LA PLATA – 01 03 2019

El año pasado La Plata logró posicionarse entre las primeras formaciones más relevantes de las listas nacionales como motivo del lanzamiento de su álbum debut Desorden. En él se retomaban sonidos de La Movida más cercanos a lo que se podría llamar “ola fría de la movida” en la que los sonidos resultan marmóreos, arquitectónicos y gélidos, y que estaban marcados por una estética post-punk/gótica/oscura y de rímel; todo ello armonizado en el lenguaje universal del pop y que en La Plata recuerda a grupos actuales como Escorpio, así como retrotrae a insignias de La Movida como Parálisis Permanente o Décima Víctima. De este último hacen una versión de su tema Detrás de la mirada, en este EP titulado 01 03 2019, que es el que nos concierne en esta crítica, y que fue lanzado el 29 de marzo de nuevo bajo el sello Sonido Muchacho.

De primeras el EP merece la pena escucharlo puesto que ya su atmósfera invita a algo singular. Se posiciona dentro de una estética autosuficiente, alejada de idealismos y con un sabor distinto de a lo que nos tiene acostumbrados una escena saturada de música latina, fanfarronerías y grandilocuencias mercadotécnicas (sobra decir que el nombre ROSALÍA, está al nivel de DANONE). Este álbum supone una declaración de principios por la que pretenden reafirmar la creatividad y la capacidad para elaborar sonidos distintos de los acostumbrados en el anterior álbum desde la abandonada realidad del artista. Su sonido es notablemente sobrio en comparación con Desorden y supone un EP de transición hacia ningún lugar, un intento de huir de convencionalismos. No es más que una formación cuyo propósito es el de hacer música, intentar trabajar desde esa pasión y no para convencer a ningún público sino para dar respuesta a su arte.

En una entrevistarealizada a su vocalista Diego Escriche, en el programa Alta Fidelidad –que se realiza en la UCAM-, Diego afirmaba que este álbum era algo así como un retrato de la intimidad del grupo. Espacio que se había visto abierto al público como motivo de su fama y del que este álbum es un recorrido desde sus letras hasta su ilustración de la portada –fotografía cuya fecha de realización da nombre al EP, tal y como se afirma en la entrevista–. Estas 4 canciones de 15 en minutos en total -y su envoltorio- son efectos de esta desnudez, porque no es nada más que una forma de mostrar todo desde la apertura misma de la intimidad. Más irónico aún resulta que dicha entrevista, realizada por teléfono, transcurriera mientras el cantante, fiel a los principios del álbum, estuviese haciendo su compra en el supermercado.

Pasando a aspectos más formales el sonido del álbum se deshace de las progresiones jubilosas de Desorden para presentar un sintetizador más mesurado y misterioso junto a líneas de bajo protagonistas, que completan esa atmósfera gris y arrastrada. Las composiciones son austeras, como su cotidianeidad, consiguen hacer de 15 escasos minutos algo recordable. El EP abre con Enemigo que abre errática para reencontrarse con un sintetizador y una letra concienciada de la soledad que produce un sujeto dispar. Continúa con Una vida fácil, que propone aumentar la entropía para disolver un orden que solo mantiene egoísmo, la libertad es posible dónde no lo es, la memoria es posible gracias al olvido. Por último Túnel y Detrás de la mirada completan el álbum en clave de pop oscuro y sofisticado.

A rasgos generales es un EP que merece la pena ser escuchado; es un paso hacia una dirección interesante y con una relevancia artística dentro de su trayectoria personal que lo convierta en esa pequeña joya traspapelada entre otros álbumes. Como he recalcado antes se trata de una transición y aún queda por saber que espera al final del túnel por el que La Plata conduce.

6.5
6.5
Escrito por
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