Lista Crazyminds: Canciones para salir a correr

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Es el momento de calzarse las zapatillas y salir a correr. Qué pereza, sí, pero en el fondo nos apetece, el cuerpo nos lo pide, necesitamos liberar un poco de adrenalina para que con el sudor generado se diluyan todos nuestros dolores de cabeza y queden esparcidos por el suelo de la ciudad, o de la montaña, o de allá donde hayamos escogido para hacerlo.

Pero nada de empezar de golpe, primero hay que calentar un poco. Un paseo ligero y cuatro estiramientos. Respiramos profundamente, evaluamos el terreno. Va, tampoco será para tanto, y si lo hacemos a ritmo de Chromatics con su These Streets Will Never Look The Same casi que mejor. Sí, las calles no volverán a parecer lo mismo tras nuestro paso, o al menos no volveremos a percibirlas igual por un tiempo, y lo sabemos.

Llega el momento de comenzar. Primeros metros, aún frescos y preparados para comenzar como dice la canción de Arcade Fire, Ready to Start. Respiración a ritmo, brazos acompasados, pies que empiezan a ir solos. Pero cuidado, no nos emocionemos mucho, bajemos un poco el ritmo, que nos queda un buen trecho y hay que llegar al final. Clásicos como el motivador I’m Gonna Be (500 miles) de The Proclaimers o Golden Brown de Stranglers nos pueden ayudar a ello. O darle un toque de desenfado y diversión al ritmo de Caesars con su Jerk It Out, otra buena opción.

Qué buen ritmo llevamos, sí. Esto es pan comido, no hay dolor, el cansancio aún no es bienvenido. Espantémoslo a ritmo de Crystal de New Order y el Suffocation de Crystal Castles, y si las fuerzas empiezan a fallar, ataquemos ya con Plug In Baby de Muse y dejemos que sus guitarrazos, su batería potente y su estribillo nos den las fuerzas que necesitamos. El sudor empapa toda nuestra cara y riega a gotitas el suelo que pisamos pero nos sentimos muy grandes. Es el momento entonces de empezar a perder el control con The Chemical Brothers y su Out of Control, adelantar a nuestro vecino y prepararnos para el último tramo.

El más difícil. El más delicado. Porque parece que ya no podemos más pero es sólo psicológico. No nos engañemos. Estábamos esperando este momento. Subamos el ritmo ayudados por Quiet Little Voices de We Were Promised Jetpacks, imposible bajarlo después con ese It’s Not Over Yet de Klaxons que nos recuerda que aún no hemos acabado, y aún menos con Gold Guns Girls de Metric. Y la puntillita, los últimos metros, a darlo todo, ahora sí, queremos temazos que nos lleven mentalmente a nuestras noches de juerga para encontrar la última motivación. Imposible no hacerlo con How Deep Is Your Love de The Rapture ni con Midnight City de M83. Que los saxos finales que salen al final de las dos canciones nos infundan la locura y la energía necesaria para afrontarlos. Ya podemos cantar sus estribillos, si ello nos motiva aún más. Porque sí, con ellos lo hemos conseguido, hemos llegado al final.

Stop. Te lo dice de repente Where Is My Mind de Pixies. Toca entonces parar poco a poco, bajar el ritmo y las revoluciones, y estirar. Controlar la respiración, sentir el calor en la cara, un leve entumecimiento en las piernas. Nada grave, todo pasajero. ¿A que no ha sido para tanto? Claro que no, y repetiremos otro día. Porque ya tenemos la música para hacerlo.

Escrito por
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