Listas CrazyMinds: Canciones folk para corazones rotos

Playlist Listas CrazyMinds: Canciones folk para corazones rotos

Era octubre de 2018. Sentado en el autobús, escogí una playlist folk para amainar la rutina y acompañarme, un día más, en mi vuelta del trabajo a casa. Varias canciones se sucedieron hasta que comenzase a sonar en mis cascos Dark Bird Is Home, de The Tallest Man On Earth. Siempre logra cautivarme la desbordante honestidad de este tema –sobre el divorcio del cantante–, que alcanza la culminación con ese “Oh, fuck” que se escapa entre suspiros a Kristian Matsson y se sumerge entre el polifónico desenlace del tema.

Matsson finaliza, y el aleatorio del móvil hace magia para traer a mis oídos el timbre vocal de Joan Baez en Diamonds and Rust. La melancolía insuflada en mí por la anterior canción, vira ahora hacia el recuerdo.“We both know what diamonds can bring / They bring diamonds and rust”, recita Baez, y sus palabras me hunden en un nostálgico trance. Reabren heridas. Traen fantasmas del pasado. Pero de repente, una voz me despierta: “I cured my skin, now nothing gets in / Nothing not as hard as it tries”.

Es Laura Marling, que dispara esta letra desde su álbum Once I Was an Eagle. Un trabajo maduro y arrollador, en que la joven británica renacía de sus propias cenizas en 2014, haciendo gala de una garra y un coraje envidiables. Sus palabras me determinan; me llevan hacia una nueva actitud: me bajo del autobús pletórico y confiado.

Laura Marling en el videoclip de ‘Master Hunter’.

San Valentín para corazones rotos

“Coge tu corazón roto y conviértelo en arte”, dijo en una ocasión la actriz Carrie Fisher a Meryl Streep, según esta contó en 2017 en los Globos de Oro. Recoge tus fragmentos después de un bache y haz de ellos algo positivo. Canaliza tu dolor. “Saca fuerzas de flaqueza”; “haz de tripas corazón”. Aprovecha tu sensibilidad artística para enfrentar tus emociones a través de un proceso de catarsis creativa.

¿Y qué pasa si no no eres artista? Pues empápate del arte de otros. Lee, mira películas, cuadros, fotografías. Siente la catarsis. Escucha música, haz una playlist. Como la que te traemos en CrazyMinds, hoy, día 14 de febrero, por San Valentín. Treinta y tres canciones que desfilan por una ruptura amorosa: desde la negación, hasta la aceptación y reconciliación con uno mismo, pasando por la rabia o la tristeza.

Pero, querido lector, esta no pretende ser una oda a la tristeza, ni al desamor. Sino que busca partir de estas emociones para encontrar la paz en la música y hallar un refugio en letras y melodías que demuestran que siempre hay hueco para la belleza y la inspiración.

En la playlist se dan cita álbumes de ruptura icónicosBlood On The Tracks, de Bob Dylan; Blue, de Joni Mitchell; Phases And Stages, de Willie Nelson–  y otros más recientes Ruins, de First Aid Kit; By The Way, I Forgive You, de Brandi Carlille; Muchacho, de Phosphorescent–. Aparecen artistas veteranos –Joan Baez, Neil Young, Elliott Smith, Sinnead O’Conor–, entremezclados con nuevos nombres como Wild Pink, Marika Hackman, Tinpan Orange,  Marlon Williams o Boygenius.

Y si bien predomina la crudeza de la voz contra la cuerda, también hay hueco para un folk-rock más eléctrico y los nuevos derroteros practicados por artistas como The War On Drugs, Ben Howard o Justin Vernon, empeñados por experimentar con sus sonidos en los últimos años.

De la negación a la aceptación

Heartleap, de la cantautora británica Vashti Bunyan, sirve como preámbulo a esta playlist con su particular repaso del ciclo que va desde el amor a la ruptura, y vuelta a empezar. En esta especie de nana dulce, Bunyan nos guía, mientras rasga guitarra y piano, por un juego de palabras –reales e inventadas– a partir de las raíces léxicas de “corazón” (“heart”) y “cabeza” (“head”).

Tras esta retahíla de expresiones, la lista da comienzo con la incredulidad de Beck en su álbum Sea Change, con el tema It’s  All In Your Mind,donde el cantante se muestra escéptico y se repite a sí mismo -o al interlocutor, según se vea-: “está todo en tu mente”.

Poco a poco, sin embargo, la negación deriva hacia diversos caminos, como la amarga sinceridad que Sam Bean, de Iron & Wine, escupe en Bitter Truth: “Some call it talking blues / Some call it bitter truth/ Some call it getting even in a song”. Folk cálido, honesto y maduro, que brilla con luz propia.

“Te lo di todo”, grita al aire Marcus Mumford en I Gave You All, uno de los temas más conocidos de su debut con banda en 2010. El cantante se desvive en este himno al desamor, donde reprocha todo a su antigua pareja, primero desde un sonido más íntimo y acústico, para elevarse poco a poco hacia lo más alto, rodeado de la polifonía folk de su banda. También de reproches está cargada la visceral versión de Queen of Denmark, de Sinead O’Connor, sobre un tema original de John Grant: Why don’t you take it out on somebody else? / Why don’t you bore the shit out of somebody else? / Why don’t you tell somebody else that they’re selfish / A weakling, coward, a pathetic fraud?, interpela con rabia la irlandesa a su interlocutor.

Pero la ira, también, deja paso a otras emociones como la nostalgia, la confusión, el titubeo que aparecen en canciones de Angel Olsen, Sharon Van Etten, Lucy Dacus o Joni Mitchell: “You taste so bitter / And so sweet oh / I could drink a case of you darling”, se reconcome por dentro la cantante canadiense en A Case Of You.

La tristeza tampoco tarda en llegar, con temas tan bellos como desgarradores de The Tallest Man On Earth, Neil Young, Aldous Harding, Boygenius, Fionn Regan, Bob Dylan o The War On Drugs, entre otros, cada uno afrontando sus sentimientos, recogiendo sus pedazos a través de una delivery sonora propia.

Algunos, como Elliot Smith, se centran en el dolor. Su No Name #3 es precioso en su sencillez acústica. Guitarra en mano y una voz rasgada que repite: “Killing time won’t stop this crying / Killing time won’t stop this crying / Killing time won’t stop this crying”. El artista norteamericano parece resarcirse en el dolor, perdido en trance, en el recuerdo, y pone los pelos de punta.

Pero la melancolía cristaliza de múltiples maneras, como demuestra también la sublime Nobody Gets What They Want Anymore, tema del último álbum de Marlon Williams y que cuenta con la colaboración de Aldous Harding. Las voces empastan a la perfección, arropadas primero por la cuerda para luego pasar a una producción más compleja e instrumentada. La letra, que muestra a un joven resignado, se siente también lúcida y fresca, gestada entre magistrales sinfonías. Y remata con un suculento monólogo, que en cierta medida, parece un intento de clausurar el proceso emocional que Williams aborda en su álbum –la ruptura– .

Y es que, en determinado momento, el dolor ha de dejar paso a la catarsis. La culpa, la pena o la nostalgia comienzan a desaparecer. Temas como Terror In The Canyons, de Phosphorescent, muestran también una segunda cara del dolor y abren terreno hacia la luz, hacia la aceptación: “Oh but now you’re telling me my heart’s sick / And I’m telling you I know / And you’re telling me you’re leaving / And I’m telling you to go“.

Una nueva etapa –ya la recta final de este viaje– en la que se impone un mantra: “It might be over soon”, que se repite ad infinitum en 22 (OVER S∞∞N), de Bon Iver. No por nada fue esta frase la que, en bucle, sirvió a Justin Vernon como catarsis durante un desafortunado viaje en el que trataba de encontrarse a sí mismo y afrontar una ruptura amorosa si bien, al final, se dio cuenta que el problema “siempre” es él, quien tiene que aprender a “poner su mierda en orden”, afirmaba en una entrevista a The Guardian.

Justin Vernon retratado en el estudio por el fotógrafo Cameron Wittig.

La frase, que en español reza “Esto se acabará pronto”, rompe brevemente con la tónica acústica de la playlist para introducirnos en la recta final de este trayecto emocional. Una licencia que se escapa del folk tradicional hacia sus derroteros más electrónicos y permite llegar hacia una de sus etapas más bellas: la calma después de la tormenta.

Aquí, algunos artistas ponderan, a modo costumbrista, acerca de las pequeñas cosas de la vida –What The Moon Does, de Ben Howard–, mientras que otros reflexionan sobre el perdón –After  All  These  Years, de Brandi Carlile–, renacen, como en primavera –Love Of An Orchestra, de Noah And The Whale–, se muestran determinados por una nueva vida –It’s A Shame, de First Aid Kit– o fuertes y curtidos, como en I Am A Rock, de Simon & Garfunkel o Master Hunter, de Laura Marling, que remata:

“I am a master hunter,
I cured my skin,
Now nothing gets in,
Nothing not as hard as it tries”