The New Raemon en la Sala Joy Eslava, Madrid

THE NEW RAEMON

Llenar de gente una sala es algo que uno sabe que va a pasar cuando un señor de estas características es capaz de emocionar a un determinado número de personas y, bueno, generar cierto seguimiento e interés por lo que hace.

Pero llenar una sala de personas no quiere decir que esos individuos sean necesariamente gente coherente, no quiere decir que vayan a escucharte con respeto y atención. Llenar no asegura. Sólo garantiza que habrá un puñado de personas haciendo acto de presencia. Que al día siguiente los medios harán recuento y eso servirá como precedente.

Pero no, a veces sucede. A veces, ese montón de personas que acuden a una cita concreta comparten las ganas de escuchar y enternecerse o aplaudir (que no es poco) la música y la actitud del que se expone. En este caso, Ramón Rodríguez y los músicos que, junto a él, hacen los honores. Ellos, que acudieron, como no podía ser de otra manera, al encuentro en Joy Eslava el pasado viernes por la noche, no sólo dieron una lección de buen gusto y saber hacer, sino que, además, disfrutaron e hicieron que los demás (de manera inevitable) nos viésemos envueltos, todo hay que decirlo, ya predispuestos, en la sonrisa de escuchar a The New Raemon en directo.

Y, es que, a pesar de ofrecer bien canciones tristes o con un mensaje claramente comprometido, uno se levanta quieto entre la multitud, con los oídos bien abiertos y no siente la necesidad de estar en otro lugar cuando lo que se comparte son las melodías sinceras de alguien que bien podría ser uno de tantos.

Lo es y no lo es. Eso se transluce en canciones como Lo Bello y lo Bestia, Kill Raemon o La Vida Regalada, para empezar. Temas que quedan incluidos en su último trabajo (Libre Asociación, 2011), quizás el más áspero. Después de la apertura, sonaron cortes que resumen la trayectoria de TNR: Sucedáneos, El fin del Imperio, Verdugo, Dramón Rodríguez,… Entre ellas, Aspirantes, por primera vez en directo.

Con humor, el broche final se acercaba. Entre bromas al respecto de la duración del concierto, asegurando que, normalmente, los suyos no son más largos que los de Ben Harper. El bis abría con Ramón, su guitarra y la versión de Nueva Vulcano, Te debo un baile y Tú, Garfunkel. Por todos conocidas, seguro, y cantadas a viva voz. Y para cerrar, con la banda al completo, Por tradición, Soñar la muerte y Llenos de gracia nos dejaron ese sabor de boca agradable, agridulce. Apreciado por todos, y por todas.

Es probable que sea esa la fórmula del éxito, la verdad. Una dosis de recuerdos, de pedazos de todo y de todos en cada estrofa. La fuerza de las melodías incisivas y esa poesía, tan personal. Tan comprensible.

Además, todo hay que decirlo, que una noche así comience con la voz y la sustancia, en femenino, de María Rodés es casi patrimonio del estado. No se olviden.

Una textura casi conocida, para esa sala llena, no sólo presencialmente, si no de otras muchas cosas que podría tratar de describir pero no tendrían sentido.

Hay cosas que es mejor experimentar. Y, desde luego, The New Raemon en directo es una de esas notas a pie de página incluidas en la lista de emociones.

Escrito por
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