sábado, octubre 19, 2019

Fin de David Monteagudo, ¿Novela de misterio?

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FIN

 

Novela

Editorial Anagrama

Empezaré por una curiosidad.

Hay algo de dudosa caladura cuando en el resumen que nos ofrece una editorial, y bajo la imperiosa necesidad, aducirían, de mantenernos el suspense, se nos priva abiertamente la exposición de su ocurrencia haciendo uso, y sustituyéndola, por el eufemismo de: “acontecimiento externo”. La editorial de la que hablo es Acantilado, y el resumen al que me refiero el que aparece en su página web en relación a la obra de que es objeto esta reseña. Y me resulta curioso, decía, porque en definitiva ¿no es lo que deberían vender esta clase de historias, aunque sólo sea por darnos el gusto de diferenciarlas? ¿O se trata sólo de la forma en que se nos introduce en el código de su género? Novelas de un acontecimiento. En singular y destacando su unicidad. Uno; un acontecimiento.

Porque sí, luego hay otros, otros acontecimientos, pero todos se derivan del primero en una impecable ley de las posibilidades que viene regida, inaugurada, por la inicial.

¿Qué esconde pues; cuál es ese “acontecimiento externo” al que se alude también en la contraportada de la novela? Pues bien, la situación es la siguiente: un grupo de antiguos amigos de la adolescencia se reúne tras numerosos años en una casa rural cuando un inexplicable apagón deja inutilizados todos los aparatos electrónicos –apagón; un apagón era el misterioso acontecimiento-. No es para tanto, ¿no? Al menos no tanto como para escamoteárnoslo. Se encuentran a varios kilómetros del lugar habitado más próximo y, claro está, no les queda más remedio que tratar de llegar hasta allí con el consecuente disgusto y posterior desasosiego. El misterio sólo acaba de empezar, digamos, y entonces…

Entonces se entretiene al lector, y no de mala manera.

Quiero decir que el autor ofrece algún que otro giro –que no desvelaré pese a la tentación–particularmente agradable, aunque luego también, con la repetición, pierda su atractivo. Estamos en ese punto en que no cagarla, en ocasiones, es el mayor mérito de una novela, y a esta no la privaré del suyo. A continuación el señor Monteagudo, nuestro particular escritor, adoptando un par de poses trascendentales busca dar cuerpo dramático a la experiencia –porque admitámoslo, algunos sucesos apocalípticos son bastante aburridos–, arrojando desconfianza e hipótesis de villanía sobre el único miembro del antiguo grupo de amigos que no ha acudido a la reunión. En este punto asistimos a la escenificación del cliché del inadaptado que tras años de enquistamiento busca resarcirse de quienes fueron sus púberes verdugos. Aunque por desgracia el trauma, el que debiera motivar tan desaforada sed de venganza, se antoja tan débil, tan trágicamente ñoño, que de ello lo que se deriva es un sopinstant de culpabilidad en sus viejos camaradas que dejan a la novela carente de un trasfondo psicológico poderoso. Estamos ante el gobierno de lo que podríamos llamar: la implacable ley de la vacuidad.

 

Déjenme introducir aquí una presunción.

Una reseña es una respuesta a una pregunta, pero esa pregunta no es la novela que se ha leído. Quizá por eso, cuando una obra plantea numerosos interrogantes, se gana el derecho a crear, a poseer, una interpretación; y aunque siempre cabrá la opción de que quien escribe estas palabras simplemente no sea capaz de hallarlos, existirán otras, otras historias me refiero, a las que uno da vueltas y vueltas tratando de encontrar en ellas el modo por el que acceder a sus secretos –si estos existieran– sin atinarlos fuera de un contexto comparativo con otras de su género. Y el género, admitámoslo por lo bajito, ¿no es aquello a lo que se recurre cuando la mediocridad busca esconderse tras el bulto? Por esta vez, además, no caeré en el bienaventurado elogio del simple entretenimiento. Más. Quizá no deba, pero en una buena historia puede haber algo más. Y cuando la mente, azorada, llama con insistencia a la moderación de nuestras críticas quizá es porque estamos siendo compasivos con nosotros mismos, prudentes ante el fruto inútil que tal vez se derivará de nuestros propios y futuros intentos por hallar la excelencia.

Es lo que me ocurre con Fin, de David Monteagudo. Una buena…, en fin. Una buena novela.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 5/10