Santi Campos: “Este disco habla de la alegría como actitud vital” (2019)

Santi Campos

Fotografía: Alejandro García-Cantarero

Tres años después de publicar ‘Cojones‘, su primer disco en solitario tras Amigos Imaginarios (el tercero de toda su carrera), Santi Campos regresa con la que es, sin lugar a dudas, la obra cumbre de su discografía. ‘La alegría’ es un doble álbum donde el artista junto a Herederos, su actual banda de acompañamiento, hace un resumen de toda su andadura vital y artística, plasmando sin tapujos sus temores, vivencias, recuerdos, ilusiones, esperanzas y percepciones.

Abordar una entrevista con alguien que ha creado un disco con tanta profundidad y carga emocional, se convierte en una reflexión sobre la vida y el mundo que nos rodea. En una conversación que se alargó mucho más de lo aquí plasmado, analizamos junto a su creador todo lo que hay dentro de este maravilloso trabajo, de sus canciones, sus letras y su sonido. ‘La alegría’ es todo lo que Santi Campos ha sido y es, tal y como él lo siente y lo percibe. ‘La alegría’ es un concepto, una actitud y, sin duda alguna, uno de los discos más profundos que se han hecho en este país en los últimos años.

Cuando normalmente uno prepara la entrevista en cuestión, escucha las diez canciones del disco, intenta empaparse al máximo de lo que hay dentro de ellas, etc. Pero en el caso de esta entrevista, la verdad es que ha requerido mucho tiempo de preparación porque en ‘La alegría’ hay tanta profundidad conceptual y musical, que surgen muchísimos temas de los que poder hablar.

La verdad es que yo me he quedado vacío y nunca había tenido esta sensación. Tengo clarísimo que este es el disco más completo que he hecho, a todos los niveles. Con los anteriores discos tenía ganas de volver a grabar otro pero con este no. He terminado agotado (risas).

Después de tu periplo con Amigos Imaginarios, hace 3 años publicaste ‘Cojones’, el primer disco que firmabas con tu propio nombre. Tras esa experiencia, vuelves ahora con un disco absolutamente personal y ambicioso. Con respecto a toda tu trayectoria anterior, ¿dónde se sitúa ‘La alegría’ a nivel musical?

Musicalmente este disco está justo después de ‘Cojones’. Aquel álbum fue un cambio radical consciente y en este, la consciencia ha venido más por el hecho de no decir que no a nada. Este disco es un compendio de todo lo anterior, incluyendo no solo Amigos Imaginarios sino también a Malconsejo y a todo lo que he escuchado hasta que hemos entrado a grabarlo.

Digamos que la pretensión es hacer una especie de recopilatorio con canciones nuevas. Es un recopilatorio de mi forma de hacer música y, en las letras, de mi forma de ver la vida. Hay canciones que podrían estar en Amigos Imaginarios, hay otras que podrían estar en el disco anterior, incluso hay canciones que tienen el puntillo power pop de la última época de Malconsejo.

La verdad es que ‘La alegría’ es un disco para ir desgranando poco a poco, sacando todo el jugo posible a cada una de las canciones. Antes de adentrarnos en él por completo, me gustaría que me hablaras de los antecedentes. ¿Qué te lleva a embarcarte en este proyecto?, ¿en qué momento te das cuenta de que realmente tienes que acometer todo esto?

Es algo que surge de una manera accidental. Yo llevaba años rechazando canciones porque no pegaban con el estilo del disco de ese momento y me parecían canciones muy buenas. Una vez decidido que iba a meterme en este disco y que no iba a rechazar ninguna canción (porque decidí que el concepto del disco era todo), tuve que seleccionar las canciones que podían entrar o no y me di cuenta de que tenían que entrar todas, ya que no era posible una criba más. Todas me parecían muy buenas y que aportaban lo que quería: si quitaba las dos o tres canciones más poperas, se convertía en algo más crooner; si quitaba las canciones más crooner, se convertía en algo más americana… Yo creo que la coherencia de este disco es el hecho de que esté todo. Por último, una vez que ordené las canciones por capítulos, todo cayó por su propio peso.

‘La alegría’ es un disco completamente conceptual. Se divide en dos volúmenes, con dos capítulos cada uno y cinco canciones por capítulo. ¿Surge primero este concepto y organización del disco o, por el contrario, una vez que tienes las canciones, asumes la tarea de ordenarlo todo y buscar un porqué?

De hecho, el concepto surgió en el momento en que decidí ordenar las canciones para desechar. Empecé a ordenarlas por temática para no dejarme ningún tema fuera y me di cuenta de que había el mismo número de canciones en cada temática. Había alguna que podía bailar de una a otra pero, haciendo un poquito de trampa, me di cuenta de que todo encajaba perfectamente.

Este es el disco más completo e importante que he hecho nunca

Aunque parece tener un orden bastante lógico, ¿recomendarías escuchar el disco de otra manera que no sea de principio a fin?, ¿crees que se pueden obtener otras lecturas diferentes al variar el orden de escucha?

En el último capítulo, a nivel de letras, pasan muchas cosas. “Espejos”, por ejemplo, dice cosas muy interesantes, igual que “Casi un milagro” o “La alegría”. Pero claro, todo eso está en el último capítulo y cualquier oyente, por mucha voluntad que le ponga, ya llega un poco cansado. Por eso lo ideal es coger el disco por capítulos. Incluso creo que en Spotify podría estar, en lugar de dividido en dos discos, en cuatro capítulos o cuatro EPs.

Yo recomiendo escucharlo por capítulos. Eso como mínimo, aunque no necesariamente hay que escuchar los capítulos en orden. Lo que pasa es que en el disco hay mucha densidad de todo y, si tú te lo empapas de principio a fin, puede que cosas muy bonitas del final te las pierdas porque ya no estés con toda la atención necesaria.

En estas 20 canciones, ¿qué porcentaje autobiográfico hay?

La visión es 100% la mía, pero de cosas que me han pasado el porcentaje es menor de lo que parece. Hay una canción muy muy autobiográfica que es “Ruido de fondo” y que he tardado 40 años en hacer. Es la más dura de todas y tenía que ser la segunda del disco porque no podía empezarlo con ella y porque quería quitármela de encima lo antes posible. “Vino y diazepam” es claramente autobiográfica también.

Hay otras canciones, como por ejemplo “Tatuaje”, en las que hablo de una persona en concreto, de sus miedos. Luego están las que son claramente mi visión de las cosas, como por ejemplo “Barcelona”. “Podría llover” es una canción que no es autobiográfica pero que habla de un personaje que podríamos ser todos, el que se deja llevar por el punto amargo de la vida.

A pesar de que hay canciones bastante crudas o amargas, el título que lo engloba todo es ‘La alegría’. En un disco tan personal y que abarca tantos temas vitales y sentimientos, ¿por qué has elegido esta palabra como resumen de todo?

Porque creo que es el mensaje con el que hay que quedarse. Lo que intento hablar es de la alegría como actitud vital, no de la alegría como inconsciencia. Tras experiencias vitales de todo tipo, decides que tu actitud ante la vida es mostrar una sonrisa.

La primera canción del disco es “Cartas” y habla de “ser la mejor versión de mí” y las dos últimas son “Casi un milagro”, que habla de vivir sin hacer daño y “La alegría”, que son propósitos para hacer que tu vida y la de los que te rodean sean mejores. Al final es como si se cerrara el círculo y todo lo que ocurre a largo del disco es para llegar a esa conclusión: que la alegría es la actitud que debemos tener.

El primer capítulo se titula “Una educación católica”. ¿Qué importancia en tu vida ha tenido la infancia y adolescencia?, ¿Eres de los que miran hacia atrás con nostalgia?

No soy nada nostálgico, pero sí que es verdad que ha habido una época en el colegio de curas que me marcó mucho. No quiero que esto suene excesivamente dramático pero, de alguna manera, las cosas que me grabaron ahí son cosas que me han generado problemas o traumas y que, durante el resto de mi vida, me he dedicado a quitarme de encima. Por ejemplo, el sentimiento de culpa, el bullying, el concepto que tienen del sexo en un colegio que no solo era de curas sino que era únicamente de varones… Todas esas cosas, si mi familia no se hubiera mudado a Murcia cuando estaba en 2º de BUP, igual me habrían vuelto loco. Afortunadamente, nos fuimos a un instituto público y, de repente, la luz. Pasamos del blanco y negro al color. Precisamente por todo esto que te he contado yo he querido ser como soy.

“Ruido de fondo” es la canción que habla de todo esto y es realmente cruda, escrita sin tapujos y muy directa. Parece, como todo el capítulo, un ajuste de cuentas (casi necesario) con el pasado. En “Cartas” dices: “Tengo cartas por abrir que escribí desde el pasado, para que me recordaran que siguiera intentando ser la mejor versión de mí”. ¿Crees que has conseguido esto o sigues intentándolo?

Sigo intentándolo pero es que, además, creo que no hay que dejar de intentarlo nunca. Esto es como cuando alguien dice: “ya soy buen músico” o “ya soy buen arquitecto”, eso es mentira. Es que, si no tienes autoexigencia, jamás vas a conseguir llegar a eso.

Las ciudades están perdiendo la personalidad que tenían

Esta canción o “Enid Blyton” muestran la cara más amable de esa infancia y de esos momentos que hacen que uno sonría al recordarlos.

Curiosamente “Enid Blyton”, que parece la canción más nostálgica, no es nada autobiográfica. Lo único que es autobiográfico es que yo de pequeño leía libros de Enid Blyton. De hecho, esta canción es contraria porque en casa de mis padres nunca ha habido una habitación para mí, ni he visto “La Guerra de las Galaxias”, pero sí que me imaginé el tipo de personaje que protagoniza esta canción.

El segundo capítulo es “El viaje”. La profesión de músico, en la mayoría de casos, va ligada al hecho de viajar, de recorrer mundo. ¿Eres de los que disfrutan de todo ese proceso de cambio o mudanza?

He vivido en Pamplona, en Castellón, en Madrid diez años, ahora vivo en Barcelona… más que disfrutar de esos cambios, hasta ahora los necesitaba. Asociaba ese cambio de ciudad a un cambio en todos los sentidos. Había un momento que necesitaba irme del sitio en el que estaba para alejarme de mi vida de ese momento y empezar una nueva. Ahora la verdad es que no lo sé, pero bueno, mi ciclo son diez años y en Barcelona llevo ya ocho (risas).

¿Estos cambios coinciden también con etapas musicales?

Siempre. De Castellón me fui cuando disolvimos Malconsejo Y cuando me fui de Madrid, no es que disolviéramos Imaginarios, pero ya estaba todo dicho.

Con la canción “Barcelona”, en la que dices: “Esto no es una declaración de guerra, tan solo es una canción de amor”, todos los habitantes de las grandes ciudades podemos sentirnos identificados. En Madrid, el sentimiento de amor-odio es también muy común en los que aquí vivimos. Tú que has vivido en tantas ciudades diferentes, ¿qué piensas acerca de los continuos cambios a los que se están sometiendo estas ciudades y de los que hablas en la canción?

Los que hemos vivido el final del siglo XX y este principio del siglo XXI nos damos cuenta de que las ciudades con personalidad cada vez tienen menos personalidad. Además, esa poca personalidad que les queda, la explotan y lo convierte todo en un parque temático. De hecho, hasta lo más chulo que tenga la ciudad, termina siendo algo feo. El problema es que creo que no hay salida, que ya no hay vuelta atrás. Yo amo Madrid, he aprendido a amar Barcelona en muy poco tiempo y todo esto me da mucha pena. Encima no hay sitio al que huir porque los que somos urbanos, si nos vamos a un pueblo, no vamos a tener lo que tenemos en una ciudad y en la ciudad, no vamos a tener lo que buscamos en ella.

Precisamente te iba a hablar de esa necesidad de huir. En “Pueblo fantasma” hablas del hecho de dejar el mundo rural. No parecen estar bien las cosas en ninguno de los dos mundos. ¿En cuál de ellos te sientes más cómodo a pesar de todo?

Yo soy urbano, pero ahora mismo no me siento cómodo en ninguno. Por edad, cada vez soy menos noctámbulo, y hay una cosa de la ciudad que tiene que ver con todo eso, claramente. Yo nunca he vivido en el campo y no sé si sabría vivir en un pueblo. Vuelvo a lo que te decía antes, en realidad creo que no tengo sitio, que aún debo encontrarlo.

Creo que lo ideal es tener la pasta suficiente para tener un casoplón en el campo y una habitación en el centro de Madrid para venirte tres días y ver unos conciertos (risas).

Al hilo de esto, quiero enlazar con el tercer capítulo, que se titula “Polizones”. Hablas “de la necesidad de vernos en la mirada de los otros”. Para mí uno de los mayores males de la sociedad en la que vivimos actualmente, es la falta de empatía. ¿Qué opinas al respecto?

Es que antes eso no se planteaba. Antes ni siquiera tenías que realizarte como persona. Igual en la época de nuestros padres sí, pero en la época de nuestros abuelos lo único que tenías que hacer era trabajar y dar de comer a tus hijos. La forma de realizarte como persona es ver qué piensan los demás de ti y, de hecho, cuando no hay nadie que piense nada de ti, tú no sabes muy bien quién eres. Muchas frustraciones vienen de la soledad. Creo que esta es otra de las necesidades que hemos creado pero que viene de algo muy legítimo, que es la necesidad de realizarte.

La forma de realizarte como persona es ver qué piensan los demás de ti

¿Tú como músico sientes esa necesidad de reconocimiento?

Me gustaría que no, pero claramente sí. Por supuesto que prefiero que vengas a esta entrevista diciéndome lo mucho que te ha gustado mi disco a que vengas pensando lo contrario.

También dices que este capítulo habla de todo tipo de amor. Al final, es eso lo que mueve el mundo y lo que, finalmente, nos da valor como humanos. ¿A ti te resulta más fácil escribir sobre amor que sobre otros temas?

Ahora no. Ahora me resulta más fácil hablar sobre otras cosas. Por decirlo de alguna manera, el amor no deja de ser un impulso adolescente, aunque lo mantengas hasta los 80. No puedes estar toda la vida hablando de eso. Es cerrar demasiado el círculo. Sí que puedes hablar de convivencia, de los problemas que surgen cuando el amor no es suficiente… pero eso son casi estudios sociológicos. Casi siempre que se habla de amor se habla de que me han dejado y que estoy muy mal. De eso es, precisamente, de lo que no quiero hablar jamás, aunque tengo un puñado de canciones que hablan de eso.

Al final, todo esto es un tema de madurez.

Sí que lo es. Y de oficio. Yo, cuando tenía 30 años, pensaba que no podía escribir de nada que no me saliera de dentro y ahora descubro que el oficio hace que, si yo quiero hablar de un tema y estoy muy atento, consiga hablar de ello. Ahora mismo cuando hay una canción que va a hablar de algo concreto, voy apuntando cosas y ya va gestándose poco a poco. Antes solo pensaba en que me tenía que salir algo por inspiración y me atormentaba así no era así.

“Casi un milagro” es el último capítulo. Aparentemente puede ser el capítulo más triste. “Los espejos” o “Cobarde” son temas un tanto descorazonadores.

Pero el mensaje es positivo. Es el capítulo que más verdades dice y que más te pone frente al espejo, sobre todo si ya tienes cierta edad. Es como la frase esa de Gil de Biedma: “Ya no tienes la gracia que tenías cuando tenías treinta años”. Habla de que ya no eres así, pero la conclusión que saca es absolutamente positiva. Lo que pasa es que yo no sé escribir si no meto primero el problema y luego saco las conclusiones.

Y así es como termina el disco, con la canción que da título a todo el álbum y esa es la última frase que cantas (“No pierdas nunca la alegría”). Al final ese es el resumen del disco y lo que tú has querido transmitir.

Ese es el mensaje. Y no hace falta que diga mucho más (risas).

El viernes pasado, cuando salió el disco, publicaste un pequeño texto en tus redes sociales. En él decías que con este proyecto has sentido un exceso de responsabilidad. ¿Te refieres a responsabilidad contigo mismo?

Sigo sintiendo eso. Responsabilidad conmigo mismo y la sensación de no dar más de mí, a todos los niveles: artístico, logístico… A nivel artístico me da la impresión de que va a pasar mucho tiempo hasta que haga otro disco, por lo que te decía al principio, que no me he sentido nunca tan vacío y tan satisfecho a la vez.

Dices también que te has estresado en exceso con la parte no musical.

Es quizás la parte negativa de todo esto porque estoy muy solo y me lo he comido todo. Lo que es gracioso del hecho de que yo le mande un paquete a un mecenas, y es muy guay porque hay un contacto directo, ahora es el doble de trabajo porque son dos discos. Y lo tengo que hacer yo todo, así que es un dramón, una barbaridad. Es agotador.

Queríamos hacer un disco de rock alejado de lo predecible

Tú has dicho en más de una ocasión que no te sientes cómodo con tu voz. ¿Sigues buscando esa manera de cantar con la que te sientas más a gusto o crees que ya has llegado a algún sitio concreto con ella?

En este disco me gusta más (risas). Y esto ocurre porque es más variada: la forma de cantar en cada canción es diferente y la producción es muy importante en todo esto porque Álex, que es el que ha mezclado el disco, le ha dado el puntito a cada canción. Por eso también existe esa variedad a nivel de voz. La verdad es que he quedado muy satisfecho.

Y a nivel musical, ¿cuál ha sido el gran cambio que ha habido en “La alegría”?

Herederos, sin duda. En el disco anterior yo fui mucho más claro, en cambio aquí hay solo tres o cuatro canciones que yo quería que fueran de una manera concreta y sí que me empeñe en no cambiar una coma. Por ejemplo “Ruido de fondo” es casi exactamente como yo quería que fuera porque, como significa algo tan importante para mí, quería que fuera así. De hecho me hubiera gustado que hubiese sido mucho más dura y más básica, menos pop.

Lo que quiero decir con todo esto es que lo que más ha cambiado es el grupo, que es gente que me entiende muy bien y que son unos musicazos. Además hubo un mensaje que era: “Sí, somos una banda de rock, pero no hagamos nada que sea predecible. Evitemos el rock con moho”.

¿Surge mucho en el local de ensayo?

Yo ni siquiera hice demos anteriores, solo en una o dos canciones. Todas las demás las llevaba yo al local, las empezaba a tocar y ahí surgía todo.

Sin duda, la creación de este doble disco ha debido ser un acto titánico. No solo por la dificultad logística, sino por la manera que has tenido de desnudar tus sentimientos y tu manera de ver la vida. Al final, parece que todo esto ha merecido la pena.

En principio te diría que sí, por supuesto. Pero también necesito algo más de tiempo, quizás quince días más. Necesito que acaben los conciertos de presentación y necesito que todos los discos estén en casa de los mecenas. Cuando acabe toda esta primera fase, que estás siendo maravillosa pero que creo que estoy todo el rato a mi límite, te podré contestar. Lo que sí sé seguro es que el disco me flipa.

Ahí es donde quería llegar yo. A saber cuál es tu sensación.

Mi sensación es que he hecho un discarral (risas). Suena muy feo que lo diga yo, pero mi sensación es que he hecho un disco muy importante. Dentro de mi carrera desde luego que es el más importante pero es que, dentro de las carreras de mi entorno, creo que es un disco grande. La verdad es que acabo de escucharme y me ha dado un poco de vergüenza (risas).

Santi Campos
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