Fabián: “A veces nos coartamos a nosotros mismos a la hora de expresarnos”

Fabián

Fotografía: Alejandro García-Cantarero

Hablar de Fabián es hablar de uno de los cantautores más interesantes de su generación, quizás el más coherente y acertado de la nueva hornada que, desde hace años, va conquistando oídos día a día. Lo suyo es poesía en mayúsculas y sensibilidad a raudales, todo ello recubierto por un elegante envoltorio de rock y folk de influencia americana.

El sexto larga duración de Fabián se titula El rumor de los tiempos, un trabajo en el que La Banda del Norte, los cuatro músicos que le acompañan siempre (Alfredo González, Juan Marigorta, David Nieto y Pepe López), adquiere un papel fundamental en el desarrollo y resultado del disco. Estamos ante una colección de canciones que son verdaderas joyas, donde la apertura a nuevos sonidos se toma como un arma fundamental y donde las letras de Fabián vuelven a ser certeras, lúcidas y emocionantes.

Aprovechamos el paso del leonés por Madrid para reunirnos con él. Acompañado de su inseparable amigo y compañero Alfredo González (quien, por cierto, acaba de estrenar también un más que interesante nuevo álbum llamado Afluentes),  Fabián nos presenta el excelente El rumor de los tiempos. La conversación gira en torno a su música, su carrera, su relación con el mundo y sus, cada vez más personales, letras. Como en muchos medios se le suele definir, Fabián es un auténtico artesano de las canciones y así se percibe en cada una de sus composiciones. 

Por primera vez el título del disco es tu nombre acompañado del de La Banda del Norte. Parece una buena manera de reivindicar el papel de los músicos y el concepto de banda como tal.

La verdad es que yo tenía muchas ganas de que la banda estuviera en el título del disco porque, aunque es verdad que en otros discos estaban muy presentes, sobre todo en (La brisa leve) La luz distinta que lo grabaron todos, en este he sentido la necesidad. La mayoría de las canciones tienen el bajo y la batería grabados en directo y por ejemplo, la última canción, que es la más acústica de todas, la hemos grabado Alfredo y yo también en directo. O sea que es un disco muy de banda. Por eso era lo suyo que lo firmásemos entre todos.

Siempre, los títulos de tus discos son muy evocadores. A nivel general, ¿de qué habla El rumor de los tiempos?

No sabría muy bien qué decirte. Lo de El rumor de los tiempos es un poco lo que viene a decir la expresión, por dónde nos llevan las circunstancias y todo lo que nos rodea hoy en día. Es como que hay mucho buenismo… Yo procuro no meterme con nadie pero el single dice “Hoy no empieza todo pero tampoco es el final”, es decir que ni todo es la polla ni tampoco esta tan mal, simplemente estamos viviendo y hay que ver hacia dónde nos lleva todo esto. El mejor resumen del disco es que no hay que fliparse tanto (risas).

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“Cada disco es la fotografía de un momento de mi vida”

Has hecho mención al buenismo que hay en la actualidad y eso es algo que estamos sufriendo todos, pero quizás los artistas aún más.

Puede que haya un poco de eso en el disco. Recuerdo que en el espectáculo de La vida moderna que fui a ver hace poco en León, Quequé decía que estaba un poco hasta los huevos de la dictadura de lo cuqui. A mí me pasa un poco eso también. En realidad me parece bien, pero sí que da la impresión de que, a veces, estamos un poco coartados a la hora de decir las cosas, de expresarnos tal y como tenemos que hacerlo para ser coherentes con nosotros mismos, etc.  Creo que en este disco no pasa eso porque, si hay que decir algo, se dice y no pasa nada.

El álbum arranca con la canción que le da título y que además es la más enérgica de todas, la más rockera. ¿Qué intención tienes al hacer que el disco empiece de esta manera?

Sí que es verdad que hoy en día hay que contar con las nuevas tecnologías y que la canción que abre el disco sea la más roquera, la que más invita a moverte y la que más ritmo tiene, es una invitación a que la gente siga escuchando el disco. Que si alguien empieza a escucharte en Spotify, por ejemplo, lo primero que oiga haga que le apetezca seguir escuchando el resto del álbum.

No siempre has seguido esa estrategia en todos tus trabajos.

También me gusta empezar de manera suave, es verdad. En realidad lo que me interesa son las dinámicas y eso, en las canciones y en el directo, se nota mucho.

Alfredo: Yo creo que también es importante, además del ritmo, el hecho de empezar el disco con la frase “Hoy no empieza todo, pero tampoco es el final”. Es una declaración de intenciones buenísima, si quieres lo tomas y si no, lo dejas.  Como decía Quique González, “Esto es lo que hay y esto es lo que debes saber, ya te lo dije ayer”.

En cada disco siempre percibo una evolución un poco mayor en tu manera de cantar. Parece que estuvieras en una continua búsqueda de tu propia voz. ¿Es así?, ¿te sientes cada vez más cómodo?

No sabría decirte pero sí que es verdad que, entre un disco y otro, pueden pasar dos o tres años y mi forma de cantar o de interpretar cambia. Cada disco es la fotografía de ese momento y este ha salido así. Puede que en esta ocasión sea un poco más grave, pero no es buscado.

¿Te gusta experimentar con la voz como si de un instrumento más se tratara?

La verdad es que sí. Pero lo que procuro es estar cómodo cantando porque, al final, es una cosa que tienes que defender en directo y, si no estás cómodo, lo pasas realmente mal.

“Creo que es muy pretencioso diferenciar las canciones entre buenas y malas”

En cierta manera, en tu música siempre existe esa delicadeza en la voz, en los arreglos, en la instrumentación… es casi un trabajo de artesanía.

A la canción hay que darle lo que pide. Es ella la que manda realmente. Sí que hay gente que canta todas las canciones igual pero nosotros no. En realidad a cada tema le damos un poco lo que pide, ya sea con una guitarra, con un teclado o con la voz.

Lo mismo que te decía de la voz, creo que ocurre a nivel musical. En este disco parece que el abanico se abre un poquito más aún, manteniendo siempre tus señas de identidad, eso sí.

Puede que en este haya una vuelta de tuerca más, en efecto. Quizás tenga que ver con lo que te comentaba antes de la manera de grabar las canciones, que las bases están todas grabadas en directo. Yo también percibo una dinámica más grande, como un rango mayor y creo que tiene que ver con eso.

Al hilo de esto, aunque la querencia al rock o al folk más clásicos siempre está ahí, ¿te consideras una persona desprejuiciada y abierta a todo tipo de géneros?

La verdad es que sí. Yo solo distingo entre canciones que me emocionan y canciones que no me emocionan, ni siquiera entre buenas y malas porque creo que eso es muy pretencioso. Me podría emocionar un trap por ejemplo… aunque yo no lo veo (risas).

Alfredo: (Entre risas) Yo tampoco lo veo.

¿Por qué no? Yo no hablo de una emoción romántica, sino que igual escuchas una movida con un ritmazo y un rollazo impresionante y te mola para salir de fiesta. Es otro tipo de emoción.

Alfredo: Al final es lo que tienen las canciones, que te recuerdan al momento de tu vida en el que te emocionaste con ellas, sea de la manera que sea.

Para mí tu manera de escribir es de las que más me emocionan en la actualidad y quería incidir un poco en esto. En el disco anterior una canción se titulaba Las musas, ¿crees en ellas a la hora de crear o confías más en el trabajo rutinario, en el día a día?

Yo soy más de musas, escribo por impulsos. Ahora bien, una vez que la musa te ha enganchado a ti, luego es trabajo. Tú no eliges de quién te enamoras, ni eliges cómo te emocionas, pero esa primera punzada te tiene que venir y, una vez que la tienes, hay que agarrarla y trabajarla.

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“Soy un tío que hace preguntas y que muy pocas veces las contesta”

¿Has sentido alguna vez que no llega esa primera punzada? Supongo que, a medida que uno va creciendo, debe ser más difícil.

Totalmente. Cada vez es más complicado y cada vez me cuesta más escribir canciones. Pero también ocurre esto porque cada vez soy más consciente de lo que quiero, me dejo llevar un poquito menos. Sí que es verdad que a veces intentas tirar de un hilo que no te lleva a ningún lado. Yo soy muy de desechar antes de grabar, no soy de ese tipo de cancionistas que a lo mejor tienen veinticinco canciones grabadas y eligen diez. Yo si tengo diez es porque he logrado terminarlas y creía en ellas.

En tu manera de escribir sí que se nota que eres de esos artistas que primero escriben para sí mismos y, si luego le gusta a la gente, mejor. Pero ¿qué crees que puede aportar a quien te escucha tu manera de ver el mundo?

A lo mejor cierto carácter reflexivo. Yo soy un tío que hace preguntas y que muy pocas veces las contesta.

Alfredo, tú que conoces bien a Fabián, ¿qué crees que aporta su manera de escribir?

Alfredo: A mí personalmente me aporta lo que creo que las canciones o el arte en general deben hacer para que me emocione, que es identificación. Yo me identifico al 100% con el 100% de las canciones de Fabián. Podríamos decir que en mi caso esto es fácil porque, además de que somos amigos, pertenecemos a un universo semejante.

Creo que sus canciones aportan mucha reflexión, sin duda alguna. De hecho, él usa bastante las preguntas retóricas y a mí eso me encanta. Además te diría que, por la mezcla de su voz y sus melodías, Fabián es balsámico, aporta bastante calma. Es un poco como el Vicks Vaporub (risas). Él te genera un bienestar y eso no lo hace todo el mundo.

¿Qué es lo que te empuja a escribir canciones?, ¿cuáles son tus motivaciones fundamentales?

Yo puedo escribir de cualquier cosa que me emocione o me trastoque de alguna manera. Fíjate que en este disco hay una canción que se titula Venlafaxina, que es un ansiolítico. Había gente a la que le sorprendía esto porque mezclaba un poco lo universal, como el amor, con algo como los medicamentos. Al final son cosas que te influyen. Estás en el mundo y de repente tienes ansiedad, estás triste, te tomas una pastilla y, a lo mejor, te ayuda en un momento dado. En realidad es una canción que habla de eso, de la tristeza, de la ansiedad y de cómo me afectaba a mí. Le puse ese título porque este es un medicamento que se utiliza para combatir ese tipo de cosas.

Al final escribes de las cosas que son importantes para ti y que, de algún modo, te cambian. El enamorarte, estar triste, la relación que tienes con tus padres o con tus amigos… Todas esas cosas te tocan y te cambian, por tanto creo que son dignas de contar.

Al hablar de temas que no son, como tú mismo has dicho, tan universales y escribir sobre cosas tan personales, ¿no sientes cierto pudor a mostrarte demasiado?

Yo creo que al principio sí que sentía eso, pero este ya es el sexto disco y es un poco lo que decías tú antes, al hilo de que yo escribo para mí. En realidad yo empecé a escribir canciones sin ninguna otra pretensión que hacerlo para mí mismo. La bola ha ido creciendo un poco y al final edito discos, pero como sigue siendo para mí, no me da demasiado pudor.

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“Comprender a tus ídolos te hace quererlos más todavía”

En la segunda canción del disco, Los ídolos, dices “voy a matarlos hoy, para poder recordarlos”. La letra, a priori, es bastante directa, hablando de una figura que, quizás, en esta época de inmediatez y redes sociales se haya perdido un poco. ¿Crees que ahora es más difícil tener ídolos que antes?

Es que a veces endiosamos a la gente y esa perspectiva a la hora de mirar hacia ellos creo que se equivocada, porque al final no acabas comprendiéndoles del todo. Esta mañana, Nacho Casado, de La Familia del Árbol, hablaba de sus ídolos jazzísticos, hablaba de Chet Baker por ejemplo y de que, en realidad, toda esa gente estaba tiradísima. La gente les veía como el culmen de algo y a nivel musical sí que lo eran, pero era gente que sufría mucho, a la que le iba fatal en todos los aspectos de su vida. Lo más liberador para ellos era la música, lo único en lo que destacaban realmente. Creo que comprender a tus ídolos te hace quererlos más todavía. A eso me refiero con lo de “matarlos para poder recordarlos”.

Relaciono esta canción con Triunfadores, canción del primer disco dedicada a la figura de tus padres. Parece que, con la edad, valoramos más a los que tenemos al lado que a esas figuras que están a otro nivel diferente al nuestro. Ya no tenemos tantos ídolos de esos inalcanzables y admiramos más a las personas más comunes. No sé si opinas igual.

Es un poco lo que te decía antes de no fliparse (risas). Al final creo que debemos admirar a quien realmente hace algo digno para ello y, en muchas ocasiones, eso ocurre con los que tenemos más cerca.

En San Juan dices: “Las cosas que perdí en el fuego eran tan fáciles de amar”. ¿Qué has tirado tú a la hoguera a lo largo de los años?

En realidad yo no he tirado cosas a la hoguera pero, a medida que te haces mayor, vas perdiendo cosas y también vas ganando otras. Tiene un poco que ver también con la premisa de la que hablábamos antes de “Hoy no empieza todo, pero tampoco es el final”. Cosas que por ejemplo tenías muy dentro, luego las pierdes y realmente te das cuenta de que tampoco pasa nada, que la vida sigue. Por ejemplo, el típico amor con 18 o 20 años que creías que era lo máximo.

Alfredo: Podemos citar a Modestia Aparte: “¿Y qué más da?, si son las cosas de la edad“ (risas)

Es que al final todo se resume un poco a eso.

¿A nivel personal has tenido que tirar cosas para poder encarar mejor tu vida profesional?

Por supuesto. Sobre todo al principio. Cuando decides dedicarte a esto recibes mucha incomprensión por parte de todo el mundo. Yo hace años decía que era cantautor y la gente me decía: ”Vale, pero, ¿de qué trabajas?” (risas). Entonces explicaba que tocaba en bares y me pagaban por ello, pero claro, en España hay muy poca cultura de ese tipo, está como mal visto que la gente se gane la vida haciendo algo artístico. Yo creo que viene un poco heredado de aquello de la Ley de vagos y maleantes.

Alfredo: Podríamos hablar largo y tendido del franquismo y su herencia.

Yo a veces lo he puesto en twitter, que todos llevamos una herencia en el subconsciente. Pero no solo los de derechas, también los de izquierdas tenemos un complejo y es algo que no podemos evitar. Si alguien te dice que se dedica a esto piensas que es un pijo o que le mantienen sus padres, aunque no sea así.

Alfredo: Si te fijas y te pones a pensar en la cantidad de apelativos negativos que hay… El guitarrista es el rascatripas, el soplagaitas, etc. Y pasa también con los actores por ejemplo, a los que se les llama titiriteros, la farándula…

Eso afecta al principio, sobre todo porque te sientes muy incomprendido. Pero al final es la vida que eliges llevar y creo que, para nosotros por lo menos, es la acertada.

“A veces me gustaría tener la ilusión del que empieza”

Desde el Fabián de Espera a la primavera hasta ahora, ¿en qué ves que has cambiado?

Pues no creo que haya cambiado muchas cosas, aparte de tener más canas y más miopía (risas). Sí que es cierto que a veces me gustaría tener la ilusión del que empieza, pero no sé si lo cambio por lo que tengo ahora, que es ser un poco menos gilipollas y más experiencia a mis espaldas.

A ver, no es que haya perdido la ilusión, la sigo teniendo, pero sí que es verdad que a veces ves a gente de veintipocos años que saca su primer disco, que está ilusionadísima y te recuerda un poco a ti en determinadas cosas.

Alfredo: Yo creo que al final en lo que nos convertimos es en descreídos. Ves a alguien con esa ilusión y lo primero que piensas es “¡Joder, lo que te queda!”.

Al hilo de esto me surge una cuestión. Tú siempre has estado muy bien considerado por parte de la prensa y de tus compañeros de profesión, pero ¿no te da rabia que a veces todas esas buenas opiniones se queden reducidas a un círculo pequeño y no se traduzcan en un mayor éxito de público?

Es casi como si fuera un artista de artistas, ¿no? (risas). Esto en realidad es una carrera de fondo. Sí que es verdad que a mí me gustaría que las cosas fueran un poco más grandes, pero también te das cuenta de que con cada disco que sacas la cosa crece un poquito más. Y sinceramente, yo creo que para el tipo de música que hago, es lo normal.

Alfredo: Yo te diré una cosa que voy viviendo de cerca como miembro de la banda desde hace años: También ese camino tortuoso, aunque sea lento, genera unas afinidades infinitamente mejores que las que tiene mucha gente que peta el Wizink Center. El público que yo veo en Fabián es un público espectacular, es un público que viaja para ir a verle… es muy fiel, en definitiva. Yo creo que eso no es fácil.

Al final, la gente que sigue a artistas como vosotros, se esfuerza por seguiros porque no estáis en los medios, no vais a festivales, etc.

Porque también escuchar este tipo de canciones requiere un esfuerzo. Yo le canto a gente que se lo curra escuchando las letras y me parece normal, al final, tener un público reducido. Claro que me encantaría que de repente supiésemos un mes antes que, en la sala Caracol donde vamos a tocar, está todo vendido. Pero no es así y entiendo que con la música que hacemos este es un poco el camino que hay que seguir.

Al final es lo que dices en Artista: “La vida es un juego de fuerza y aguante”.

Eso es, tal cual.

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