TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO – EL GATOPARDO

Triángulo de Amor Bizarro se han ganado a pulso convertirse en uno de los grandes nombres del panorama musical de nuestro país. Los chicos de Boiro llevan muchos conciertos a las espaldas, lo que unido a lo carismático de su propuesta sonora y una discografía de la más alta calidad parece darnos la clave de su éxito.

Doce años después de la publicación de su espectacular disco debut, la banda gallega presenta un bagaje que bien podría conducir a la autocomplacencia, pero a diferencia de otros artistas el denominador común de este grupo es el no parar y el crecimiento constante a través del trabajo diario. Pocos grupos como ellos han podido hacer de la evolución a través de sus directos una de sus señas más características.

A estas alturas de la película, los que estén familiarizados con lo que se escribe de los TAB sabrán perfectamente que uno de los adjetivos más recurrentes a la hora de hablar de su música es la palabra “críptico”. Un término que define bien la naturaleza de las composiciones de la banda, pero que ha acabado por convertirse en un cliché difícil de evitar. En esta ocasión, los gallegos parecen haber tomado buena nota de ello y en consecuencia nos presentan un EP con cuatro temas, breve pero con un mensaje claro y contundente.

Aprovechando esa faceta de excelentes cronistas de la España oscurantista de peletería y taxidermia, los gallegos ponen nombre y apellidos a los causantes de los males que nuestro país arrastra desde hace siglos, creadores de heridas que aún no se han cerrado. De la criptocracia la monarquía, lejos de emplear metáforas, este disco va de reprobar comportamientos sectarios sacando a relucir las vergüenzas. El momento elegido para el lanzamiento de El Gatopardo (Mushroom Pillow, 2018) no puede ser más acertado, viendo la luz entre libros secuestrados, peleas en la corte y títulos universitarios regalados en los despachos de un partido político.

La producción de Carlos Hernández Nombela vuelve a ser excelente, experimentando con sonidos más arriesgados en canciones como O Isa o Les llevaré mi cruz y una estética cinemática apoyada en una serie de geniales videos de Luis Cerveró. En definitiva, un trabajo que sigue la dinámica ganadora de Salve Discordia (Mushroom Pillow, 2016) y que los deja muy bien colocados en la lanzadera de los lanzamientos que están por venir.

 

 

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