miércoles, noviembre 20, 2019

Las canciones de Nick Lowe como remedio sencillo contra todo

Conciertos Las canciones de Nick Lowe como remedio sencillo contra todo

NICK LOWE

Fecha: 16 de diciembre de 2011.

Lugar: Teatro Kapital, Madrid.

Foto: Carla Mir (cedida por Heineken Pro)

El fin de semana antes de Nochebuena, Madrid rebosa. La gente se abriga para tomar las calles en dirección a muchas cenas que en estos días se organizan: con amigos, con compañeros de trabajo o con viejos conocidos a los que recurrimos por estas fechas. Si no tienes trabajo, además, estás castigado a las no cenas de no trabajo. Como contrapartida, si haces de vez en cuando crónicas de conciertos y te toca ir al de Nick Lowe, la noche se cubre de magia y pasión con tintes de devoción hacia la canción como tema. Como todo esto es tan personal como habitual, me limitaré a proporcionar al lector unas suaves pinceladas que ojalá transmitan la sublimidad del recital que regaló el británico en el teatro Kapital.

De sobra conocido por ser gurú de la new wave, productor singles como el primero de The Dammed, New Rose -una de las primeras canciones relacionadas con el punk-, o los primeros cinco álbumes de la carrera de Elvis Costello, y a la sazón telonero de Wilco –cuando en opinión de algunos tendría que haber sido al revés- este inglés de 62 años deslumbró el viernes en Madrid. Como puente entre generaciones musicales, e influencias como el rock and roll de los cincuenta y la música country, entre otras, salió a la palestra con una guitarra acústica que le acompañó hasta el delicado cierre del concierto.

Stoplight Roses fue la elegida para abrir un directo de hora y media sin descanso y con dos bises. Igual que comienza su último disco. Al comprobar en directo la suave voz de Lowe se abren túneles entre artistas: lo que ha influido este señor, por ejemplo, en M. Ward y otros nostálgicos actuales del folk americano: She and Him, Devendra Banhart…

Una banda con bajista de película de John Waters y con Geraint Watkins al órgano (con una estética muy a lo Terciopelo azul de David Lynch y que había abierto boca como telonero) irrumpía en esta noche cinematográfica que continuó con piezas como Heart (la mejor combinación entre ritmos lejanos, procedentes de Jamaica y de un contrabajo como base ) o Ragin´ Eyes, con la que ya se empezaron a menear las caderas de los más animados.

Es verdad que el que escribe no despegó los ojos de la figura de Lowe. Muchas veces, los que hacemos esto de ir a un concierto para luego contarlo, estudiamos la biografía del grupo o el artista y dividimos su carrera en fases, un error habitual. Si es un artista con aura, como el caso de Nick Lowe, nos empeñamos en soltar frases como que su nuevo disco es una “vuelta a los orígenes” o que “abre una nueva era personal tras cierto episodio”. En este caso, el sonido es uniforme; y álbumes como The old Magic –a pesar del alusivo título- se corresponden con esta uniformidad. Una continuidad en la carrera de Lowe de la que el concierto en Madrid fue un reflejo: canciones como I Trained Her To Love Me continuaban, a lo Van Morrison, con esta política. Los temas del repertorio clásico, como I Live on a Battlefield, se alternaban con otros de su ultimo trabajo, I Read a Lot entre otros. A este tema de clara inspiración literaria le sucedió Cruel to be Kind, con toda probabilidad la canción más conocida de Lowe. Sensitive Man puso el toque jukebox y Without Love el de country reinventado. Con temas como What’s So Funny ‘Bout (Peace, Love, and Understanding), Lowe recordó a Elvis Costello. Y con la fuerza de I Knew the Bride (When She Used To Rock And Roll) comprobamos que la maquinaria rítmica funciona a la perfección. La increíble lista de canciones (de un género, de otro, de uno u otro disco) casó perfectamente y quedaron de este modo alineadas, algo que sirvió para que en ningún momento se perdiera la atención.

El clásico Alison, también de Costello, aunque esta vez en una versión tan solo acompañada por la guitarra de Lowe, cerró un recital que me recordó a un disco de Linda Rondstand que mi madre escuchaba de joven, en el que hay una preciosa versión de esta joya.

El calor de las canciones de Nick Lowe, pues, supuso un desprendimiento de calor, que aunque sencillo y solo, animó a más de uno a callejear con el frío hasta una madrugada en la que fue imposible subirse a un autobús o coger un taxi.