Un paseo y una vuelta por el Primavera Club de Madrid (y 2 de 2)

STEPHEN MALKMUS

Foto: Primavera Club / Mariano Regidor

Contra todo pronóstico y mucha puntualidad nos vimos en la sala Joy Eslava dispuestos a ver a Pure X, formación con la que esperábamos encontrar, por la calidad de la propuesta, un llenazo total. Las luces de Navidad alumbraban como si fuera de día, sin ahorrar y en tiempos de crisis, y entre gente ya con regalos bajo el brazo corrimos por la calle Arenal: ni la mitad del aforo para el que fue el concierto de la jornada.

Pure X desbordan elegancia, perdón, ellos no, su música. Llegados desde Austin, Texas, sus canciones desiertas con protagonismo de guitarra y voz directa recuerdan a los paisajes de cárcavas de su lugar de origen. Sus melodías se comprenden con este paisaje, y no se entiende sin él. Por eso había hasta quien cerraba los ojos para desenvolverse en esta situación sin precedentes y trasladarse desde un frío Madrid a una calurosa película Gigante. No más comentarios, sólo la recomendación de que escuchen más a Pure X.

Tras ellos permanecimos hasta lo que aguantamos del concierto de Sleep∞ Over, con quien Pure X compartieron bajista. Un ambiente y una voz cercanos a la cantante Enya, a quien el que escribe no puede soportar, nos hicieron abandonar la sala antes de lo que habíamos previsto. Por cuestiones de programación y falta de interés por el resto de conciertos, abandonamos el Primavera Club hasta la actuación de John Maus.

El Primavera Club es un festival, pero también es un compendio de conciertos sueltos al que se puede ir sin más. A veces, como en el caso de Fleet Foxes este año, se ofrecen entradas aparte o el pago de un suplemento complementario al abono. También para la sala San Miguel, un recodo en el callejón de la antigua plaza de toros de Vistalegre, se podían adquirir entradas de día. Pero esta radiografía de música actual, habla el que escribe, pierde todo sentido cuando nos vemos desbordados y entramos en el Círculo de Bellas Artes para ver a John Maus. Lo cierto es que, al igual que de otros grupos – no somos duchos ni estamos extremamente versados en la materia – de John Maus no había escuchado mucho antes de saber de su asistencia al festival. Escuché sus discos y la verdad es que me encantaron. Por lo visto ya se sabía lo que Maus iba a ofrecer, aunque yo no lo había leído. Pero estaba escrito. Puso las canciones y cantó encima del disco. Apenas se le oía. No discuto una propuesta intencionadamente artística. Incluso la respeto y aplaudo. Me di cuenta de que el público se había convertido en su objeto, y que estábamos a su libre disposición. No tolero los comportamientos de quienes pretenden camelarse a la audiencia aparentando ser más que el resto, así que preferí irme a ver a Hyetal a Siroco. John Maus me gusta, su sonido oscuro me atrae, me convence, y como dicen por ahí, sí es verdad que tiene un pelazo, pero yo no estaba lo suficientemente metido en harina como para ver su performance entera. Tampoco me supuso ningún trauma.

Efectivamente pudimos tomar copas baratas en el nuevo Siroco, con Hyetal de fondo. Me gustaron. Pudimos bailar a gusto. David Corney me gustó más de lo que pensaba, pero la verdad es que tampoco fue un descubrimiento.

De vuelta al Círculo de Bellas Artes acabamos la noche al ritmo de ComTruise, del que pudimos ver en acción su debut, GalacticMelt, con acompañamiento de batería en directo. Los cohetes se quedaron sin tirar.

Nuestro sábado comienza con el concierto de St. Vincent en Vistalegre. La formación de la estadounidense Annie Erin Clark nos brindó un buen directo. Hubo momentos muy Björk, canciones ruidosas y ritmos heterogéneos entre anécdotas de episodios familiares. Que el público acabó entusiasmado fue algo que pudimos palpar. Plato principal del día junto a Stephen Malkmus & The Jicks.

Para Girls había expectación, y aunque el directo de St. ViNcent había dejado el listón muy alto, el nivel se mantuvo o subió, depende de la opinión de cada uno. El hecho es que Girls, con canciones empapadas de diversos estilos de entre los años 50 del siglo XX y los sonidos del nuevo milenio, supieron encontrar un sitio. Con ellos bailamos y nos reímos. La formación de Chris Owens nos dejó canciones como Heartbreaker, posible himno personal del Primavera Club.

Stephen Malkmus –de Pavement& The Jicks cerraron la programación de Vistalegre con un directo redondo. Algo más densos que los anteriores, aunque todos tuvieron, cierto es, su momento metalero. Cerraron con un bis en el que tocaron con mucha gracia el Bennie and the Jets de Elton John.

De allí nos fuimos a subir de nuevo los escalones al cadalso del Círculo de Bellas Artes, en donde disfrutamos de buenos momentos con la música de Holy Other. Música de coperío, recopilación de momentos y charlas. Hay música para todos los momentos del día, y también de la vida. Espero que dentro de unos diez años me guste la música clásica; hace cinco años no quería saber nada y hoy temo acercarme. Holy Other es un burka al revés, sostenido con unas manos desnudas que no hacen más que moverse y eso es lo único que vemos. Me recordaban a la mano invisible que mueve la economía y los mercados, suerte que de repente visualicé el dinero y me di cuenta de que todo era una mentira. Al término de la actuación salimos al hall del estupendo Salón de Columnas y nos cegó la luz. Volvimos a entrar para disfrutar, una vez más, de los bailes provocados por Dj Coco.

Para el domingo había cansancio acumulado. Los conciertos sólo se celebraban en Joy Eslava, a modo de cierre. Empezaron a las seis de la tarde y nosotros llegamos a las 19.30, así que no pudimos ver a fiRafEM. De lo que sí disfrutamos es de parte del concierto de Braids, que haciendo un juego de palabras fácil y acorde a su música diremos que “están que trinan”. El último show para nosotros –que ya habíamos visto a Girls el día anterior- fue el de Mazes: un concierto que por discreto ya se me ha olvidado. Un vago recuerdo: empezaron con una canción muy Placebo, lo que me sirve de excusa para preguntar ¿por qué nadie habla de Placebo si van a sacar disco en el próximo año que está a salto de mata? La moda, imagino.

Cansancio, mucho cansancio es lo que había.

Valoración general: la edición de este año no ha llegadoa la altura de los tobillos del cartel del año pasado. No lo supera ni en número de salas, ni en número de conciertos –este año en Madrid sólo repitieron Girls cuando el año pasado lo hacieron muchos más-. Pero sobre todo no se supera ni en variedad de géneros ni en calidad de artistas. Dela pasada edición recuerdo nombres como Triángulo de Amor Bizarro, Guadalupe Plata, Josephine Foster and TheVictor Herrero Band, Beach Fossils, Edwyn Collins, HolyFuck, Zola Jesus o el malogrado concierto de Teenage Fun club. Todo no se puede pedir, ni menos tener. Pero para el año que viene esperamos más.

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