Entrevista Crazyminds con… Paolo Genovese

PAOLO GENOVESE

Es difícil de creer, e incluso de imaginar, que después de 20 años te llegue una carta del Ministerio de Educación en la que te digan que tienes que repetir el examen de selectividad. Pero el italiano Paolo Genovese se ha atrevido a poner a los protagonistas de Inmaduros en esa tesitura… La historia en su país ha hecho mucha, muchísima gracia, tanto es así que ha sido vista por casi tres millones de espectadores… El director, su guión y su música han estado nominados a los que podemos considerar los ‘Goya italianos’, los premios David de Donatello. Ahora viene a probar suerte en España. Crazyminds ha tenido la oportunidad de hablar con él antes de su estreno.

Crazyminds: La película ha sido un éxito rotundo en Italia, pero cuando uno sale de las fronteras de su país, ¿tiene cierta preocupación por saber si va a funcionar igual de bien?

Paolo Genovese: Sí, se tiene… Pero la película ha salido en muchos festivales de cine de todo el mundo y siempre le ha gustado al público. A lo mejor no será una película muy taquillera en el extranjero, pero estoy tranquilo.

C:Es un tema recurrente el de las reuniones de amigos… de hecho al verla me ha venido a la cabeza la imagen de la mítica Friends… quizá no en ésta en concreto, pero, ¿te has inspirado
en alguna serie o película de temática similar?

PG: Serie no… película sí… quizá la mayor película de este género es The Big Chill (1983, Lawrence Kasdan). En mi película he querido contar la historia de antiguos compañeros de
la escuela que se han reencontrado, pero es un medio para tratar temas que son propios de mi generación y de la nostalgia del pasado…

C: Dices que son temas de tu generación, pero otras generaciones más jóvenes, como es mi caso y el de nuestros lectores seguramente, se pueden sentir identificados con lo que cuentas. ¿Por qué vender esta historia solo para personas que rondan los 40?

PG: En realidad en Italia el público que se ha identificado con la película va desde los 15 hasta los 70 años, no abarca solamente una generación. Es una película para todos porque los temas que trata abarcan las preocupaciones de personas con edades muy distintas porque representan la dificultad de crecer, de asumir la responsabilidad sobre algunas cosas que te pueden pasar en la vida y de establecer relaciones de amistad o de amor que sean estables.

C: Son siete personajes muy diferentes… ¿con cuál te identificas más?

PG: Sinceramente… con ninguno en particular. Pero obviamente en cada uno de ellos hay algo que tiene que ver con mi vida, no tiene que ser con mi personalidad directamente, pero sí cosas que me han pasado a mí o a mis amigos. Encuentros, historias que me han contado… Así que… en realidad en cada uno sí hay algo que ha tenido que ver con mi vida.

C: Los niños en tu película son la voz de la sabiduría, el mayor símbolo de madurez. Son los que hacen a los mayores poner los pies en el suelo…

PG: En todas mis películas los niños son ‘la voz de la sabiduría’. Por mi experiencia, he entendido que si sabes escuchar a un niño, te va a dar un punto de vista interesante sobre la realidad, porque no está contaminado por lo que dicen se debe o no hacer…

C: Es especialmente nostálgica una parte de la película en la que los protagonistas vuelven al instituto y recuerdan dónde se sentaba cada uno, recuerdan a sus compañeros… ¿Tú has vuelto al instituto después de años como ellos? Y si es así, ¿qué has sentido?

PG: De hecho he vuelto a mi escuela para rodar la película… (risas).

C: ¡Entonces te habrás podido reencontrar incluso con alguna cara conocida, algún profesor!

PG: En realidad no porque… yo soy viejo (risas). Los profesores ahora ya no están, han cambiado o ¡han muerto! (risas). Pero sí que me ha sorprendido ver que en los sitios en los que yo estaba cuando tenía 20 años hay otros veinteañeros.

C: La historia es muy simpática de principio a fin… Es difícil mantener el ritmo en una película sin caer en la exageración en algún momento -hay una situación en la que hay un puñetazo, pero tampoco llega a ser nada melodramático-. ¿Cuál es el truco para mantener este ritmo tan amable durante toda la película?

PG: Lo primero, darte las gracias. Yo dedico muchísimo tiempo a escribir mis guiones y, mientras escribo, ya estoy montando las escenas en mi cabeza, imagino un ritmo pensado precisamente para que no descienda el interés del público. Es un trabajo que hago tanto en el momento de la escritura como en el momento del montaje… No creo un vínculo tan fuerte con algunas de las escenas que ruedo, es decir, que estoy dispuesto a cortarlas si es necesario para que la película mantenga un buen ritmo.

C: Uno de los peligros del humor en Europa es que en cada país es ‘muy suyo’. ¿Temes que el humor que derrochas en Inmaduros, no se entienda aquí? ¿Realmente hay tanta diferencia entre el ‘humor español’ y el ‘humor italiano’?

PG: Sí que existe un humor propio de cada país… pero esa diferenciación es válida cuando tiene que ver con hechos relacionados con el propio país, entonces, obviamente una persona que no es de ese país pues no los podría entender. Yo creo que hay que hacer un tipo de comedia con un lenguaje internacional y para eso es necesario que no haya referencias a hechos aislados de un país, sino que haga referencia a sentimientos universales que puedan ser compartidos, como por ejemplo ocurre en el cine de Woody Allen… Yo cuando he escrito la película he pensado en una historia que se pudiera entender también en el extranjero.

C: Nada que ver con películas como Torrente…

PG: No… (risas). Pero luego hay películas como Bienvenidos al Sur, que tiene muchos chistes referidos al dialecto de esas regiones de Italia… Me pregunto cómo habrán hecho para que aquí llegue esa ironía.

C: La música que acompaña a la película es como un sello italiano, ¿es algo intencionado o innato?

PG: No tenía la idea de dar una imagen italiana porque, de hecho, habría que diferenciar entre dos tipos de música: la música compuesta para ambientar el film, que es de un compositor italiano, pero hay muy poco de él, y luego hay música que es de archivo, como las canciones que lanza uno de los personajes desde la radio, que son internacionales. No era intencionado eso de marcar ‘un sello’. Hay un toque, sí, pero conviven las música italiana con la extranjera.

C: La fotografía está también muy cuidada, hay planos muy pictóricos… ¿Te has inspirado para ello en algún otro director, fotógrafo, incluso algún pintor?

PG: No me he inspirado en nadie en particular, pero para mí es importantísima la fotografía… Mucho. Hablé mucho con el director de fotografía para hacerlo lo mejor posible. La elección de las localizaciones siempre están pensadas para que funcione la película pero también para que salga bien la fotografía. Curiosamente para el director de fotografía esta película es su ópera prima para el cine, ¡y es buenísimo!

C: Esta historia tiene una segunda parte y la acabáis de estrenar en Italia…

PG: Es exactamente la continuación. En Italia después del ‘examen de madurez’ -así se llama el examen de selectividad-, es tradición hacer un viaje. Los protagonistas emprenden este viaje después de haber aprobado el examen, se van a Grecia, y en ese momento, en el que supuestamente acaban de alcanzar la madurez, tanto en las escuela como en la vida… todo se pone en cuestión otra vez.

C: ¡Entonces puede haber una tercera parte!

PG: No, definitivamente no… (risas)

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