WEEZER – WEEZER (BLACK ALBUM)

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Que Weezer se ha convertido en una banda meme es un hecho y negarlo sería una absoluta estupidez. Probablemente tras el poco éxito de Pacific Daydream (2017), la empresa por parte de los estadounidenses ha sido la de dar que hablar por otras vías menos convencionales, eso sí, musicales. Versionando a Toto hasta la saciedad o sacando un disco de covers sorpresa con Black Sabbath o A-ha (Teal Album) como “afortunados”, además de aparecer en el famoso videojuego Fortnite.

El nuevo disco de los californianos ya está aquí, y si bien las comparaciones siempre han sido y serán odiosas, cabe realizarlas para poder situarnos en esta línea weezeresca. Los puntos de partida serían el ya mencionado Pacific Daydream y Pinkerton (1996). Puede resultar sorprendente que el segundo disco de los angelinos sea uno de los apartados a comentar, sin duda, para cualquier fan también lo sería. Rivers Cuomo, en una de esas tan gratas entrevistas que antes odiaba y que ahora parece que hasta le complacen, se atrevió a decir que la forma de escribir este álbum había sido similar a la empleada hace más de 20 años atrás en el excelso Pinkerton. No niego este hecho mas no puedo hacerlo, no obstante, cualquier equiparación resultaría vejatoria.

El nuevo LP, The Black Album, comienza con la ya presentada en octubre del pasado año, Can’t Knock The Hustle, en la que Cuomo se atreve con unas líneas en castellano. Es sabido que Weezer y el propio Rivers siempre se han declarado fans de Pixies, pero, por desgracia, la inclusión de nuestra lengua no te queda tan bien en las canciones como al de Massachussets (Frank Black). Tras esta canción de funk pop, o lo que quiera ser, llegan tres avances más del disco, Zombie Bastards (noviembre de 2018), High As A Kite y Living in L.A (ambas el 21 de febrero de 2019).

No hay temor alguno en decir que la primera de las tres es, sin lugar a dudas, el mejor tema del disco, sin que ello signifique que sea una gran canción. No obstante, tiene ese ritmo agudo que te acaba por enganchar y unos cambios rítmicos que llevan al estribillo, que lejos de sonar a la melodía típica de los californianos, consigue acercar al gentío a la pista con los coros: Die, die, you zombie bastards/we know what you want o We can go up, we go down/we gon’ run you out of town.

Tras estas llega Piece Of Cake que se coloca, por méritos propios, entre una de las peores canciones de toda la discografía de los californianos. Si Rivers está considerado como uno de los mejores letristas de su generación ha sido por canciones como My Name Is Jonas, Say It Ain’t So y demás que nada tienen que ver con la actualidad, ni musical ni literaria: Now I’m hanging out/with a kitty cat named Baudelaire on my lap. En esta quinta pista del LP, que además cuenta con un estribillo excesivamente básico, la simplicidad de la letra junto a la propia simplicidad del total, hacen de ella un algo casi inaudible.

No todo es tan malo, y cabe salvar de la quema algunas canciones como I’m Just Being Honest, que si bien comienza como cualquier tema electrónico que podrían firmar Diplo o Martin Garrix, tiene una estela continuada, que probablemente hace de ella un tema plano, pero quizás eso es un halago, visto lo visto. También cabe mencionar California Snow, en la que se escuchan los lamentos de un Cuomo muy lírico, con sus incondicionales falsetes.

Este Black Album es probablemente el peor trabajo hasta la fecha de Rivers y compañía, que incluso ha conseguido “hacer bueno” al Pacific Daydream o que sea mejor escuchar los covers que tengan que hacer que su material propio y original. No sabemos el curso que seguirán en los próximos años (se ve que dos discos más se están gestando actualmente), pero seguiremos escuchándolos porque quizás, quizás, aún tienen algo que decir, pero preocupa de manera altiva que no sea así.

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