La sala Sol recibe el premio Backstage en una peculiar ceremonia organizada por APM.

Premios especiales requieren de noches especiales. Noches de bourbon en medio de una sala expectante con cumplir el expediente y homenajear. Precisamente esa era la cuestión que se perdía en aquella sala tan vacía que solo se dejó seducir por las huestes de los productores musicales de Madrid cuando finalizó el fútbol de Champions.

La sala Sol se engalanaba anoche para recibir un merecido premio a una labor encomiable tanto en la promoción como en la organización del último bien preciado que nos queda: la música en vivo. Hoy más que nunca es un tesoro a punto de perderse y cuya supervivencia depende en cierta medida de las gentes de las salas. El caos organizativo le confiere al galardón un aire de andar por casa que transforma la ceremonia en una competición por alcanzar la barra antes del momento culmen. El galardón aún embalado es entregado por el presidente de la APM a la fabulosa sala madrileña.

La gente entra tímidamente en calor cuando las palabras cesas y se entonan los primeros acordes del Funk castizo y multicultural de Cosmosoul. El directo propicia que primero las cabezas y posteriormente los pies se empiecen a mover en sintonía con la música. Es imposible abstraerse del Funk. Las últimas embriagadoras bebidas ponen el colofón a la parte etílica/festiva del evento con la sensación personal de haber asistido a la entrega de premios más peculiar que recuerdo.

Escrito por
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