Adiós Blueberry, adiós Incal, ¡hasta siempre, Moebius!

MOEBIUS

En el mundo de los cómics existen autores que consiguen eliminar tópicos, que logran acabar las dudas sobre el mal atribuido carácter infantil de esta forma de expresión para elevarla a la categoría de noveno arte, autores que han marcado a más de una generación y que han inscrito su nombre no en piedra, pero sí en viñetas y en bocadillos. Jean Giraud ‘Moebius’ fue uno de esos nombres míticos, de leyenda, para aficionados y para no aficionados; uno de los que no podemos creernos que ahora haya que hablar en pasado.

Con 73 años, y pronto, demasiado pronto, Moebius se ha marchado tras una larga enfermedad que nos deja sin uno de los dibujantes más influyentes del siglo XX en el cómic europeo y mundial. Una auténtica institución en su país y en el resto del mundo, la historia de Gir, como firmó gran parte de sus trabajos, comenzó en un suburbio de París en 1938. El destino o quizás la casualidad encaminaría sus pasos hacia lo que amó a lo largo de toda su vida y con el que logró enamorarnos a multitud de fanáticos de las viñetas. Una enfermedad lo llevó a casa de sus abuelos donde conoce sus primeras ilustraciones en una edición decimonónica de La vuelta al mundo. A partir de ahí comienza su obsesión por el dibujo que le llevó a la Academia de Artes Aplicadas de París y a su primera historieta publicada en la revista Coeurs.

Moebius fue un hombre movido por grandes pasiones que le guiaron prácticamente de la mano para crear grandes obras. Su amor por el western nos ha dejado una de las referencias de este género al mismo nivel, o tal por encima, de nombres como Clint Eastwood, Sergio Leone o John Ford. El teniente Blueberry, la serie sobre un teniente del ejército norteamericano en el Lejano Oeste, lo elevó junto al guionista Charlier, al Olimpo de los autores desde que sus primeras páginas aparecieran en la mítica revista francesa Pilote en 1964. Blueberry, que continúa publicándose, es algo más que un cómic con éxito. Quizás la obra más representativa de Giraud, este cowboy con la cara del amigo del dibujante, el actor Jean Paul Belmondo, permite seguir la evolución de sus trazos y supone el trabajo y legado de la vida de un artista con mayúsculas. A lo largo de casi 50 años de historias, Gir aprende y nos enseña a la vez con Mike S. Blueberry: de unos inicios dubitativos, casi imprecisos, con fondos desdibujados, a un cuidado extremo por los detalles hasta un estilo personal con tono propio e inconfundible donde los detalles pierden ya la importancia.

“El acto de dibujar es algo mágico. La magia está a nuestro alrededor, y con el tiempo se convierte en una técnica de comunicación. La busco en todo momento, pero es difícil de conseguir”, narraba hace unos años el propio autor. Esa búsqueda constante le hizo capaz de crear esa magia con lápiz y papel, de encontrar la ilusión, el asombro y el hechizo que viejas películas del oeste y de ciencia ficción destilaban en sesiones de tarde y cines de verano y consiguió entretejerlas para crear universos únicos del noveno arte.

Esa inquietud, esa necesidad de crear otros mundos a través de sus dedos, le llevó a otras de sus grandes pasiones y a generar otra revolución asociada para siempre con su nombre. En 1980 su interés, casi obsesión, por la ciencia ficción le llevó a unirse al guionista chileno Alejandro Jodorowsky y de la mano llevaron a una legión de lectores hasta el maravilloso mundo de El Incal. Giraud se reinventó a sí mismo en el mundo de la ciencia ficción y decidió cambiar de nombre. Como Moebius pasó del realismo que le había marcado hasta entonces a un estilo reducido, sin florituras, pero que dejaba su huella en la retina para viajar a un mundo futurista y onírico, lleno de misticismo y mitología. Este género ya no sería el mismo.

Su obra más personal, Inside Moebius, nos acercaba a su caótica y maravillosa imaginación y demostraba que podía volver a revolucionarse con 70 años.

Supongo que habrá quien no haya leído un cómic y se crea liberado de la influencia de Moebius. Lo siento, os equivocáis. Las creaciones del francés han trascendido sus páginas y otras de sus pasiones le llevaron hasta el cine. Trabajó en multitud de películas cuyos diseños y estéticas se los debemos a él: Abyss, Tron, Alien, Willow o algunas entregas de Star Wars son algunas de sus deudoras.

Con Giraud se nos va un genio, un soñador, un artista… un creador de mundos alternativos que sin saberlo influyó en la vida de quienes acudieron a una biblioteca, abrieron una revista o recibieron un regalo con páginas de papel llenas de un tío duro con uniforme de caballería o a un detective con un loro parlante. Nos lega Blueberry que queda huérfano sin poder cumplir los planes de su progenitor, El Incal, El corazón coronado, El garaje hermético… Inacabada queda su última aventura la trilogía de Arzak que unía su pasión por el western y el futuro. No sé por qué pero no parecen suficientes.

Hasta siempre Moebius, que sigas dibujando aunque ya no podamos verlo.