Entrevista a The New Raemon: “El problema del mundo es que ya nadie cuestiona nada”

The New Raemon

Con la vista puesta en Una canción de cuna entre tempestades, el inminente nuevo álbum de The New Raemon, nos juntamos con el propio Ramón Rodríguez para adelantarnos a su publicación y saber de primera mano que hay detrás de su más reciente proyecto discográfico.

Fotografía: Alejandro García-Cantarero

A estas alturas, resulta una tarea de cierta dificultad seguir la carrera de Ramón, ya que cada año tenemos noticias suyas y no solo como The New Raemon. Colaboraciones con otros artistas, producciones, ediciones de libros… el mundo creativo del artista catalán es tan rico y polivalente que, ya solo por eso, toda conversación con él se convierte en una oportunidad inmejorable para reflexionar y empaparse del interesantísimo universo interior que atesora Ramón.

Como decíamos, Una canción de cuna entre tempestades es el título bajo el que se encierran las once nuevas canciones de The New Raemon y que verán la luz durante el mes de noviembre. Entramos de lleno en todo lo que rodea a este trabajo para terminar hablando del próximo disco de Javier Álvarez, que el propio Ramón ha producido.

Tras la publicación de Quema la memoria y del disco conjunto con McEnroe (Lluvia y truenos), estamos ante el primer larga duración de canciones propias dese Oh, Rompehielos (2015). ¿Cómo enfocas este nuevo álbum?

Siempre lo hago del mismo modo. Si estoy satisfecho con el último disco que hecho siempre intento que como mínimo me parezca igual de válido.

Además de lo que has dicho, ¿cuál es la idea principal que tienes en mente como base a la hora de encarar la composición y creación de las canciones?

En primer lugar, yo trabajo mucho en libretas, ideas, conceptos, títulos, frases… así me tiro seis o nueve meses solo con esto, tomando notas. Cuando ya tengo suficiente material, lo ordeno un poco y en base a todos estos conceptos, me pongo componer. Esto ya me lleva a lugares que ni yo mismo sé, pero sí que tengo unas pautas que condicionan que el disco no esté hecho de la misma forma que el otro. Por ejemplo, si he usado unos elementos en el disco anterior, aquí no tienen que estar.

Como ya has hecho en anteriores trabajos, parece que has vuelto a evitar publicar un disco continuista. Esto es algo muy común en tu carrera. Supongo que es tu manera de entender este oficio, ofreciendo siempre algo distinto.

En realidad sí que son un poco continuistas porque continúan tu obra, tu universo, tu discurso. Pero sí que intento siempre que, sónicamente, tú notes la diferencia cuando escuches el disco y que puedas diferenciar cada uno de los discos en su etapa. Sí que soy consciente que todos los discos que he hecho tienen un sonido particular. Eso es lo que verdaderamente me importa, buscar atmósferas diferentes donde, inevitablemente, sigue sonando a ti mismo, pero que siempre haya diferencias.

¿Cómo has llevado a cabo todo esto en Una canción de cuna entre tempestades?

Aquí sobre todo trabajé mucho el tema de las voces,  intenté cantar distinto. Buscar esa diferencia en la manera de hacer bailar las sílabas, en el fraseo… Evidentemente ya tengo un timbre reconocible, pero he querido que se vea que hay detrás un trabajo y un esfuerzo a nivel vocal. Yo creo que la principal baza del disco es esa, cómo está cantado.

The New Raemon

Cuando te planteas estos cambios en cada disco, ¿experimentas hasta encontrar eso o ya tienes un objetivo claro previo para marcar esa diferencia? Supongo que, con tantos proyectos entre manos y tantos discos publicados, no debe ser demasiado fácil encontrar siempre algo que te haga sonar diferente.

Al final se trata de tomar decisiones. Por ejemplo, En el centro del baile es una canción que parte del patrón rítmico de la propia batería. En otra canción, en vez de coger la guitarra, me pongo a escribirla al teclado para ver hacia dónde me lleva. La guitarra es el instrumento que domino más, aparte de la voz, pero como toco todos los instrumentos, evito caer en el aburrimiento de hacer siempre lo mismo. Con esto consigues que, por ejemplo, al mandar la maqueta al bajista haya una línea de bajo que le parezca interesante, aunque tú no domines ese instrumento tanto.

Para mí esto no es más que un juego personal de intentar escribir un disco que te guste o que puedas defender. Si yo creo que las canciones no están al nivel que pienso que podrían estar, las abandono y a lo mejor puedo estar seis o siete meses sin escribir nada. Está claro que cuando llevas tantos años y tantos discos cada vez cuesta más, pero te vas preparando para el momento en el que las condiciones personales y externas se vuelvan favorables para componer. Como yo improviso mucho y construyo las canciones solo, cuando vienen los músicos a grabar ni siquiera las hemos ensayado antes, yo simplemente les he mandado las maquetas (que, por norma general, son muy cerradas ya) y ellos ya saben cómo va el tema.

“Me interesa la incertidumbre y el juego misterioso de no saber cómo va a ser el resultado final”

Al tener unas maquetas tan cerradas, ¿cómo afrontáis la grabación?

La voz es lo último que hago. Antes de cantar busco la atmósfera que haga que me pueda meter de lleno en la canción. Creo que de esta forma me va  a surgir una melodía más ocurrente que si pienso la melodía con la música, que es como lo hacía hace años, de la manera más tradicional. Esta forma de trabajar también está muy bien, pero al final creo que te acaba encorsetando un poco.

Es interesante esto que dices, porque al final esta manera de trabajar te lleva a lugares completamente diferentes.

Exacto. Además yo soy muy autocrítico y no me gusta repetir patrones melódicos. Si escuchas las melodías de mis discos verás que, en la mayoría de los casos, no se parecen entre sí. El secreto es que canto de una manera u otra según la atmósfera que la canción me indica. Me interesa esa incertidumbre y ese juego misterioso de no saber cómo va a ser el resultado final.

¿No te resulta difícil separar todas tus facetas artísticas a la hora de encarar un nuevo trabajo?, ¿te resulta natural tener tantos proyectos entre manos sin que se solapen ideas entre ellos? Me parece complicado estructurar la mente y el día a día para afrontar tantos proyectos.

Yo soy muy metódico y muy ordenado. Yo trabajo semestralmente, es decir que ya sé lo que estaré haciendo dentro de seis meses.

¿Vas siempre seis meses por delante?

Eso es. A seis meses vista. Me gusta planear. Es una manera de ponerte orden a ti mismo y obligarte, en cierto modo, a comenzar y terminar los proyectos. Siempre trabajado así y esto ha hecho que sea más productivo. Así eres capaz de sacar lo mejor de ti porque si no, te apalancas. Es que también es peligroso estar mucho tiempo sin tocar o componer, pierdes un poco de contacto y luego volver a reconectar cuesta mucho. Yo siempre trabajo así, porque mantengo el equilibrio de mantener siempre esa llama flojita ya que, en cualquier momento, puede saltar la chispa y encenderse por completo.

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¿De qué habla Una canción de cuna entre tempestades? Un título tan sugerente debe tener una idea potente detrás.

Sí que es verdad es un título muy poético. Habla un poco de mi experiencia de paternidad más reciente. Yo tengo un vínculo muy grande con mis hijas, pero cuando nació mi primera hija yo tenía 19 años y ahora tengo 42, así que la energía es otra. Aquello lo viví una forma muy intensa, pero yo era un crío. Entonces el hecho de ser padre ahora (hace tres años que nació mi hijo), con todo el bagaje posterior, hace que lo esté viviendo todo de una manera mucho más pausada.

Por mi trabajo tengo la suerte de poder pasar muchas horas con mi hijo, que es algo que no pude hacer con mis hijas cuando eran pequeñas, porque tenía un trabajo normal en un despacho. Por eso, estos tres años con mi hijo los he vivido de una manera diferente, ya que estoy en una época de madurez.

A mí el niño me ha inyectado una juventud y una visión diferente de las cosas. Cuando estoy con él, digamos que me meto en su mundo. Me gusta esa manera que tiene él de ver las cosas, de flipar con todo, sin estar intoxicado por toda la estructura convencional de las leyes del hombre. Todo esto me parece súper potente y el título del disco viene reflejar toda esa situación. Es darte cuenta de que tienen una visión del mundo más pura, pero que es también lícita y real. Es su propia realidad, existe.

Se trata únicamente de una manera diferente de mirar las cosas…

Exacto. Es esa forma de mirar que nosotros olvidamos pero que, en el fondo, la tenemos todavía. Lo que pasa es que por la propia sociedad y las convenciones, te olvides de mirar las cosas así. De eso va un poco el título, de estar viviendo una cosa tan bella, tan pura y tan bestia dentro de una época totalmente convulsa y oscura.

Es como dice la canción Cielos estrellados, “A la mierda con todo“. ¿Por qué tiene que ser así esta estructura?, ¿por qué no puede ser de otra manera?

¿Has escrito las canciones posicionándote de esa manera?

Sobre todo Wittgenstein. Esa sí que habla directamente de los paseos con mi hijo. Pero sí que están todas influenciadas directamente por esa manera de mirar. Por eso en este disco hay más tierra, hay más árboles, hay más naturaleza… es más mirando hacia fuera.

Por ejemplo, Melodrama histórico habla, de una forma poética, de esta estructura a la que hacía mención antes, de lo mal que va todo en realidad… aunque parece que la gente es optimista (risas irónicas). Yo creo que las cosas están muy mal y, si no nos paramos a corregirlo de alguna forma, todo va a ser muy duro, sobre todo para esta generación que viene ahora, que van a vivir en un mundo mucho más brutal de lo que ya es de por sí. En realidad, entre líneas está hablando de esta idea, pero no de una forma consciente. Al final vas hilando la narración hasta que, cuando te paras a pensarlo en un momento como este, te das cuenta y lo vas contextualizando.

El proceso en sí es muy obsesivo porque, hasta que no grabas el disco, a lo mejor puedes estar ocho meses con esto, escuchando las canciones cientos y cientos de veces antes de decidir si las vas a grabar o no. Estás muy metido en eso y tiene un desgaste mental muy potente, por eso cada vez meto más tiempo en hacer los discos, porque ya noto cierta mella, incluso a nivel físico. A nivel de implicación creativa, todo esto es algo muy loco y llega un punto en el que incluso lo abandonas y dices ¡basta! Hay que saber dar por terminadas las cosas para no volverte loco.

“La naturaleza y el mundo son un caos. El sistema existe para darle un orden, tiene una lógica evidente”

Has hablado antes de esa visión pesimista (o realista) del mundo. A mí siempre me ha dado la impresión de que, a lo largo de tu carrera, ha habido siempre una dualidad entre luces y sombras en tus canciones (tanto en sonido como en las letras o la temática). Tú a nivel personal, en general, ¿enfocas tu vida o tu pensamiento de manera optimista o pesimista?

Sé a lo que te refieres, pero no es que sea pesimista como tal, simplemente creo que, quizás, es una forma de ser más consciente de las cosas, de cuestionarlas. El problema del mundo es ese, que ya nadie cuestiona nada. Entiendo que, lo que yo hago, lo trabajo desde una parte emocional que tengo más despierta que otra gente. A lo mejor soy más sensible a determinadas sinergias. Quizás capto esas imágenes de una forma más directa que otras personas que pueden distraerse más fácilmente.

Me parece interesante poner el acento ahí, porque también ahí hay belleza. La naturaleza y el mundo son un caos y el sistema existe para darle un orden, tiene una lógica evidente, porque si no todo el mundo se volvería majara. Al final, el sistema está pensado para eso, para que todo el mundo esté distraído y no piense más de la cuenta. Es que, si te paras a pensar, muchas veces ves que las cosas no tienen sentido.

Yo parto de la base de que todo el mundo tiene taras y de que todo tiene un punto abstracto. Al final, no es que sea pesimista, simplemente es que me preocupa mucho todo esto. Me preocupa no saber por qué las cosas no pueden ser más sencillas, quizá sea un punto un poco neo hippie (risas)… pero no entiendo por qué se pierde esa pureza que teníamos de niños. ¿Por qué dejan que eso se apague?, ¿por qué la sociedad lo oculta?

Los niños tienen un mundo interior riquísimo y ese es el motor de la belleza. La curiosidad, la manera de recibir y fijarse en cosas en las que un adulto ya no se fija. Es como cuando llega ese momento en el que tú todavía juegas pero tus amigos no. Ese momento en el que estás en tu habitación jugando solo con tus cosas, pero lo haces en voz baja porque no quieres que tu padre o tus hermanos te vean y te sientes mal. ¿Por qué tiene que estar mal eso? Al final el juego continúa en la vida, lo que pasa es que ya no juegas con coches y muñecos sino con otras cosas. Pero estás jugando, porque todo gira alrededor de unas normas que ha impuesto el propio hombre.

Es como que hay cosas que son permisibles hasta cierta edad, pero a partir de ahí ya no puedes hacer, decir o pensar ciertas cosas. ¿Por qué no puedo trabajar esa cosa creativa y potenciarla más?, ¿por qué hay que cohibir eso y entrar en esa especie de sumisión? Es que eso es someter. Creo que eso es lo que está mal de la estructura en la que vivimos y es de eso de lo que hablo. No es negatividad, simplemente es cuestionar lo establecido.

Hablando un poco esto, ¿crees que es necesario que los artistas se hagan oír, que cuestionen las cosas, que protesten…?

Si la persona que lo hace tiene unos valores determinados y cree que es lo correcto, a mí me parece muy lícito y muy útil. Pero sí que es verdad que, cuando tienes cierta exposición pública, siempre se va a interpretar de una forma negativa porque estamos en una sociedad que juzga más que nunca. Evidentemente, yo soy consciente de que no soy nadie para opinar de determinadas cosas, yo sé hablar de lo que conozco.

Al final creo que el mayor problema que tiene el mundo es de empatía. Es necesario que la gente entienda más a los demás y deje de pensar únicamente en lo que no le gusta de los otros. Lo que sí que me parece bien es que cada uno diga lo que quiera, porque todos necesitamos expresarnos. Yo tengo que respetar lo que digan los demás, aunque no esté de acuerdo, porque todo el mundo tiene derecho a expresarse.

“¿Por qué todas las canciones tienen que ser alegres o bailables?”

En otro de los adelantos del disco, Un posible final, llama la atención la colaboración de Rocío Márquez, sobre todo porque a priori quizás el flamenco no es lo más cercano a tu música. ¿Escribiste la canción pensando ya en Rocío?

Sí, esa canción la pensé para mandársela a Rocío. Todo empezó de una forma casual. Javi Vega, de Maga, toca en mis discos y él y su mujer son muy amigos de Rocío. Le comenté que me gustaba mucho lo que hacía y que me molaría hacer un tema con ella para el disco, así que Javi me dijo que era muy amigo de Rocío y me pasó el teléfono. Yo no le escribí hasta que no tenía ya la canción lista, se la mande y le gustó mucho. La verdad es que creo que ha quedado preciosa.

Que tú mismo dices que es una de las canciones más bellas que has hecho nunca…

Así es. Aunque en realidad es durísima. La verdad es que no es un tema del que quiera hablar mucho, pero sí que es cierto que parte de una cosa muy trágica y te hace pensar en la maldad del hombre, en el poder que corrompe… de todo eso que hace que el mundo sea peor. Al final es eso, hablar de una cosa tan fea y potente pero conseguir que te emocione. Es que son cosas que existen, ¿por qué no puedo cantar sobre esto?, ¿por qué todas las canciones tienen que ser alegres o bailables? Ojalá esta canción logre que alguien se pueda emocionar y le haga reflexionar un poco sobre todo esto estamos hablando desde hace rato.

The New Raemon

Quería terminar preguntándote acerca de la producción del nuevo disco de Javier Álvarez. Es una curiosidad personal, ya que él es uno de los artistas que marcó de manera más fuerte mi adolescencia. ¿Cómo surgió esa colaboración?

Yo conocí a Javier hará cinco o seis años. La editorial Contra me encargó un libro coral, Memorias sónicas, que está basado en un blog que tenía yo en tumblr, en el que dibujaba portadas de discos que me gustaban y explicaba una pequeña anécdota personal con dichos discos. Esa idea les gustó y me propusieron hacer el libro, encargándome yo de escoger a los músicos, que cada uno eligiera un disco y yo dibujara la portada.  En ese libro, entre otros muchos, estaba Javier Álvarez porque es un autor muy importante para mí.

Para mí Javier era uno de los pocos cantautores de mi generación con los que empatizaba un poco más, porque veía que tenía una personalidad muy diferenciada del resto. Su mundo interior era algo muy potente, no era una cosa estándar ni convencional, era algo especial, marciana incluso (risas). Así que contacté con él y nos conocimos. Javier es una bellísima persona, un tipo encantador y ya aquel día recuerdo que le dije: “algún día te produciré un disco“. Esto es algo que fuimos hablando a lo largo de los años aunque durante un par de años perdimos el contacto.

Entonces Javier se puso en contacto conmigo y me dijo que nos iba a venir a ver al bolo que hicimos en el Circo Price para presentar el disco con McEnroe. Después del bolo, subió al backstage y estuvimos charlando mucho rato. Ahí fue cuando le dije: “vamos a hacer lo del disco ya”. Así que, como ya te he dicho que trabajo semestralmente, cogí el calendario y le dije: “estamos en noviembre, pues en abril grabamos. ¿Puedes juntar diez canciones?” Me dijo que sí y quedamos para vernos en abril, en una semana determinada para grabar el disco. Y así lo hicimos.

¿Qué podremos encontrar en ese disco?, ¿se parece a algo de lo que ya ha hecho Javier anteriormente?

Yo creo que es una amalgama bastante guay de todo lo que ha hecho hasta ahora. Tiene mucho que ver con el principio, creo que vuelve un poco ahí. La producción es más desnuda, de guitarra y voz, hay pocos elementos en el disco. Es que las canciones son tan buenas que no necesitan más. Es una cosa muy austera porque también la hicimos con un presupuesto muy discreto y teníamos pocos días. Yo confiaba mucho en que él trajera buenas canciones.

Le dije que me las mandara pero él me contestó: “bueno ya te las tocaré“. Es que Javier no tiene manera de grabarlas, porque ni siquiera tiene móvil.  Así que, cuando llegó a casa, porque estuvo viviendo con nosotros esos días, me dijo: “bueno, ¿te toco las canciones?” y yo le respondí: “¿sabes qué, Javier? Que no las quiero oír, porque seguro que son flipantes. Mañana ya las grabamos directamente”. Confié plenamente en que las canciones eran buenas y no me equivoqué.

Cuando produzco, también me gusta ese juego de grabar directamente e improvisar a tiempo real, que es como trabajo yo cuando me pongo a ello. Así vas viendo lo que funciona y te das cuenta de que hay canciones que no necesitan mucho más. Sí que es cierto que Javier trabaja mucho el tema de las voces y las lleva súper claras, así que vestir sus canciones es realmente muy sencillo. Por eso, yo lo que quería era que la voz y su guitarra fueran lo más importante y el resto de elementos únicamente estuvieran al servicio de él. Yo creo que es de los mejores discos que ha hecho. Seguro que te gusta mucho.

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