Timber Timbre, a la par que Akron Family, en la Sala Sol

Fecha: 16 de Noviembre de 2011

Lugar: Sala Sol (Madrid)

Cuando los canadienses Timber Timbre aparecieron en escena, la sala Sol estaba preparada para recibir uno de los primeros conciertos que ofrecían en nuestro país. De atmósfera oprimente, las canciones del trío parecían sonar desde la tumba de un ser imaginario mezcla de Tom Waits y Nick Cave, claras influencias de un grupo que también bebe de fuentes modernas y nos permite situarlos cerca de Grizzly Bear y otros grupos con miembros que tocan muchos instrumentos. Ya saben, hay que saber tocarlo todo. Muy pasotas, ofrecieron un directo agresivo, violento y sincero, a la altura del que después brindaran los protagonistas de la noche: los neoyorkinos Akron/Family.

La sorpresa sólo paso tras la puesta en escena de canciones como Black Water o Creep on creepin’ on. Me asustó ver a Timber Timbre. Destacaron por ser unos teloneros de un muy alto nivel, queremos más conciertos así. Pero Heineken Music Selector había decidido que ellos no eran los protagonistas, así que cedieron la palestra a Akron/Family, que fueron catando los instrumentos uno a uno, aparecieron, ultimaron preparativos y empezaron a tocar. Primera toma de contacto obligadamente espontánea (¿horarios?: estábamos al borde de la medianoche).

Ellos querían que su público se sintiera como en el salón de casa, así que adecuaron la iluminación y nos dejamos llevar. Hubo hasta melodías repletas de ritmos sabrosones como telón de fondo, como si se hubieran colado canciones del Rei Momo de David Byrne. Tras el comienzo hicieron que los asistentes levantaran el dedo como E.T., cerraran los ojos y se movieran como las olas de un mar en calma. También les obligaron a sentirse ricos y bellos. En ese momento pensé “ahora viene la nave espacial a buscarnos”. Muy participativos ellos.

Canciones como Island son ideales para comenzar cualquier empresa. Sin duda esa letra calló, dedicada expresamente al Golfo de México, y dejándonos recuperar el aliento para una tralla de estos hippies modernizados que, sonando a sucio -pero con tecnología punta como complemento-, ofrecieron un completo recital en el centro de Madrid.

Tras la confusa Another Sky, magistral lección de batería con Dana Janssen a las baquetas, el cantante –Miles Seaton– decidió que su espacio no estaba arriba, sino abajo. Así que abandonó el escenario y dejó ver sus barbas entre las primeras filas mientras seguía cantando.

Momento álgido el de la interpretación de Everyone is Guilty que sonó intensa gracias a la guitarra de Seth Olinsky, una muestra de la recuperación del mejor look de un Steven Spielberg de finales de los ochenta.

Para rematar un pequeño bis prácticamente vocal en el que destacaron las ventajas de combinar amor y espacio. Con Love and space descubrimos sus raíces folkies y unos coros de influencia góspel.

Cerraron el concierto con esta amarga sonrisa derivada de esta mezcla de suciedad, autocrítica y espiritualidad…y de las ganas de más Timber Timbre.