London Calling: Will Butler, canciones a golpe de titular

El lunes 23 de Febrero, mientras los restos de la Troika se preparaban para apretar la última tuerca de la maltrecha economía griega, el gobierno del recién elegido primer ministro Tsipras estiraba sus piernas sobre el abultado escritorio. Puede que en la moderna Europa de Alemania y Francia, del Eurogrupo y los índices bursátiles actualizados cada cinco segundos, los oficinas permanecieran abiertas hasta bien entrada la tarde; sin embargo, en Grecia, aquel país que alumbró el germen de toda la cultura occidental, los comercios permanecían sellados desde el mediodía del viernes. Los griegos, refugiados en los bares y las casas, habían bajado el telón, colgado del cartel de “vuelva usted mañana”, olvidando por unos días el vaivén del día a día. Aquel lunes, mientras las cajas registradoras de la vieja Europa esperaban el dinero llegado desde Atenas, los griegos se acomodaban en sus sofás, aprovechaban ese día extra de fin de semana que les daba la festividad del Lunes de Ceniza, la fecha en la que comienza oficialmente la cuaresma. Un detalle menor como una fiesta local paralizando por completo la maquinaria de guerra económica de todo un continente. Para que luego digan que Europa no respeta las costumbres del sur.

La ironía resonó en medio mundo. O al menos en la mitad todavía interesada en los laberintos de una política desgastada, de una actualidad indiferente para la mayoría de una Europa desencantada. The Guardian, el diario británico, le dedicaba un especial con actualizaciones en directo. Will Butler, el miembro de los canadienses Arcade Fire, seguía el curso de los hechos desde el otro lado del Atlántico a través de la página del periódico inglés. Y, como quien tiene de antemano una opinión marcada sobre el asunto, unos buenos y unos malos, cogía su guitarra y componía una canción a raíz de la noticia. “You think you’re headed for the cross / But take your robe off / take out the thorns / It’s just about some money lost” canta el artista. El resultado final terminaría titulándose Clean Monday, primera de una serie de cinco canciones que Butler se comprometía a componer basándose en noticias publicadas en la web de The Guardian.

A la mañana siguiente el experimento siguió su curso y Butler ponía el ojo en los titulares de una Ucrania resucitando los fantasmas soviéticos, mientras en Sudáfrica los últimos héroes del movimiento anti-apartheid reciben su último homenaje. “The flags are waving / They’re ready for the past / They’re strong and they’re saying the fighting’s gonna last” entona sobre una sencilla base rítmica. Frente a la majestuosidad de los arreglos de Arcade Fire, Butler parece haber descubierto la claridad de la melodía. Lo demuestra en su reciente debut en solitario, Policy, en el que navega por las aguas del rock&roll y el folk para dar salida a un discurso comprometido, pero lejos del panfleto. No, aunque Arcade Fire hayan marcado buena parte de una década falta de himnos políticos en lo musical, sus discos simbolizan el triunfo de lo común, la fuerza del conjunto. Aquellos coros al unísono, la potencia de una banda en el que las individualidades se disuelven en un gran Leviatán sonoro, son la demostración de que el compromiso social sigue teniendo mucho que decir en la música actual.

Frente al divismo y los egos, los canadienses resisten unidos. La casualidad quiere que, aquella semana en la que Butler compone al ritmo de los titulares del The Guardian, se entreguen en la capital inglesa los Brit Awards. Como era de esperar los premios se convierten en celebración de la purpurina pop, de la estrella de cartón piedra, del éxito inflado por unas listas de ventas que ni el directivo más ciego puede creerse a estas alturas. Combustible perfecto para el discurso agrio pero sentimental de Butler. Si no fuera porque en su camino se cruza el accidente de Madonna, transformada en ser humano de carne y hueso al caer torpemente del escenario del O2. “Madonna can’t save me now” titula sarcásticamente Butler su canción del día. “I turn on the radio and suddenly I’m all alone” añade el cantante.

La actualidad, no obstante, siempre tiene su manera de vengarse. Mientras medio mundo comparte el vídeo de una Madonna besando el suelo, en Irak el Estado Islámico (más conocido como ISIS) destruye las reliquias del museo de Mosul. Comparado con los tesoros de una ciudad con siglos de historia, la caída de una artista pop debería tener la misma trascendencia que una hoja de árbol cayendo en mitad de un bosque. A la tragedia de una guerra silenciada en occidente, con miles de muertos y refugiados, hay que unirle ahora un exterminio cultural, el barrido de un pasado tallado en piedra y terracota. No hay mejor manera de borrar un pueblo de la historia que destruir su memoria.

Frente a ello las canciones pop pueden parecer simples fantasías de papel, destinadas a acabar en la papelera en apenas unas semanas o meses. Sin embargo, cuando dentro de cincuenta años hagamos inventario de este tiempo que nos ha tocado vivir, no sólo habrá que marcar en rojo la disolución del sueño europeo y el conflicto ucraniano, el olvido del continente africano y la guerra de Siria. También los discos de Arcade Fire, que sirven de símbolo para un presente en el que el conflicto permanece soterrado. Sus melodías pueden sonar limpias y optimistas, sin embargo, bajo ellas se esconde el esfuerzo de un grupo de músicos con los pies en el suelo, conscientes de que sólo es posible vencer en conjunto. Un murmullo que sale a la superficie en las canciones de Butler para recordarnos que, en la música actual, sigue habiendo espacio para el compromiso.

* Todas las canciones de Willl Butler inspiradas en las noticias del diario The Guardian se pueden escuchar pinchando en el siguiente enlace: http://www.theguardian.com/music/series/will-butler-s-song-a-day 

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