Kraftwerk y la tercera dimensión

La semana pasada, Kraftwerk anunció concierto en España, concretamente en Barcelona, y eso es motivo de celebración para cualquier amante de la electrónica y de la música en general (y también motivo de envidia para los que no podamos desplazarnos hasta allí).

Será el 22 de abril en el Liceu, lugar privilegiado para un espectáculo que ya habían presentado en la ciudad (en el Sonar de 2012). Kraftwerk en 3D, y que se trata más de un espectáculo audiovisual, propio de museos o recintos especiales, que de un concierto al uso. Míticas son sus presentaciones en el Moma de Nueva York 1 2 3 4 5 6 7 8, donde interpretaron su discografía casi al completo, desde Autobahn hasta Tour de France.

El coqueteo con las 3 dimensiones empezó en 2011 en las galerías Lenbauchhus de Munich, con una instalación de video donde se proyectaban videos de la banda en 3D. A partir de ahí, las presentaciones a lo largo de todo el mundo fueron modificando la interpretación de sus clásicos de siempre desde otros puntos de vista.

Lejos quedan ya los primeros shows en los 70 donde pequeñas salas apenas se llenaban y las críticas a su minimalismo y frialdad eran mayoría.

En sus primeros pasos, Ralf Hutter y Florian Schneider, de formación clásica, no tenían tan claro su proyecto, y se acompañaron de tres percusionistas para formar Organisation, cercano a la experimentación del Krautrock. Reflejaban la frialdad de Dusseldorf, donde tenían su centro de operaciones en una antigua refinería.

Hasta que dieron con la tecla de Autobahn (1974) con el que, a pesar de todo, tenían que seguir luchando contra los males de todo artista innovador: la incomprensión.

La coherencia al usar nueva tecnología está clara y la innovación y el gusto por la imagen han sido siempre claves en su trayectoria. Las maravillosas portadas de sus discos (trabajando con Emil Schult, que no se limitaba al diseño sino que escribió letras y tocó la guitarra), la unión en directo de proyecciones con su música, o la información que ellos mismos filtran en las entrevistas que conceden (siempre que no se limiten a enviar a unos maniquíes en lugar suyo) son parte de un todo, del concepto Krafwerk.

La originalidad musical de la banda está fuera de toda duda, incluyendo la idea de cantar en alemán, el crear álbumes conceptuales o la utilización de un lenguaje cotidiano que hablara del presente (algo que Hutter llama Etnomúsica e identifica como precursor del Hip-Hop).

A finales de los 70 iniciaron un leve acercamiento hacia el pop resultando algo más accesibles (e incluso bailables), con éxitos como The Model o The Robots, singles extraídos de The Man Machine (1978). Ya no había vuelta atrás, se habían convertido en historia de la música popular.

Desgraciadamente, llevan sin publicar disco desde Minimum-Maximum (2005) y tan solo recogían actuaciones en vivo de su gira del Tour de France Soundtracks (2003). Claro que a lo mejor no debamos esperar nuevo material teniendo en cuenta que para la publicación de este último habían pasado 17 años desde el anterior, Electric café (1986).

El perfeccionismo que implica darle vueltas a una misma composición buscando la total eliminación de errores dificulta la salida de material nuevo. Además, Ralf Hütter es el único miembro fundador que permanece en la banda tras la marcha amistosa de Schneider en 2010.

No es fácil encontrar una banda que haya influido tanto en el mundo del rock. Gente como Bowie, New Order, o Afrika Bambaata han reconocido públicamente su admiración.

Las crónicas de este último espectáculo hablan de la irregularidad del efecto y de la gente quitándose y poniéndose las gafas de 3 dimensiones, pero no seré yo quien los contradiga, no sería la primera vez que anticiparan el futuro.