London Calling: Requiem por una tienda de discos

Puede que alguno haya leído la noticia. “Se vende tienda de música en el centro de Londres. Una oportunidad para vivir una vida al estilo ‘Alta Fidelidad’. Vive tu sueño y comienza una vida de rock&roll”. Más allá de la la fórmula empleada para hacer el anuncio (la famosa tienda de compra-venta online Ebay), el titular esconde una realidad aplastante: el negocio de la música está cambiando. Lo cual no quiere decir que esté muriendo. En un momento en el que cada año se multiplica exponencialmente la producción musical, resultaría erróneo pensar que ya no queda nada que rascar entre discos y melodías. Sin ir más lejos, la semana pasada se publicaba un estudio en el que se afirmaba que la industria cultural francesa facturaba más que el negocio automovilístico. Habría que ver, claro, cuánto porcentaje de este montante corresponde a la siempre frágil industria musical. Sin embargo, más allá de datos y estadísticas, parece evidente que la vieja fórmula del vendedor al otro lado de mostrador parece tener los días contados.

 

Es el caso de Tim Derbyshire, dueño de On The Beat, que ha dedicado más de media vida a poner un vinilo en el tocadiscos de cualquiera que se pasara por su pequeño local, situado a escasos metros de Oxford Street. Durante 34 años su tienda se ha ido llenando de clásicos del rock, rodajas de folk y soul y carteles en el que se mezclaban los Rolling Stones con Bob Marley. Una decoración que da al local una apariencia rococó, con ese color sepia que dan los años y la sabiduría de aquel que sabe que, lo que hoy parece pasado de moda, mañana puede convertirse en tendencia. New-wave, power-pop, nostalgia retro; si las cajas de On The Beat hablaran, podrían contarnos una historia de las últimas cuatro décadas de música popular. Un vasto conocimiento salvaguardado por un Tim que, a pesar de la experiencia, no ha podido evitar tirar la toalla, cansado de un negocio en el que se gana poco dinero y los obstáculos han terminando superando a las alegrías.

 

Sin embargo, en pleno siglo XXI, no todo son malas noticias para el gremio. Mientras las tiendas con más solera echan el cierre (no sólo en Londres, también en Madrid la veterana Escridiscos baja el telón por idénticas razones), las nuevas comienzan a encontrar espacio frente a la feroz competencia de las tiendas online y, por qué no decirlo, el todo gratis al que el consumidor de música se ha terminado acostumbrando. Hace unas semanas, Rough Trade, centro del ‘hipsterismo’ musical y prescriptor de modas y tendencias dentro del mercado británico, anunciaba su intención de abrir una nueva sucursal en el corazón de Nueva York. Una tienda que se une a las dos que la franquicia tiene en la capital inglesa y que demuestra que, en estos tiempos en los que nadie sabe hacia donde girará el viento mañana, hay gente que sabe hacer las cosas bien.

 

La cosa, no obstante, viene de largo. A pesar de su aspecto moderno y su puesto de cafés y magdalenas a la entrada, los jefes de Rough Trade iniciaron su andadura un par de años antes que el dueño de On The Beat. Mientras Tim Derbyshire apostaba por aquel tipo de negocio a la vieja usanza, Rough Trade comenzaba a abrir nuevos caminos. Consciente de que el futuro pasaba por apostar por las bandas locales, en 1978 Geoff Travis creó su propio sello discográfico en el que el nuevo credo punk y la filosofía DIY marcarían la pauta. Fueron años de experimentos y descubrimientos. Hasta que llegó el pelotazo. En 1983 The Smiths firmaban por Rough Trade convirtiendo a la discográfica en punto de referencia de la escena alternativa británica. De aquella relación saldrían cuatro álbumes capitales y la confirmación de que Travis y compañía habían dado con la tecla.

 

Hoy Rough Trade puede presumir de haber contado en sus filas con nombres de la talla de Arcade Fire, Antony & The Johnsons, Low, Belle & Sebastian, Sufjan Stevens o The Libertines. Es decir, la flor y la nata de la música independiente de la última década. Y todo ello sin olvidar la tarea de descubrir a nuevos talentos. Basia Bulat, Dylan LeBlanc, Destroyer. Por poner sólo algunos ejemplos. Aquella batalla contra aquellos que piensan que ya no se factura música que merezca la pena (esto es, que esté a la altura de los clásicos dorados de los sesenta y setenta) parece ganada. Especialmente si tenemos de nuestro lado a aliados como Rough Trade. Una tienda que comprende que la supervivencia pasa por equilibrar el catálogo de reediciones con el gusto por la novedad. En sus cajas se pueden encontrar discos clásicos de Johnny Cash y el (pen)último hype de Pitchfork, el revival garajero y aquel álbum oscuro firmado por un rapero del Bronx. Olfato selecto, cuidado, sin menospreciar ninguna referencia por muy rara o extraña que sea. Todo ello sazonado con la joya de la corona: las actuaciones en directo.

 

Era de esperar. Después de lanzarse a la venta y a la edición, a Rough Trade sólo le quedaba un vértice para completar su triángulo. Así, si uno echa un vistazo a la sección de eventos de su página web puede encontrarse con un buen puñado de conciertos y presentaciones de discos. Incluso la recién estrenada sucursal neoyorquina parece haber empezado con paso firme programando a Phosphorescent o Matthew E. White, por poner sólo dos ejemplos. La idea, no obstante, resulta de lo más sencilla. A cambio de comprar la última novedad discográfica el cliente recibe una entrada para la presentación del álbum en la tienda. Oportunidad de lujo para ver a los artistas a unos palmos de distancia e incluso charlar con ellos rodeados de cajas de vinilos.

 

Sin embargo, en este acercamiento entre músico y público la que más termina ganando es la propia tienda, convertida en punto de encuentro, lugar en el que compartir palabras, tiempo, calor a la lumbre de las canciones. La eterna llama de la música pasando de oído en oído bajo un mismo techo. No, señores, eso nunca lo podrá ofrecer el inmenso bazar virtual. Tampoco aquellos locales que, como On The Beat Records, se vean obligados a cerrar la verja. Por suerte, otros vendrán a seguir traficando con nuestros sueños.

Escrito por
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