SONORAMA (Domingo): Fin de fiesta con Mucho, Teenage Fanclub y Amaral como conciertos más destacados.

MUCHO

El último día de un festival siempre es duro. Hay una sensación doble, en la que te quieres ir para disfrutar de tu cama, de tu ducha, y de algo de comida normal. Pero también está la sensación de que toda tu vida podrías vivir de festivales. No necesitarías nada más para ser feliz. Nosotros descubrimos en el domingo un último día nuevamente caluroso. Durante el paseo desde la zona de camping hasta los conciertos del pueblo, la sudada fue similar a la que podíamos todos tener bailando con El Guincho la noche anterior.

Y cuando llegamos a la Plaza La Sal, Álex Ferreira ya había comenzado. Las canciones que pude ver me dejaron un sabor buenísimo. Y con sus guitarras, creo que algún cimiento tembló. El último concierto de la plaza fueron Mucho, quienes, como siempre, sudaron y lo dieron todo en el escenario para trasmitir lo que hacen. Música de calidad. Una de las primeras cosas que tuvieron que hacer fue cambiar el bajo, ya que rompieron una de sus cuerdas. Las canciones de Mucho creo que tardarán un tiempo en calar en el público. Pero se quedarán dentro de la gente, por que saben lo que quieren hacer. Se nota. Versionaron el Everybody Knows This Is Nowhere de Neil Young, aprovechando que les habían concedido unos minutos más. El pueblo tiene mucho encanto. Y Mucho pusieron el resto.

Saliendo de la Plaza La Sal, nos dirigimos al escenario Red Bull, el cual aún no habíamos visitado en los 4 días. Allí disfrutamos de una parte del concierto de Marcus Doo & the Secret Family y del directo completo de Cohete. La audición es compleja. No llega nada con claridad, pero allí sentados, disfrutamos de una hora de descanso, en la que Cohete seguro que echó de menos algo de colaboración por un público apagado. Ya de tarde, arrancamos con la fiesta de Ellos. Guille Mostaza y los suyos tienen ese buen rollo de banda que nunca encabezará un cartel, pero que si están, mejor. Canciones como Hasta el Final o Cerca fueron coreadas por el público acalorado. Gran entrega y gran directo.

A continuación vimos a Fernando Alfaro, uno de los míticos del Sonorama. Se le ve un hombre que está más a gusto cantando que hablando. Le costó despedirse, para terminar deseándonos que disfrutemos. Su música no bajó el rendimiento, y aunque tuvimos que verle a medias, nos gustó. Las visitas a la carpa Future Star también eran obligadas. Y nos tocaba ir a ver a un amigo, Izal. Un pequeño clan de jóvenes saltaba en primera fila, disfrutando de los acordes directos y puros de su música. El problema, como siempre, el sonido. Pero Izal tenía ganas, y entre los temas Sueños lentos, aviones veloces (una de mis favoritas) y Extraño regalo, nos confesó: “No tenemos tiempo para hablar, y lo queremos aprovechar para tocar”. Y lo aprovecharon.

Volvimos para ver una de las máximas expresiones del Rock’N’ Roll actual de nuestro país. En el escenario Ribera, Idealipsticks hicieron lo que sabe. Eva es una de nuestras chicas malas. Con un vestido estampado en color negro y blanco, un ancho cinto y unos botines rojos, los comentarios que generaban iban desde hortera hasta preciosa. En varios momentos del concierto, intentaron levantar a la gente, que acusaba las muchas horas que llevábamos encima. Creo que hubiera sido más correcto haber puesto un concierto tan enérgico algún día antes. Pero a toro pasado, todos somos más listos. Cerraron su concierto con Losers & Losers, y son otro de los grupos que destacamos en estas reseñas, como parte de los mejores conciertos sonorámicos de este año.

El primer grupo extranjero del domingo fueron Hidden Cameras. La apariencia de su cantante, que pareció durante varios tramos del concierto un cantante de ópera, era absolutamente criticable, con su camiseta de tirantes blanca y bermudas negras. A estos chicos les costó contagiar al público, aunque finalmente lo acabaron consiguiendo. Sus intentos de hablar en español no resultaron muy afortunados. Pero dieron el espectáculo tapándose los ojos para tocar, o sacando a unos niños al escenario para hacer una coreografía. Más originales. La mayor ovación se la llevaron ya casi al final, con algunas frases, que en un flojo español, se entendieron y aplaudieron. Joyitas como “Escupe al Papa la próxima semana” o “Rajoy es un estúpido”.

Nos tuvimos que perder a los vallisoletanos Ele De Eme, aunque también era una visita a la carpa Future Star que teníamos pendiente para poder ver a La Bien Querida, quien, con un público más de Amaral (se notaba la gente que había llegado ese mismo día), no aprovechó para lucir un toque más pop. Su poco registro vocal y sus composiciones la mueven siempre en los dos extremos de seguidores y detractores. Yo me considero detractor, y por ello no la voy a dar mucha caña.

Los papás del día eran Teenage Fanclub, quienes tocaron sus grandes éxitos, y algunas canciones menos conocidas de su discografía. Era el previo del escenario Heineken para el directo de Amaral, y la media de edad ascendió en este momento del festival. Me dejaron de rodear jovenzuelos y jovenzuelas, para ver a padres de familia, parejas de importantes edades, y gente de bien que fueron recibidos, por supuesto, con los brazos abiertos. Un detalle de Teenage Fanclub es que inundaron el festival de camisetas. Era el grupo que más respaldo tenía en la ropa del personal, sin duda. En el escenario, la música casi perfecta. Imposible encontrar el 10, pero se nota la experiencia y el saber estar, y el trabajo fue notable.

Los últimos bailes locos se dieron en el escenario Ribera, donde Cycle hicieron lo que tenían que hacer: convertir el escenario arandino en una macrodiscoteca Y lo consiguieron, sin duda. Tomando algo de distancia, se respiraba un olor Amaral por todos los rincones del recinto. En el escenario Heineken, la gente se puso nerviosa por el retraso del evento, pero deben entender que había otro grupo sobre el escenario, y debemos respetar. El concierto de Amaral no empezó hasta que finalizó un precioso vídeo homenaje a Pedro San Martín, bajista y compositor de La Buena Vida, que recibió esta muestra de consideración y respeto por parte del evento burgalés. Ajenjo, director, y Nacho Vegas, en representación de todos los artistas, brindaron con vino de la tierra para despedir al artista. Precioso detalle.

Y llegó el triunfo del Sonorama, que tiene el nombre de Amaral. Tenerles allí parecía un éxito de la organización, y la afluencia de público les dió la razón. Musicalmente, vimos un grupo en el que 3 personas llevan el peso de la música (guitarra, bajo y batería), y dos personas consiguen que los detalles den el valor adecuado al sonido. Juan a la guitarra, siempre intentando mejorar sus acordes, y Eva, con una voz de altísimo nivel, una armónica, megáfono… de todo. Pero sobre todo, su voz. En el tema Antártida sufrió un resbalón, que la provocó la risa. Ese fue el único detalle en la que su voz no estaba donde tenía que estar. Un colofón importante para un festival que sigue siendo referente a nivel nacional. Amaral pronto publicará un disco independiente, y el Sonorama ha conseguido acertar en su firma final.

Escrito por
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