miércoles, febrero 19, 2020

Xoel López: “Me pone ese salto al vacío que hay antes de sacar un disco”

Entrevistas Xoel López: "Me pone ese salto al vacío que hay antes de...

Xoel López se embarcó en un viaje por Latinoamérica que acabó durando cinco años. Una aventura para “encontrarse perdiéndose” o, al menos, así lo ve el gallego. De su “crisis auto-inducida” ha nacido una trilogía musical que comienza con el salto al vacío en Atlántico (2012), continúa con la comodidad por fin alcanzada fuera de la zona de confort expresada en Paramales (2015) y que cerró en noviembre de 2017 con Sueños y Pan.

Experimentación musical, capas de producción y letras que son poesía. Hablamos con Xoel de sus sueños y su pan.

Sueños y pan, ¿es lo que le pides a la vida o lo que has conseguido en un ejercicio de equilibrio?

Sí, es muchas cosas. Yo me di cuenta de que, en parte, dice más de lo que yo incluso podía imaginar. Una vez empiezas a enredar en el título y el significado, me di cuenta de que es mucho más importante para mí de lo que yo pensaba.

Por un lado es a lo que considero que debería aspirar cualquiera, es lo que le desearía a la sociedad en la que vivo, al mundo en general. Por otro lado es lo que yo sí he conseguido, mis sueños y mi pan, desde la música. Además, el mundo de los sueños y es algo muy presente para mí, todo lo inconsciente, todo lo emocional que yo lo relaciono cono ese mundo; y al mismo tiempo el pan, como todo lo práctico, lo más terrenal. Ahí me toca ser un poco equilibrista y lidiar con esas dos realidades, que no siempre se ponen de acuerdo. A veces uno sueña cosas que uno no siempre puede alcanzar o idealiza cosas que luego son de otra manera… Habla de esos ideales, de lo que yo pensé que iban a ser las cosas y cómo son realmente.

El pan es un símbolo de nobleza, es algo muy noble para mí, es algo que se hace con trabajo y parte de la tierra, de una semilla que germina, necesita dedicación, convertir esa espiga en harina… Todo ese proceso de la elaboración del pan tiene que ver con cómo yo siento el proceso de los discos y de las cosas de la vida, que son proceso a veces largos, en los que hay que poner mucho cariño, dedicación y amor.

Todo va apareciendo poco a poco para mí, yo soy muy de poner las cosas “porque me salen”, digamos, y luego buscarle las cosquillas. Yo compongo de una forma muy abrupta, de algún lugar incluso desconocido para mí, como del mundo de los sueños.

Alcanzas los 40 y con un hijo y con 14 álbumes bajo el brazo, ¿te sientes más sabio, con las cosas más claras?

Soy un poco más sabio porque algunas cosas las conozco mejor, y  al mismo tiempo te das cuenta de que esto es una lucha interminable. A nivel filosófico las preguntas solo te conducen a otras. La pregunta es infinita, uno siempre se está preguntando.

Sí considero que al final la vida es avanzar como uno puede y conseguir descifrar algunas cosas, pero nos vamos con muchas preguntas. Es algo que tengo muy asumido a mis 40 años y, sin embargo, no dejo de preguntarme cosas.

He aprendido a ser un poco menos pretencioso, he entendido que se puede lo que se puede y hay cosas que son un poco inalcanzables, y que lo importante es estar en movimiento y que lo importante es tener algo hacia lo que caminar. La vida no es una meta, es un camino.

La canción que abre el disco, Jaguar, tiene un toque divertido, infantil. Volver a la infancia es un recurso que cada vez usas más

Esa canción, a través de la que yo vuelvo a mi infancia, habla mucho también de cierta experimentación y una forma de entender la música.

Jaguar es un jugueteo, algo que me permití hacer: volví a mezclar gaitas con guitarras eléctricas… Eso digamos, con mi mentalidad aperturista, infantil, me lo pude permitir. Si hubiera aparecido la seriedad del hombre adulto igual no me habría atrevido. Me sirvió para volar, probar cosas que aparentemente no podrían resultar. Eso es lo que he sacado en claro de esa grabación. Es un juego.

Una canción que, como comprobé en Colombia, funciona muy bien directo. Va a ser divertido tocarla.

“Yo fui hijo de todas las madres, y fui huella de todo camino / fui cometa de todos los cielos y de todos los sueños perdidos”, dices en Cometa. Es una canción similar en el fondo a Tierra, siempre buscándose en el amplio mundo. ¿Te sientes de aquí y de ninguna parte?

Me gusta tu visión. El “hijo de todas las madres y huella de todo camino” es de alguna forma decir que en todos los sitios en los que he estado y por los que he pasado, los viví a fondo y muy intensamente. Pienso en las madres en este sentido en que no soy de un único lugar y soy capza de adaptarme a otras patrias y matrias, no tengo un único punto fijo.

Ese “cometa por el cielo” es el vagar, el ser solitario. Los “sueños perdidos” en el sentido de que la vida no es siempre un camino de rosas y hay esa realidad.

Es una oda a la vida, a pesar de lo bueno y lo malo, hay que vivirla intensamente. Una oda a la realidad más cruda, pero vivir a pesar de todo.

Esta canción me gusta mucho tocarla en acústico en directo y quitarle todo el peso de la producción que lleva. Es porque en el disco, planteándome la producción, a veces hace un poco de coraje y hace que tardes un poco más a algunas esencias de las canciones. Si llegas, lo tienes todo, la parte musical/experimental y la letra más íntima. Es verdad que está todo camuflado.

Insomnio es la canción de amor este disco, una balada preciosa

Veo que la gente está respondiendo de una manera muy especial con esta canción, igual que yo, y es muy bonito. Yo la siento como un tema que toca un lugar muy especial en mí, muy profundo, muy sentido y muy real. Como compositor, tengo esa plenitud de haber expresado de haber sacado algo así de dentro de mí.

Mi objetivo es una búsqueda final de verdad y de belleza que yo considero.

Durme y Serpes has decidido cantarlas en gallego y no es la primera vez que optas por usar este idioma. ¿A veces el castellano se queda corto para expresarte?

Es un caso muy particular. Serpes es una canción de mi infancia, de mis verano en Lugo en casa de mis tíos, es como un recuerdo que tengo de puro campo, montaña, ríos… pura naturaleza. Yo creí que de alguna manera tenía que ser en gallego, porque el contexto era gallego y el pueblo era Galicia pura. Cuando yo lo recuerdo y escribo el poema primero, lo decidí así.

Durme, porque se la empecé a cantar a mi hijo en gallego, y así se quedó.

Podría haber pasado que hubiese cuatro en gallego o ninguna, depende más de la canción que de una idea preconcebida de lo que quiero para el disco. Es más aleatorio de lo que pueda parecer. Lo mío es mucho más casual y aleatorio de lo que parezca, aunque a un nivel inconsciente puede que no sea así y que en realidad lo tenga más pensado que lo que creo. Me dejo llevar mucho, soy más intuitivo.

Te dejas llevar, pero, ¿asusta el salto al vacío del nuevo disco, de arriesgarse con la mezcla de estilos y sonidos que pones en cada disco, o es una adrenalina a la que te has aficionado?

Sí, me pone, aunque también me genera un riesgo y ese salto de… “hostias, ¿se entenderá esto?”. Uno siempre quiere que haya una comunicación, yo tengo claro que mi música es una comunión con la gente y con el público. A veces es cuestión de más tiempo lograrlo, este es un disco de una segunda escucha y creo que ya conozco a mi público y confío en que lo van a hacer. Es una libertad que me da tener un público tan cojonudo, es una suerte.

El arte de la portada es un abrazo imposible creado por el argentino Pablo Font, el tercero que haces con él. Algunos hablan de cerrar una trilogía…

Es el tercero que hago con él, es como si, de alguna manera, hubiera encontrado a mi ilustrador ideal. Sí, es una idea que he oído por ahí, pero que no fue adrede. La idea se le ocurrió a mi mánager, Kin, y la verdad que me parece que sí que hay un cierre de trilogía. Es una aventura, ese viaje por Latinoamérica de cinco años, descubriéndome fuera de mí y todo lo que me traje con Paramales y ahora el remanso del aventurero, Sueños y pan.

Ahora estoy buscando más el refugio, esa canción a Madrid de la vuelta de “te sigo queriendo”… En la vuelta del viajero hay todo un tema y creo que es de lo que estoy hablando en este disco.

Le dedicas una canción a Madrid, tu nueva ciudad. Hablas de la idea preconcebida de la capital y cómo te cambia cuando llegas. ¿Cómo la ves ahora y cómo la veías antes?

Sí, es verdad, porque Madrid te da muchas cosas buenas y te da muchos palos. Es una ciudad como la vida misma. No veo las cosas desde un solo punto de vista y la canción a Madrid es también una oda porque al final con todo, es un SÍ a la ciudad con todos sus nóes. Es una canción yin-yan, lo respeta y lo quiere igual. La canción lo dice claramente: “No sé si me abrazaste, o me engulliste”.

Un día decidiste dejarlo todo y recorrer Latinoamerica, perderse para encontrarse. ¿Se ha encontrado? ¿Es esta trilogía el resultado de la búsqueda de Xoel?

Fue para encontrarme perdiéndome, lo definiría así. A veces, hay que descontextualizarte para poder redefinirte y volver a conocerte desde otro lugar.

Deluxe era una cosa que iba muy bien, pero que iba un poco rápido para mi gusto. Me sentía como que tenía una armadura fuerte, sólida, pero no me permitía moverme ligero y yo quería quitármela y volver a vivir de una forma un poco más ligera, como si fuera una culebra por las rocas de un río. Quería fluir en la vida.

Pude ver que no pasaba nada por irme, no era el fin del mundo. Fue una crisis auto-inducida para ver qué era auténtico y qué no… Me enseñó muchas cosas, yo aprendí mucho. En América sentí una libertad y las cosas que experimentaba a los 17 años cuando tocaba con la guitarra con amigos… volví a mi esencia musical. El experimento fue muy bonito y me dio mucho más conocimiento de mi propia vida y del mundo.

¿Crees que ese viaje abrió la experimentación musical que muestras ahora?

Sí, esa cierta libertad creativa. Me sirvió mucho no tener la responsabilidad del público, de que era mi trabajo, mi pan, y pude soñar más. Volví a equilibrar la balanza, porque tenía miedo de que lo hiciera, y conseguí evitarlo a tiempo. Tenía 30 años, por lo que era un “ahora o nunca”. Aproveché esa oportunidad, invertí lo que había cosechado (a nivel económico también), fue una inmersión de mi cosecha en vida, experiencias, música, conocimiento artístico, humano, social… La mejor inversión que podría haber hecho.