Revolución musical en los 60: Radio encubierta

RADIO ENCUBIERTA

 

Estrenada en 2009 con un éxito incomprensiblemente mediocre, Radio Encubierta habla de Radio Rock, un barco anclado en el mar del norte donde se halla esta emisora de radio que emite lo último en música, ya que no puede hacerlo legalmente desde su Gran Bretaña originaria mientras el gobierno intenta clausurarla por todos los medios.

 

El título original, The Boat that Rocked, (llamada Pirate Radio en USA) hace el juego de palabras con la palabra “rock”, que significa “mecerse”, como les ocurre a los barcos, a la vez que hace alusión a la emergente música rock. Contrariamente a lo que es habitual, fue muy bien traducido como Radio encubierta, refiriéndose a su “ilegalidad” a la vez que a la cubierta del barco.

 

Dirigida por Richard Curtis, la publicidad que se hizo de ella aludió a su carrera como director y guionista, ya que había participado en películas como Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill o Love actually, de las comedias británicas con más éxito pero dirigidas al gran público y excepto alguna escena graciosa, con un regustillo un tanto remilgado. Es cierto que guarda ciertas semejanzas con ellas, pero el humor que en ésta se muestra lo supera con creces. Uno de los motivos de este buen resultado es que los actores fueron escogidos y preparados de modo muy esmerado, algo esencial en una película coral como es el caso: entre Bill Nighy, el director de la radio, el joven y estupendo Tom Sturridge, los locutores Philip Seymour Hoffman y Rhys Ifans, entre otros, y el delegado del gobierno Kenneth Branagh, forman un reparto excepcional. También aparecen otros actores secundarios como el irlandés Chirs O’Dowd, que ya hizo de las suyas en TV, sobre todo en la serie Los Informáticos (The IT Crowd), o el cameo de Emma Thompson, a la cual informaron de la participación de su ex marido Kenneth Branagh, cuyo divorcio fue muy tenso, una vez aceptado el papel. Aún así, cuando vio algunas de sus escenas, se rió a carcajadas de la gracia que le hizo su interpretación.

 

Lo que va aconteciendo en la película es de lo más entretenido y variado. La vida que los trabajadores de Rock Radio llevan en el barco presenta múltiples facetas que se van alternando. Visitas de los fans, juegos verbales, una libre y densa actividad sexual, piques entre ellos y hasta una boda, con despedida de soltero en tierra incluida. También aparecen sus múltiples oyentes  de modo esporádico, nada nuevo, ya visto en otras películas como El Show de Truman, pero que dan mucho dinamismo, resultan ilustrativos y amplían el cerrado espacio del barco.

 

Algo un poco discordante en la cinta es la lengua que se usa, sobre todo el slang, que no es adecuado a los años sesenta. Ciertos eufemismo o modos de hablar no existían en el inglés de aquella época, pero es una parte de la misma que no apreciaremos si no la vemos en V.O. (fervientemente aconsejado) y que no merma su calidad como representación de las circunstancias de las radios de entonces. De hecho, hubo varios barcos que emitían al igual que nuestra Radio Rock, siendo una de ellas, Radio Caroline, en la que se basó el director, pero por lo que se sabe al respecto, el ambiente real en el barco no era ni la mitad de divertido de lo que aquí se nos muestra. Pocas visitas, maloliente, incómodo y grasiento, una prueba más del sacrificio que esto suponía para los DJ’s que querían más libertad respecto a la música que se emitía en la radio. Después de múltiples reyertas entre estos barcos y la BBC, que se oponía a emitir tal cantidad de música rock por considerarla poco educativa y no correspondiente al “entretenimiento civilizado”, objetivo principal que ellos consideraban que debía tener la radio, al fin todo terminó en 1966, consiguiendo su principal objetivo: que se emitiera la polémica música emergente sin ambages ni censura y la mayor parte del tiempo. En realidad, no es extraño en absoluto, ya que fue en los sesenta cuando empezó a surgir la música en cantidades mucho más abundantes que anteriormente y, por si fuera poco, rompiendo moldes tanto auditivos como de comportamiento de los cantantes y bandas, y estos cambios siempre deparan algún tipo de conflicto social; no hay más que pensar en el que estamos viviendo actualmente con el cambio de soporte audiovisual y las polémicas sobre la adquisición de estos productos a través de Internet.

 

Aún así, la parte más trascendente, sobre lo que está basada la película y que transmite de modo patente: la importancia de la música. Muchos de nosotros nos sentiremos identificados con este emblema subyacente en toda la cinta de principio a fin, tanto por su banda sonora, exquisitamente escogida entre lo mejor de los años sesenta, tanto temas mundialmente famosos como otros que tuvieron una presencia más discreta en listas pero cuya calidad es igualmente estupenda y, en general, música que ha envejecido muy, pero que muy bien y aparece en momentos inmejorablemente adecuados, la mayor parte de las veces con sentido justificado por la letra. The Kinks, The Who, The Rolling Stones, The Beatles, Procol Harum (ese magnífico e inolvidable A Whiter Shade of Pale), entre muchos otros. Puede que este haya sido el motivo de su relativo fracaso: si al espectador no le vuelve loco la música, no está mal y punto. Pero si la música forma parte esencial de la vida de quien la ve, el efecto cambia diametralmente.

 

Como uno de los personajes dice en un momento clave hablando de un pequeño drama que le ocurrió: “lo he superado porque vivo para la música”.  Superar algo gracias a ella no debe de haber sido muy frecuente entre nosotros, pero ser un importante colchón de alivio en las caídas, seguro que sí. Y eso no es poco.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS 8.5/10