierto completamente para llegar a mostrar su alma. Con una producción impecable, este sexto álbum ha servido al americano para acabar de pulir y definir su estilo tan propio, destruyendo la estructura tradicional de las canciones, con cambios repentinos y giros en los que uno no puede imaginar por dónde irán los tiros.

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46. Lucy Rose – No Words Left

“Conversations don’t come easy, but I’ve got a lot to say”, inicia Lucy Rose el que es su major álbum hasta la fecha. Y es que a pesar del título, la artista folk británica sí tiene mucho que decir, y de qué manera. Esta es la principal baza de su último trabajo: las letras, su declamación, su expresión vocal. Folk delicado pero firme. Sobre una cama de cuerdas, guitarra y piano, emerge la voz de Rose, determinada a contar verdades sobra una de las etapas más duras de su vida: sobre ser mujer; sobre ser mujer en la industria; sobre su rol como artista y sus ambiciones. Un álbum que entra lentamente por los poros de quien lo escucha, de forma orgánica, tranquila, pero que no se va una vez ha entrado. No apto para cualquier estado emocional, No Words Left se deshace del envoltorio pop de anteriores trabajos de Rose y supone una de las mejores muestras de folk minimalista del año.

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45. Two Door Cinema Club – False Alarm

Llevábamos tres años sin saber acerca de Two Door Cinema Club. Han elegido 2019 para publicar su cuarto álbum de estudio, False Alarm. Si bien, el título suscita una analogía con su evolución musical, esperada pero que parece que no llega, el disco en su conjunto no deja indiferente a nadie. Precisamente por eso. False Alarm es otro eslabón más en el eterno debate de zona de confort y autocomplacencia o falta de ideas. Creo, fuera de este debate, que este disco muestra un grupo maduro que ha encontrado su sonido, que “sabe a qué juega” y cuál es el territorio al que su sonido le puede sacar más partido. Con un coqueteo cada vez mayor con los sintes y las aproximaciones a la música electrónica, Two Door Cinema Club demuestra que son un grupo sobrio, asentado y con una propuesta musical que, en unos tiempos de disyunción musical, de modernidad versus “clasicismo”, False Alarm se sitúa en ese intermedio que reconcilia de alguna manera a todos los públicos. Principalmente, esta capacidad de alcance más allá de cualquier gusto, siendo fieles a sí mismos, hacen que 2019 haya sido, por fin, el año de Two Door Cinema Club, gracias a su False Alarm, no sin esperar, como ya hemos dicho al principio un cambio en sus próximos trabajos.

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44. The Drums – Brutalism

Aunque ha brillos, coros y detalles de producción disfrutables fruto de los colaboradores y que “profesionalizan” el trabajo, más de uno echará en falta ese sonido lo-fi propio de la banda. Los temas son memorables y seguro que habrá quien los guarde en su biblioteca musical, pero las carencias de Pierce era parte fundamental del sello The Drums y sus limitaciones definían la banda. Con nueve minutos y algo más de media hora, Brutalism entra en el indie pop y encaja dignamente, mas una segunda mitad floja y una evolución inesperada suman a un álbum propio de un simple notable.

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43. Jenny Hval – The Practice of Love

A la artista noruega le gusta mutar su sonido. Sin moverse del experimental, sus últimos discos han ido coqueteando con varios géneros: Blood Bitch con lo atmosférico y ambiental, The Long Sleep con el jazz y The Practice of Love con el pop y el dance. Todos los discos de Hval son muy especiales, puesto que son como libros en los que se puede leer lo que pasa por su mente; una conexión directa a su cerebro. En esta ocasión, ha usado elementos del pop para construir su relato más personal y humano: aunque no deja de cuestionarse y preguntar sobre temas mentales y complicados, la raíz de todo se encuentra en el cuerpo y la belleza que transmite.

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42. CHAI – PUNK

Los sonidos japoneses están cada vez menos alejados de occidente. El j-rock y el j-pop son géneros que están consiguiendo alcanzar citas festivaleras en las que hasta hace nada ni se intuía este acercamiento. Este 2019, CHAI, cuatro jóvenes mujeres de Nagoya, se han convertido en una auténtica revelación en los eventos a los que han acudido. Nacieron con la idea de exportar su música al mundo, contradiciendo las tradiciones artísticas niponas, y lo han conseguido gracias a sus dos únicos álbumes de estudio. El segundo ha llegado este año y, pese a su denominación, PUNK es un efervescente y dicharachero mejunje de pop y electrónica con ganchos tan radiantes como FASHIONISTA. La diversión hecha música: Japón nunca estuvo tan cerca de nuestros oídos.

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41. Little Simz – Grey Area

Little Simz, rapera londinense de orígenes nigerianos, ha cerrado una década en la música con su mejor álbum hasta la fecha. Después de cosechar dos discos de éxito más comedido, GREY Area la ha encumbrado como una de las letristas del momento en el rap anglosajón. Sobran motivos para defender su inclusión en una lista de lo mejor del año, desde nominaciones al Mercury Prize hasta una decena de temas que combinan hip hop frenético y crítico (Venom), estribillos RnB (Selfish) o una colaboración inusual y magnética con la voz de otro nombre importante de este 2019, Michael Kiwanuka (Flowers). Si nunca te ha gustado el rap, quizá la británica te haga cambiar de opinión.

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40. Metronomy – Metronomy Forever

Diecisiete temas componen este trabajo de Metronomy, su sexto en los veinte años que lleva de carrera. El proyecto de Joseph Arthur es un ambicioso despliegue de sonido, reafirmándose en la mezcla de ese funk, música de club y pop esotérico y melódico. La ya característica fusión de estilos se mantiene constante, pero quizás falten más hits inmediatos, de efectividad instantánea como los que ostentaban trabajos anteriores —Love Letters, The English Riviera—. Un disco que se disfrutará más cuanto más familiarizado se esté con el trabajo previo de la banda. Un resumen de trayectoria más que una apuesta por el cambio.

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39. MARINA – Love + Fear

Si bien es cierto que sus rimas no son lo más elocuente del panorama actual y que su instrumental mama de fuentes bastante obvias, MARINA —tras despojarse de sus “diamantes”— se ha redefinido muy dignamente y ha creado una nueva marca que la hace merecedora de tal sonido propio. De letras más comunes a otras nada esperadas bajo la etiqueta pop y gracias la premisa conceptual de este cuarto LP, el existencialismo de Love + Fear hace de él uno de sus mejores trabajos y venerado con una alta puntuación.

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38. The Racounteurs – Help Us, Stranger

El mundo de la música es un mundo de idas y venidas, algunos grupos aparecen, otros desaparecen y al cabo de unos años vuelven, un mundo en el que no se sabe lo que deparará el mañana. Si hay alguien que sabe lo que esto significa, ese es Jack White. Su último disco bajo el nombre de The Racconteurs se erige como una de las más grandes machadas de este año, sin lugar a dudas, y, también, sin lugar a dudas, eleva la figura del multiinstrumentista de Detroit al máximo exponente de la historia de la música, seguro que con un amplio abanico aún por mostrar.

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37. Julia Jacklin – Crushing

Escrito durante el tiempo que Julia Jacklin pasó en la carretera presentando su debut –Don’t Let The Kids Win–, el segundo trabajo de la cantante australiana, Crushing, llega tres años más tarde para explorar, con inteligencia y sin caer en tópicos ni melancolía innecesaria, la desintegración de una relación amorosa –la suya propia–, desde la perspectiva del que deja. Entre diálogos y monólogos se desarrolla este trabajo, muestra de que Jacklin no solo es un portento vocal, sino que brilla contando historias. Una suculenta y personalísima contribución al reciente resurgir del regusto country en el indie anglosajón.

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36. Temples – Hot Motion

Lo que Temples saben hacer, lo hacen bien, y Hot Motion es prueba de ello. No se puede negar que los británicos saben pulsar las cuerdas para construir hits a base de psicodelia, y en esta ocasión han corregido el sobre sintetizado sonido de su anterior Volcano para devolver la voz cantante a las guitarras, principal instrumento generador de melodías. Aunque destacan temas como Hot Motion o You’re Either On Something, melodías y ritmos parecen beber, por lo general, de lugares comunes en su propia discografía y el indie psicodélico de los últimos años.

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35. Big Thief – Two Hands

Crudo, terrenal, desgarrado. La cara oscura de aquella luna flotante, etérea que fuera U.F.O.F. tan sólo meses antes. La voz de Adrianne Lenker desborda entre suculentas melodías alt-country, con momentos tan desgarradores como Not, canción ya esencial en su discografía. Exorcizante y catárquico, el álbum incluye referencias al llanto, a la sangre, al sudor. Encuentra la belleza en lo turbulento, y Lenker aterriza más humana que nunca, entre un sonido menos experimental que en su hermano gemelo, y más cercano al folk-rock convencional.

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34. Mini Mansions – Guy Walks in a Bar…

Mini Mansions nos sorprendieron en 2019 con un tercer disco de estudio con el que se consolidan como uno de los grupos estrella del panorama indie. Su mezcla de estilos y sus pegadizos ritmos han hecho de su Guy Walks Into A Bar… un disco con grandes temas convertidos ya en auténticos himnos, como su famoso Forgot Your Name que hasta Kevin Parker de Tame Impala ha remezclado. Sin duda, este tercer álbum es un puto de consolidación para el grupo.

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33. The Lumineers – III

Se agradece que un mundo dominado por el consumo rápido una banda “mainstream” vuelva a plantearse su último trabajo como una obra conceptual a la antigua usanza. III es un proyecto dividido en tres partes, con una línea argumental muy clara definida por el propio grupo como “cinematográfica”. La trama es bastante sencilla pues resume la vida de tres miembros de la familia Sparks, un reflejo ficticio de gente cercana al vocalista principal del conjunto, Wesley Schultz.

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32. Chromatics – Closer To Grey

Siete años después de su último lanzamiento, el trio de Los Ángeles publicaron un álbum sorpresa (y no, no era el que habían anunciado anteriormente, Dear Tommy, y que aún no ha salido). Chromatics han creado una colección buenos temas; seguramente los más pulidos de todo lo que se ha escuchado este año. Una perfecta cápsula synth en el que meterte y escabullirte del siglo XXI. Cada canción parece un capítulo dramático en el que el oyente actúa como el espectador activo de la narración. Activad el reproductor y dejaos llevar por las carreteras misteriosas de Chromatics: empieza con una versión sorprendente, y escalofriante, de The Sound of Silence.

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31. Floating Points – Crush

Todo lo que hace Sam Shepherd bajo el nombre de Floating Points es digno de varias escuchas, estudios y admiración. Pero Crush, su último disco, se sitúa directamente en el top de su discografía. Una pieza magnífica de electrónica que hace mover el cuerpo y conecta con la mente. Las bases clásicas de la electrónica se unen con cuerdas y viento para crear un álbum musical lleno de texturas y matices. Escucharlo es un placer, uno se queda fascinado y con cada escucha no deja de descubrir más secretos y estratos debajo de aquellos que ya parecían los últimos.

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30. Cage The Elephant – Social Cues

El último trabajo de los de Kentucky nos deja a unos nuevos americanos, que se han vuelto mucho más refinados, llegando a melodías mucho más recatadas, como quizás venían anunciando en Melophobia Tell Me I’m Pretty. Unpeeled podía incluso enseñarnos un cambio, mentalmente hablando, claro. En resumidas cuentas, Social Cues resulta en un disco que parece mostrar algunos fantasmas interiores de un hombre que afronta la dura realidad con la mejor cara posible, y esto a veces no es fácil, y lo hace resultar en una convulsión densa y dificultosa.

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29. King Gizzard & The Lizard Wizard – Fishing for Fishies

El LP es una especie de musical distópico que parece haber sido compuesto por peces conscientes de su situación y de la del entorno perjudicial en el que se mueven, como consecuencia de los hábitos consumistas de un mundo globalizado que utiliza el océano como vertedero. Un álbum que demuestra que los lagartos siguen vivos en el más absoluto delirio, tal y como nos han demostrado desde siempre, y la más absoluta libertad creativa confeccionando obras heterodoxas y de psiquiátrico que logran dar la vuelta a una industria tan encorsetada.

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28. Thom Yorke – ANIMA

Thom Yorke no es Radiohead, no es, al menos, una continuación en solitario en sus obras. Anima es tremendamente difícil de definir, bonita de principio al fin (si tuviésemos que quedarnos con dos canciones sería Not The News y el cierre Runwayaway y posiblemente estaríamos haciendo poca justicia al resto). Posiblemente hay más puntos en común con la BSO de Suspiria que con Tomorrow’s Modern Boxes, su segundo trabajo en solitario, pero no deja de ser una exposición de temas pendientes de Thom Yorke que han salido a la luz. Pueden gustar o no, irremediablemente pueden compararse con discos de Radiohead, pero sigue siendo una apuesta valiente.

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27. Aldous Harding – Designer

Aldous Harding ha querido resguardarse en el papel de una “diseñadora” que teje unos arreglos musicales alegres y de calado hondo, pero que a la hora de mostrar su yo interno prefiere esconderse en lo absurdo, histriónico e incomprensible. El resultado no deja de ser un gratificante disfraz para los oídos. Las dos bossa novas (la homónima y Weight Of The Planets), la espiritual Heaven Is Empty, el alborozo elevado por los coros de Treasure o el sosiego marcado por el cierre a pleno pulmón de Damn forman un puñado de cortes magníficos.

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26. Charli XCX – Charli

Charli es lo mejor publicado por ella hasta la fecha y su vanguardismo crea una montaña rusa en el tracklist digna de destripar. El álbum es irresistiblemente bailable, aún con su variedad de estilos, y a más de uno sorprenderá, además, por su uso del autotune. Sí, ese efecto archiconocido que hizo famosa al Believe de Cher y que comúnmente se atribuye a quien no sabe cantar. En ese caso es parte del disco, un modulador más en la cadena que imprime carácter y una distinción propia a Aitchison quien, si bien ha demostrado en estudio y directo que no necesita de ayudas vocales, se ha aferrado a él cual recurso imprescindible para el sonido que quiere dar en su nuevo trabajo.

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25. Solange – When I Get Home

En 2016, la hermana pequeña de Beyoncé, dio el salto creativo y comercial con A Seat At The Table. Tres años después de aquel álbum, Solange Knowles vuelve a experimentar con el R&B, el soul, el jazz, el funk y el pop en otro disco trascendente en su trayectoria. When I Get Home sobresale como una segunda parte de su anterior referencia gracias a la continuidad existente en las portadas y el sonido que impregna las dos obras. La lista de colaboraciones es tan extensa y estelar que conviene no hacerle demasiado caso, puesto que Solange sabe hacer suya cada pieza en un LP homogéneo y conexo, que sirve para homenajear a la escena de hip hop de Houston y a las mujeres afroamericanas del área donde creció.

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24. black midi – Schlagenheim

Señalados como una de las bandas más prometedoras de la escena británica actual, este jovencísimo cuarteto londinense publicó su debut Schlagenheim después de bastante tiempo compartiendo grabaciones en su página de SoundCloud. Atmósferas hardcore, progresivas, locas, agresivas, que atragantan elementos —loops, distorsiones, punteos minimalistas, voces delirantes— que desafían las etiquetas y parecen acompañar la fatal trayectoria del planeta en el siglo XXI. Una disco al que acudir sin expectativas, para dejar que toda la crudeza de la experiencia te atrape.

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23. Brittany Howard – Jaime

Cuando un miembro de un grupo de culto saca un disco en solitario, nunca sabes como puede ser el resultado. En este caso, Brittany Howard, voz inconfundible de Alabama Shakes, ha demostrado que de talento le sobra, que gran parte de la magia detrás de su grupo es ella y ha creado su primer álbum en solitario, Jaime, que es una auténtica joya. Su voz, el auténtico protagonista e instrumento de sus temas, llega aún a rincones más inesperados y sorprendentes. Su creatividad ha llevado a sus composiciones a terrenos más lejanos de los que visitaba normalmente con Alabama Shakes, como el R&B, el hip-hop o el funk. Un brillante álbum de una de las voces más impresionantes de esta generación.

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22. Tool – Fear Inoculum

¿Cuántos años hacen falta para llegar a este nivel? Toda una vida y las vidas anteriores. Deconstruyeron el metal, el rock, la música progresiva y la tradición rítmica más espectacular conocida. Jugaron con lo viejo y lo nuevo. Crearon microcosmos en lugar de hits sobre los que disponer y quitar elementos, en los que cambiar quién guía y quién acompaña hasta llegar a una creación atemporal que nos sitúa en 1996, 2001, 2006, 2019 o 2030. Nos han sumergido y suenan las olas. Eso que lleva ahí desde que el planeta es planeta.

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21. Liam Gallagher – Why me? Why not?

No sé si a estas alturas alguien espera que las carreras en solitario de los hermanos Gallagher alcancen la plenitud de su antigua etapa como grupo, pero estamos bastante lejos de que eso ocurra. Con este segundo disco Liam se afianza, y es que su nuevo disco no es una obra maestra, ni tampoco es un disco que pueda sobresalir, pero es un buen disco con algunas canciones destacables. Un trabajo al que hay que darle más de una escucha para dejar un poco de lado lo que pudo haber sido y no fue para centrarnos en el presente. 

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20. Michael Kiwanuka – KIWANUKA

El último trabajo del músico londinense es quizá el más arriesgado hasta la fecha pero desquitándose de la presión añadida, ha facturado un disco de enorme calidad. En él se despoja del clasicismo que podíamos encontrar en sus dos primeros álbumes y aúna en esta nueva colección de canciones un amalgama de sonidos e influencias que, lejos de desentonar, forman un conjunto coherente y contemporáneo. KIWANUKA es una obra atmosférica, repleta de texturas y matices que visten las canciones de su autor de un halo de modernidad, sin dejar de lado ese ambiente retro que recorre todo el disco y al que nos tenía acostumbrados el propio artista. Un trabajo denso, complejo y sin potenciales hits, lo que hace que se precise una escucha paciente y continuada, donde la música irá calando poco a poco en el oyente hasta atraparle por completo.

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19. The Black Keys – Let’s Rock

La revisión del rock de raíces de The Black Keys hace tiempo que dejó de ser una mera propuesta retro y pasó a ser un lugar desde donde partir para la construcción de canciones. Con este Let’s Rock, su propuesta abunda en matices y texturas para alejarse de las guitarras afiladas como leit motiv y acercarse al westcoast y al AOR como demuestra la estrofa de Shine a Light, el tema con el que abren, al blues inglés de John Mayall y sus bluesbreakers, como en Every Little Thing o al soul rock de finales de los 60 de unos Free bañados en T. Rex en esos guitarrazos a contratiempo de Walk Across the Water. En definitiva, Let’s Rock es una excelente ampliación del espectro sonoro de The Black Keys que sirve para construir estupendas canciones en pleno 2019.

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18. Bring Me The Horizon – amo

Si bien los británicos ya no suenan como hace 10 años, esta evolución nos ha dejado un gran disco en el que gracias a su innovación, y a deshacerse de las etiquetas que siempre los han acompañado, han alcanzado un trabajo ecléctico con grandes temas que se han ganado la aprobación de crítica y fans. Entre los temas estrellas del disco destacan MANTRA o su potente colaboración con Grimes en la canción Nihilist Blues

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17. Coldplay – Everyday Life

El octavo trabajo de Coldplay viene más cargado de luces y sombras que nunca. Dieciséis pistas en un doble álbum más corto que sus anteriores X&Y (2005) y A Rush Of Blood To The Head (2002) bajo el título Everyday Life. Poco más de cincuenta minutos de ideas experimentales, ganchos pop, sonidos de su pasado y mucha emoción. Sentimientos que han sido considerados como superficiales por algunos y sinceros por otros. La variedad está asegurada en este trabajo, como en la vida cotidiana en realidad, y, a diferencia de trabajos anteriores, la apuesta es de las más arriesgadas en toda su carrera. Es difícil afrontar nuevos retos cuando llenas estadios con una fórmula que parece que funciona con cada nuevo LP.

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16. James Blake – Assume Form

Casi una década tras su largo debut, James Blake presenta a principios de año su cuarto álbum de estudio dando un giro a su producción y abriendo sus letras hacia una protagonista, Jameela Jamil. La pareja de Blake es el pilar sobre el que gira este Assume Form y la docena de pistas que componen su trama. Una historia apoyada en una producción alejada del intimismo británico que caracterizaba al etiquetado “niño triste”. El artista ha roto el cascarón y al fin se ha mostrado en portada revelando el proceso de deconstrucción que se le venía encima mientras componía el trabajo, y en el que ha decidido dar un punto de más de su voz en crudo y mermar ligeramente los efectos vocales a los que tenía acostumbrados.

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15. Deerhunter – Why Hasn’t Everything Already Disappeared?

Los de Atlanta cierran la década con un disco a la altura de aquel que presentaran en el septiembre de hace nueve años, Halcyon Digest. Es probable que nunca consigan la fama o los números que deberían, pero así es la historia de la música. Sin embargo, aquellos que les hayan dedicado el tiempo que se merecen sabrán que ellos son uno de los motivos por los que no todo ha desaparecido, todavía.

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14. Bon Iver – i,i

i,i’ contiene todos los elementos que lo hacen ser fruto directo de Bon Iver. El barítono fluctúa su voz como un ingrediente más de sus hipnóticos temas. Electrónica, ingeniería digital e instrumentos acústicos empastan perfectamente a lo largo de los tracks dando un inicio y final sin pérdida de calidad. Un filtro, fruto de la experiencia, ha sacado a la luz la mejor combinación posible dando texturas más problemáticas en los extremos y una cohesión más corriente a mitad de lista. Hay ambición y experimentación, pero también mesura para no caer en la improvisación fácil y el resultado aleatorio de primer intento. Los nuevos lanzamientos de Vernon siempre son poco evidentes y parecen, de primeras, collages cargados de parches y remiendos mas es en su interior cuando todo va cobrado sentido y, si te atrapan, ansías nuevo material cual niño chico a punto de llegar la Navidad.

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13. Lana del Rey – Norman Fucking Rockwell

Introspectivo. Político. Donde hacen acto de presencia muchos nombres de la cultura americana. Con momentos de experimentación en el sonido más característico de Lana Del Rey (llegando a veces al folk en casos como Mariners apartment complex). Y reminiscencias surferas. Un exitoso intento de la norteamericana de volver a estar en el punto de mira de la calidad y nivel esperados de ella, que habían bajado un poco tras el disco anterior, Lust For Life.

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12. Holly Herndon – PROTO

Holly Herndon quiere ir siempre más allá, intentar llevar la fusión de música y tecnología allí dónde pocos han llegado. Y lo consigue. Su tercer álbum, es el mejor de su carrera hasta la fecha, y lo ha hecho jugando con los contrastes, encontrando la calidez en el metal, la harmonia en la disonancia, la humanidad en la inteligencia artificial. PROTO es un diálogo de la tecnología, el futuro, la comunidad, la humanidad. El (magnífico) coro que acompaña a la artista es el complemento perfecto de las producciones experimentales que crea siempre con su ordenador: Holly Herndon consigue pasar el test de Touring y crea el perfecto replicante que supera en humanidad al mismo ser humano.

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11. Foals – Everything not saved will be lost part 1

En un momento en el que, para muchos, las guitarras ya no tienen sentido, bandas como Foals demuestran que, tal y como pasaba a principios de los ’80, una banda de rock convencional puede combinar su sonido con sintetizadores e integrarlos como un instrumento más. Este complejo trabajo podrá recordar a Tears For Fears o Philip Glass a algunos oyentes, pero lo realmente destacable es la brillante combinación de todo lo aprendido durante una carrera y la buena capacidad de fusión que han conseguido. Foals ha sobrevivido a la experimentación y a la autoproducción.

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10. Billie Eilish – When We All Fall Asleep, Where Do We Go?

La apuesta es valiente y firme, con carácter propio y una determinación bastante inesperada. Destacan aquellos momentos dedicados a la habilidad vocal de la cantante y pistas arriesgadas que aportan buenos contrastes. No obstante, su buena muestra de talento queda mermada entre temas que parecen bastante similares y con demasiada superficialidad instrumental, excepciones mencionadas aparte.

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9. Weyes Blood – Titanic Rising

Un disco importante en la aun joven trayectoria de Natalie Mering que te mece en coros y melodías pasmosas e intangibles así como envolventes, y que además esconde el objetivo de definir al ser humano que siempre se tropieza dos veces con la misma piedra. Desde su apertura, con A lot’s gonna change, ya te sitúa en un punto de no retorno y te invita a valorar el carácter necesario de todo lo que pasa. Un álbum coherente y claro en cada minuto, que transmite con suma viveza lo que la portada del disco, diseñada por ella misma, recoge en una fotografía; como si una gramola con el vinilo girando hubiese caído en una pecera y aun así no dejase de sonar;  es decir, todo va mal pero aun así puede seguir funcionando, y su álbum no es óbice para ello, pero sí que retrata toda la animadversión del que ha descubierto que su forma de vida estaba siendo mantenida por mentiras nocivas.

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8. Big Thief – U.F.O.F.

Big Thief han edificado una particular y personal obra que, si bien se sostiene en torno a la figura de Adrianne Lenker, realmente supone el primer trabajo en el que la banda suena sobria y madura. Las estructuras y melodías interpretadas por el cuarteto se acercan más al folk y al country, con un deje psicodélico marcado por las guitarras acústicas. Hay espacio también para la electricidad y la experimentación, esta última adornando con detalles el fondo de los temas y que requieren de una mayor atención. […] Lenker ha creado a lo largo de esta década una de las auras más especiales y carismáticas del alt rock contemporáneo. Con su personal, poética y reivindicativa forma de escribir e interpretar canciones ha elevado la banda Big Thief en apenas cuatro años de existencia. Precisamente, su forma de narrar historias y emocionante interpretación es uno de los puntos fuertes del trabajo; la forma de cantar “screaming sound” pone los pelos de punta.

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7. Angel Olsen – All Mirrors

El cuarto trabajo de la cantante de Missouri, Angel Olsen es, sin duda, su disco más arriesgado hasta la fecha. De un indie-folk a un goth-pop aclamado por muchos como su tercera obra maestra y por otros tantos como un paso en falso hacia algo que desentona sin saber por qué. Y es que algo que caracteriza al All Mirrors de Olsen es su producción, una recargada instrumentación que gana con las escuchas y contribuye a aportar nuevas capas y matices al todopoderoso potencial expresivo de su voz.

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6. Nick Cave & The Bad Seeds – Ghosteen

El decimoséptimo álbum de estudio de Nick Cave & The Bad Seeds debería corresponder tan solo al autor australiano. No en vano, el disco doble de una de las bandas de referencia de los últimos 30 años es una obra conceptual en la que el músico confronta el dolor del fallecimiento de su hijo en 2015. Un tema que ya trató en su anterior trabajo (Skeleton Tree, 2016), pero que aquí toma un camino espiritual y de una belleza lacrimógena. Abre vocalmente perfecto en Spinning Song dos partes denominadas Los hijos y “Los padres” con las que cierra una trilogía de referencias que comenzó en 2013 con ‘Push The Sky Away’. La producción creada por Cave y su mano derecha Warren Ellis hace levitar un trabajo que lleva al oyente hacia la eternidad.

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5. The National – I Am Easy to Find

I Am Easy to Find titula el ya octavo álbum de la banda sin que nada haya cambiado demasiado y sin embargo todo lo hubiese hecho. “I think I know just what the feeling is”, canta Berninger acompañado de Gail Ann Dorsey en Hey Rosey y eso parece definir exactamente el ambiente del mismo. Más que cursar la autorreferencia, lo que parecen hacer los de Ohio con este título es abrir la veda a nuevos diálogos sobre los mismos sentimientos, unos en los que por fin hay una respuesta.

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4. FKA twigs – MAGDALENE

MAGDALENE es un álbum de carácter muy personal y emotivo, pero a su vez cuenta con un mensaje global y reivindicativo para con las mujeres. El reducido riesgo y la idealización del amor como la búsqueda de la perfección romántica coinciden en una obra de carácter reparador, que confirma las buenas condiciones compositivas y vocales de FKA twigs en un marco actual y transgresor. Su voz toma un mayor protagonismo que en anteriores obras de la intérprete, denotándose especialmente en temas de producción hecha como mero acompañamiento. El plano instrumental y de base sigue una tendencia similar a lo que venía haciendo anteriormente, experimentando desde lo industrial y el trip hop con arreglos delicados y orgánicos. El resultado esta vez es menos arriesgado y denota una mayor accesibilidad, especialmente en su acercamiento a los sonidos “urban” —la elección de “holy terrain” como single así lo prueba—. A pesar de ello, se agradece que en el ambiente quejumbroso y sombrío que recorre el largo cobre peso lo minimalista, como en la apertura a cappella de “thousand eyes” y el hermetismo cinemático de “daybed”.

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3. Foals – Everything Not Saved Will Be Lost Part 2

Con audacia han encarado la aventura de un disco que, no siendo conceptual al uso, se presenta como temático y con una idea narrativa muy clara. Que las veinte pistas forman un todo es evidente y por ello no hace que ninguna decena destaque sobre la otra. […] Acotar su obra ha vuelto a ser una virtud y tanto el comienzo como la odisea de cierre así lo demuestran. Que entre guitarras limpias haya caña y distorsión cruda combinada vuelve a ser un acierto. Esta segunda mitad es, sin duda, una buena conclusión para su apuesta más aventurera, cargada de realidad social como pie a su ficción y concebida con adrenalina y pasión en un mundo en el que el single impera y una hora y media de proyecto musical atemoriza.

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2. Sharon Van Etten – Remind Me Tomorrow

Un trabajo metamórfico, resultante de los cambios vitales que ha sufrido Sharon Van Etten en los últimos cuatro años. Desde que en 2014 publicara Are We There, han cambiado muchas cosas para la artista: probó suerte con el mundo de la interpretación, colaboró con David Lynch (fue una de las atípicas intérpretes del Roadhouse de Twin Peaks: The Return), se graduó en psicología y fue madre por primera vez. Entre medias, tuvo tiempo de componer un álbum épico construído en torno a los sonidos sintetizados y minimizando el influjo de las raíces folk que caracterizaban su sonido. Van Etten parece sumarse a todos esos folkies que ven en la electrónica una nueva forma de punzar sus sentimientos y los del resto, deconstruyendo etiquetas y géneros, sin perder del todo esa ambición de raíces.

La voz de Van Etten surca el océano de sonido en que se han convertido lo que en álbumes anteriores eran experimentos, jugueteos con los sonidos electrónicos. Tormenta y calma se dan cita en un disco cargado de contrastes pero a la vez con un sentido de completitud pasmante. Los temas destilan nostalgia ochentera, pero sin perder aquella garra rock o la voluntad acústica en secciones como el inicio de la balada Malibu. Son las canciones más portentosas, como Seventeen o Jupiter 4, las que pasarán a la posteridad dentro de este atrevido disco.

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1. Vampire Weekend – Father of the Bride

La música que ejecuta la banda estadounidense (que ya no cuenta con Rostam) puede parecer cínica, relamida, irónica y por tanto detestable; pero no es una cuestión de tendencias, la música de Vampire Weekend es necesaria y a día de hoy prácticamente única. No existen (ni han existido nunca) muchas bandas de art pop capaces de crear un concepto tan complejo y desarrollado como el de Father Of The Bride, llevándolo a cabo con atino, humor y desconcierto. Para su cuarto LP Ezra y compañía se han propuesto recolectar a modo de collage más o menos coherente, miguitas de la historia judeo-cristiana de los últimos 100 años, yuxtaponerlas con una relación amorosa y sintetizarlas a través del -esta vez sí, muy revisado- gran problema de la crisis ecológica y económica actual. Todo esto lo intentan sin renunciar a su sonido francamente inofensivo, lo que resulta por momentos indignante a la par que encantador. 

Es un álbum que sólo Vampire Weekend podrían haber hecho, un disco divertido, hermoso y de una complejidad pasmosa en la que es fácil perderse. Sólo el tiempo dirá cómo envejece, pero el mérito y el encanto de la banda de Ezra Koenig continúa prácticamente intacto.

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