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A descubrir absolutamente: Aventuras de Kirlian

Reconocidos con el tiempo como los padres oficiosos del indie español, cuando la etiqueta ni siquiera existía en nuestro país, Aventuras de Kirlian plantaron sus semillas en un contexto de tierra quemada. Entre el verano de 1985, cuando Ibon Errazkin (guitarra) y Teresa Iturrioz (bajo) echaron a andar su insólito proyecto, y 1989, año en el que dejaron testimonio de su existencia con un único mini-LP de nueve canciones y apenas quince minutos, este grupo donostiarra fue tan sólo un tesoro semioculto, una rareza finalmente abandonada a su suerte en el catálogo del ya consolidado sello DRO.

Así lo recordaba Teresa en una entrevista para la revista Rockdelux, en Noviembre de 1998: Salió (el disco) en plena explosión de grupos tipo La Coartada o La Guardia, cuando en España no había árbol donde ahorcarse”. La llamada Movida había culminado hacía tiempo su proceso de fosilización. Bajo las corrientes principales, las mejores bandas del estricto underground patrio maceraban su propuesta en rock’n’roll áspero, lacerante: nos situamos en los años que vieron nacer a grupos como Surfin’ Bichos, Cancer Moon, Los Bichos o Sex Museum; entre todos ellos, Aventuras De Kirlian brotan como una flor ciertamente extraña.

Cuando en 1986 registran sus primeras maquetas, ampliados a cuarteto con la entrada de Jone Gabarain (voz) y Peru Izeta (percusión), la banda no estaba sino comenzando a amueblar un universo único, al margen también del pop donostiarra representado en ese momento, con éxito, por bandas jóvenes como Duncan Dhu o La Dama se Esconde. Hoy solemos pensar en el legado de Aventuras de Kirlian como un reducido catálogo de canciones de trazo naif, precariamente ejecutadas y construídas sobre un andamiaje mínimo, pero sus pretensiones eran poco menos que inéditas en la España de mediados de los años 80. Poseedor de un vasto bagaje musical, a pesar de no haber superado la adolescencia,  la fórmula de Ibon Errazkin consistió básicamente en destilar, a su modo, la esencia de sus discos favoritos: Tamla Motown, chanson francesa, Vainica Doble, Young Marble Giants y Marine Girls, jazz, bossa, los primeros Talking Heads, psicodelia sixtie y la estética de las bandas afiliadas a sellos británicos como Cherry Red o Creation. En sus propias palabras: En el 87 éramos los fans número uno de Primal Scream, aunque Sarah Records nos importaba muy poco. Oíamos soul, dance, y de aquí nos gustaban Los Coyotes”.

Cierto: Aventuras de Kirlian no suenan exactamente como la mayoría de referencias que acabamos de citar, sino más bien como su versión bisoña y de dormitorio. En 86-88, el inventario de maquetas que Elefant publicó en 2001, podemos escuchar al grupo en su estado más puro: apenas esbozadas, las canciones son breves ideas que nunca alcanzan  el minuto y medio, tan livianas y precarias que parecen a punto de venirse abajo en cualquier momento. Y sin embargo, el conjunto no sólo sobrevive a esa primitiva percusión como de caja de galletas, a la extrema indolencia interpretativa de Jone y a la temblorosa ejecución instrumental, sino que despliega un inefable poder de seducción. O, visto de otra forma, son precisamente esa espontaneidad y pureza radicales las que confieren una cualidad magnética y pegajosa al “repertorio” de los primeros Kirlian.

Así debió de entenderlo Alejo Alberdi, ex–Derribos Arias, que en el verano de 1988 asiste a uno de sus conciertos guipuzcoanos y reconoce de inmediato el potencial de sus canciones, aún forzosamente torpedeadas por la impericia del grupo. Será Alberdi quien ejerza de puente entre la banda y DRO, seleccionando y produciendo los nueve temas que irán a parar, finalmente, a su único mini-LP.

Es interesante escuchar Aventuras de Kirlian (DRO, 1989), en comparación con las deslavazadas demos publicadas por Elefant, para apreciar el gran trabajo de concreción y lustre realizado por Alejo Alberdi. No hay voluntad de interferencia: lo que escuchamos aquí es lo mismo que había allí, pero el resultado es un ejercicio de pop tan modesto como sofisticado y plenamente disfrutable. El disco de unos adolescentes encantadoramente inexpertos recreando con total frescura su música favorita. Y con momentos de gran inventiva. Un ejemplo: el groove psicodélico de la marciana Victor, con ese efecto de sitar que recorre toda la canción, no es sino el producto de…unas tijeras deslizándose por la guitarra a modo de improvisado slide. Un día gris es Motown de bolsillo, blanca y reducida a su mínima expresión. Pez Luna sitúa en el mismo plano a Vainica Doble, uno de los grandes faros del grupo, y al pop ultra-esquemático de Young Marble Giants. La cantidad de soluciones imaginativas que se amontonan en la grabación es, en definitiva, considerable, si tenemos en cuenta la aparente parquedad del resultado. Ibon lo resumía así en una entrevista para la desaparecida revista Spiral, en marzo de 1996: Tienes que servirte de las cosas que conoces, pero tienes que eliminar. Eliminar es una palabra muy importante”.

Puesto en circulación con una bonita portada del entonces debutante Javier Aramburu (inspirada en la estética del sello Factory), con nula promoción y eco inmediato, el recorrido del disco fue tan breve como su minutaje. Sencillamente, no parecía vislumbrarse un mercado en el que encajarlo. Pongámonos en situación: faltaban todavía tres años para que la seminal gira Noise Pop Tour, con su cartel compuesto por Usura, El Regalo De Silvia, Bach Is Dead y Penelope Trip, activase el boom del pop independiente en España, con el correspondiente desarrollo de una infraestructura de promoción, comunicación y distribución mínimamente estable en nuestro país. En cualquier caso, Aventuras de Kirlian ni siquiera hubiesen tenido la oportunidad de destacar en ese contexto: frente a la adopción del inglés y el mimetismo noise-rock como señas de identidad de esa primera ola, el sofisticado y minimalista crisol de influencias pop clásicas de los donostiarras (que por otra parte se expresaban en castellano) seguiría condenado a los márgenes.

El caso es que Aventuras De Kirlian se diluyeron ante la misma indiferencia general con la que plantaron su semilla, transformándose casi de inmediato en un nuevo proyecto: Le Mans (1993 -1998). Idéntica formación, aunque ampliada con el también donostiarra Gorka Ochoa a la percusión, desplazando así a Peru Izeta a las labores de segundo guitarrista. Cada vez más adultos, más ácidos, más densos, a medida que su música iba filtrando influencias cada vez más alejadas de las coordenadas del pop anglosajón, Teresa e Ibon acentuaban también la distancia con respecto a sus coetáneos. No nos engañemos: tanto Aventuras de Kirlian como Le Mans operaron siempre al margen de los preceptos estéticos de la mayoría de grupos indies españoles de su generación, por mucho que las crónicas terminasen por otorgarles un intenso papel catalizador que pocas veces llegó a hacerse efectivo. Y cuando lo ejercieron, fue a través de sus rasgos más epidérmicos: el obstinado interés de sus letras por capturar los estados de ánimo y la cotidianeidad de un cierto tipo de juventud de clase media (pija y puritana, según sus detractores), la extrema neutralidad como cantante de Jone, el trazo acústico de sus discos. Raramente se llegó a capitalizar el riquísimo background  musical que Aventuras de Kirlian, primero, y Le Mans, después, atesoraban tras su máxima de “menos es más”, por lo que su influencia no siempre tuvo las consecuencias deseadas: ante todo, abrieron la puerta a una corriente demasiado grande de jóvenes adultos registrando música tan inane y timorata que terminaron por convertirlo todo en un chiste malo.

Tanto Ibon como Teresa siempre depuraron responsabilidades. Alérgicos al gregarismo, ni siquiera llegaron a aceptar nunca su contribución a la hora de dar forma a lo que un día se denominó como “sonido Donosti”, uno de los primeros focos reconocidos en la historia del indie en España. Fanzine Mondo Brutto, otoño de 1995, habla Teresa: Ibon diría que `El Donosti Sound es una escena que cabe en dos mesas´ ¡Si somos todos los mismos! Es una mentira, en San Sebastián hay un montón de grupos que no tienen nada que ver con lo que se supone que es el Donosti Sound y además, ese nombre, ¡me parece espantoso! Porque ¿quiénes somos El Donosti Sound? Le Mans, La Buena Vida, El Joven Bryan Superstar, Daily Planet y Family. O sea, grupos de San Sebastián que hacen como pop blando, que no distorsionan especialmente, que no es rock, que es pop. Somos todos los mismos, conozco a esos grupos de cerca, y pensar que eso es el Donosti Sound es una risa”.

Para terminar, os dejamos escuchar su Aventuras de Kirlian:

 

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