Yeasayer – Fragant

Nos encantan las etiquetas. La pequeña satisfacción que supone crear nuestro diminuto resquicio de orden dentro del caos al añadir un nuevo género al catálogo siempre nos ha resultado irresistible. Aún así, por suerte existen bandas como Yeasayer, ya que intentar englobarles dentro de una tendencia o estilo es como ponerle puertas al campo. La banda de Brooklyn entró en escena siguiendo la estela del movimiento art-rock de la Costa Este, que rápidamente ganó popularidad gracias a bandas como TV on the Radio, Animal Collective o Deerhunter. Si bien estos grupos apelaban al sonido más tribal y primigenio desde el enfoque del rock en sus primeros trabajos, es cierto que la total libertad creativa que los caracteriza hace difícil el encontrar más puntos en común.

Precisamente ésta última ha sido la gran virtud de Yeasayer, a la vez que su gran defecto. El eclecticismo a la hora de buscar influencias y la continua búsqueda de romper moldes hacen de Ambling Alp y Odd Blood, sus dos primeros trabajos, dos discos algo irregulares. Alternando piezas sublimes con verdaderas tomaduras de pelo nos daban la impresión de ser incapaces de hacer dos canciones iguales. Gran error. Fragrant World es un disco cohesivo como pocos, quizá demasiado.

Anunciado a finales del año pasado, Chris Keating (una de las tres cabezas pensantes del grupo) nos prometía “un demencial álbum de R&B”. Pues bien, he aquí que, en efecto, se les ha ido la mano con el R&B, aunque no haya ni rastro de la demencia. Basta escuchar a penas minuto y medio de Fingers never bleed para darse cuenta de esto. La canción que abre el disco comienza con un atropellado ritmo a base de bombo y palmas que, para cuando llega al estribillo, se ha convertido en un manoseado beat hiphopero, como de unos Junior Boys pasados por el filtro del cansinísimo Timbaland. Más de lo mismo en Longevity y Blue Paper, se echan en falta los explosivos ritmos y desvaríos de sus mejores temas y la producción suena demasiado contenida y monótona.

El disco continúa con Henrietta, el que fue single de adelanto de éste su tercer diso y el que probablemente es el mejor tema del mismo. El groove de bajo con el que comienza, que nos recuerda a los temas de Odd Blood que mejor funcionaban se interrumpe abruptamente en torno a la mitad de la canción, punto en el que comienza una progresión melódica hasta alcanzar el clímax en la parte final. El siguiente tema, Devil and the Deed, fue el que la banda escogió para presentar Fragrant World el pasado abril en el programa de Conan O’Brien y la verdad es que, vista aquella actuación, tiene pinta de sonar mejor en directo, más excitante que en la tediosa versión que despachan en el disco.

En la segunda mitad del disco poco o nada cambia. Se sigue echando de menos a los impredecibles Yeasayer del pasado en temas como Demon Road o Damaged goods. Y, a pesar del comienzo experimental de Folk Hero Shtick y Glass of the microscope, no tardamos en darnos cuenta de que están cortadas con el mismo patrón que el resto. Aunque puede que la divertida Reagan’s skeleton sea rescatada por la pista de baile gracias a ese bajo palpitante y a los sintes discotequeros. Por último, y aunque este álbum que no pasará a la historia como su trabajo más brillante, cabe reconocer a Yeasayer el esfuerzo realizado hasta la fecha por dar la apariencia de estar en constante renovación. Digamos que Fragrant World parece el inevitable paso en falso para una banda con el valor suficiente como para reinventarse con cada nuevo trabajo.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 5,5

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