Crocodiles garantizan la afirmación: ¡Rock never dies!

Fecha: 5 julio de 2011 Lugar: Be Cool (Barcelona) El rock nunca morirá y me complace afirmarlo rotunda y contundentemente después de asistir al espectáculo que el pasado martes 5 de julio Crocodiles ofrecieron en la ciudad de Barcelona. Ante un público demasiado reducido, todo hay que decirlo, pero incondicionales de la banda, los de San Diego (California) ofrecieron un concierto también escaso en lo que a ‘tempo’ se refiere, pues no duró más de cuarenta minutos. Minutos cuidados como oro, donde no faltaron, eso sí, sus mejores temas. Brandon Welchez, Charlie Rowel y su banda aparecieron en el pequeño escenario, también, que se les hizo minúsculo, media hora más tarde de lo establecido en el horario. Surgieron al grito de: ‘Bésame mucho, Barcelona!!!’ con esas poses de rockeros malotes, rebeldes, chulescos, casi desafiantes. Con esa actitud de no querer cuentas con nadie, pero que tanto atraen las miradas. Yeah!!! WTF!? Y llegaron entre ruido de guitarras que gritaban hambrientas de ser tocadas, entre distorsiones ensordecedoras, a lo My Bloody Valentine, de los que se nutren para inspirarse entre muchas otras bandas como Jesus and Mary Chain, Echo & The Bunnymen o Joy Division. El primer disparo que rompió el hielo y nuestros tímpanos, a su vez, fue un tema de su primer disco, del aclamado por crítica y público: Summer of Hate. ‘I can’t stand it’! Y es que no podíamos esperarles más. Teníamos ganas de volverles a ver después de su visita a Barcelona el pasado mes de marzo como teloneros de White Lies a los que, con todos mis respetos, igualan o incluso superan sobre un escenario. Y como muchos ya lo sabían, los 20 míseros minutos ofrecidos en Apolo supo a poco y esta nueva visita se esperaba como agua de… julio. Y así con Neon Jesus comenzaron su clase magistral de rock’n’roll, de distorsiones surferas, con la que casi alguno muere de placer. Tras este tema, llegaron los mejores del Sleep Forever. Disco con el que se han consolidado definitivamente como una banda grande y que Charlie Rowel, guitarrista, y el tipo que suelta mas esputos por metro cuadrado (eran muy pocos en Becool recuerden) de todos los rockeros habidos y por haber define como: ‘un trabajo que mezcla violencia y belleza’. Y no le falta razón, es claramente así. Y en directo, además, es del todo hipnótico. Crocodiles combinan como nadie romanticismo y euforia y le ponen pasión y rabia. Y esta última les sirve para crear una atmosfera psicodélica, mágica, que hace que te olvides del mundo. Como nos olvidamos los allí presentes el pasado martes, al escuchar en directo temas como: Hearts of love, Mirrors, I wanna kill y así hasta ocho temas componían un escaso pero potente setlist que a pesar de la brevedad satisfizo a todos e incluso consiguió que un espontáneo/amigo de la banda, saltara al escenario a lo Jimmy Jump y gozara del momento, mientras abrazaba a Brandon y Charlie ante nuestros ojos atónitos, mientras nos moríamos de la envidia. Un setlist corto, pero al que no le faltó el bis de rigor. Un bis en forma de regalo, de versión de un tema de los grandes. Temazo de uno de los padres del punk rock, por excelencia: LOS RAMONES. Crocodiles vistieron al Beat on the Brat a su manera. ¡De qué manera! Y el experimento quedó de lujo. Ramones estarían bien orgullosos de sus discípulos. No hay mejor forma que poner el broche final a una buena velada de rock’n’roll, que hacerlo con un tema de una de las grandes bandas de todos los tiempos. Una gran banda como a la que aspira a convertirse Crocodiles. Si nada falla, tienen todo lo que hace falta para recibir ese reconocimiento. Todo apunta a que llegarán alto. Es entonces cuando diremos aquello de: yo estuve allí. Estuve en el concierto de Becool. Aquel que hicieron en petit comité, cuando solo unos pocos fans les seguían fervientemente. Y cerrando el círculo de esta crónica sólo puedo repetir lo que anunciaba al inicio: Rock Never Dies!!! Thank’s Crocodiles for making it possible!

Escrito por
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