La repentina bajada del IVA cultural, ¿Truco o trato?

Opinión La repentina bajada del IVA cultural, ¿Truco o trato?

Hoy nos hemos levantado con una noticia de esas que no sabe uno por dónde atajarla: El IVA cultural bajará desde el 21% al 10% cuando en su día este mismo gobierno lo subió del 8% al 21% dejando algunos productos culturales al 4% (libros, periódicos,revistas), contenidos que fácilmente se pueden además adquirir en la red o leer a través de cualquier dispositivo.

No queremos ser un mal ejemplo, pero estamos en plena campaña electoral. De eso nos hemos dado cuenta todos, esta noticia es ni más ni menos que placebo para el pueblo que tanto ha demandado un poco de incentivo a la industria cultural pero ya sabemos que un ciudadano ilustrado es un problema para los gobiernos.

España se ha convertido en uno de los países en el cual el IVA cultural está más alto, es decir, el país cuyo salario mínimo interprofesional roza la vergüenza ajena, es el que tiene la cultura gravada con una de las mayores tasas impositivas de Europa, tan sólo por debajo de Hungría (27%)  pero muy por encima de  muchos de nuestros vecinos que mantienen los espectáculos al 15% o incluso a menos.

Hablar de números está bien pero mejor está hablar de hechos. Las salas de conciertos a medio gas, grupos que ni pisan España porque no hay garantías de colgar el cartel de “No hay billetes”, festivales que no pueden continuar con su andadura, empresas privadas que tienen que inventarse todo tipo de promociones para poder seguir subsistiendo. Éste es el espectro real de lo que supuso una subida masiva del IVA. ¿Es normal que los entes privados tengan que realizar auténticos puzzles para reajustar precios para que los gobiernos se lucren sin ofrecer ningún tipo de beneficio para los ciudadanos? ¿Es la cultura democrática cuando estamos hablando de un tipo impositivo que ha dejado al sector para el arrastre?

Si esa subida del IVA, en su momento, hubiera supuesto una mejora en las infraestructuras generales de entretenimientos (teatros, salas de conciertos, museos), quizás lo hubiéramos aceptado. Si, además, las ayudas para incentivar a cualquier disciplina hubieran aumentado, no hubiera estado mal, pero, ¿alguien ha visto mejorada su situación? En todo caso hemos tenido que mirar nuestro bolsillo y dejar de acudir a este tipo de eventos que nos ayuda a evadirnos de nuestros problemas, que nos ayuda a crecer como personas, que nos conecta en el ámbito social. Y ya no hablemos de medios, discográficas, artistas, promotoras, empresas relacionadas, porque si el ciudadano común no ha podido disfrutar, el que se dedica en cuerpo y alma a estos menesteres no ha podido seguir trabajando en lo que más le llenaba.

Cuando al comienzo del artículo comentaba que uno no sabe cómo tolerar estas noticias teñidas de sensacionalismo político es porque la noticia ha sido avanzada sin fechas, sin concreción. Unas palabras al aire, gratuitas. Allá dónde unos ven esperanza para recuperar un sector touché, no puedo dejar de pensar en los años que hemos vivido machacado por un IVA que ahorcaba como un yugo. Los conciertos que no hemos vivido. Los discos que no nos hemos comprado. Los libros que no me he leído.

Ojalá sea cierto y más vale tarde que nunca, pero esto no se hace. La cultura es un derecho y que en 2015 decidan bajarlo no es más que otro indicativo de la mala gestión de aquellos que ignoran ciertos asuntos.

Sin duda, hay gato encerrado. O mejor, papeleta encerrada.