TORO Y MOI – OUTER PEACE

Chaz Bear, el artista bajo la propuesta musical Toro y Moi, ha vuelto bajo dicha formación a principios de año con su sexto álbum Outer Peace, firmado de nuevo por el sello Carpark Records, en el mejor momento para estratificar el mensaje de su álbum: la cuesta de enero. Su mensaje parte de la idea de que el oyente encuentre la calma entre el barullo de la frenética cotidianeidad de las ciudades, creando una obra íntima pero bailable que insensibiliza al individuo del exterior y de sus preocupaciones. El LP está compuesto de 10 canciones producidas por Chaz y en las que impera una pura sinécdoque de sonidos minimalistas funky/dance/house/electro, y por otro lado cuenta con la colaboración de artistas como Abra, Instupendo y Wet, en tres canciones, respectivamente. El artwork es un fotograma del video Freelance, primer single de adelanto del álbum y en el que por cierto hace un cameo su esposa.  Sin más dilación pasemos a aspectos más concretos del álbum.

Tras la publicación de Boo Boo en el 2017, consolidado como su proyecto más personal, este nuevo álbum se aproxima a una estética más nostálgica, que recuerda a aquella época con su proyecto Les Sins y una composición mayormente arcaica de ritmos recurrentes, en la que se reconocen sonidos próximos a la electrónica de producción francesa al estilo Daft Punk en su obra maestra Discovery, algo que supone tanto lo bueno como lo malo del álbum. Está colmado de referencias desde Michael Jackson, James Murphy, Ugly Casanova, Ariel Pink, entre otros, a lo largo de todo el LP, y ese carácter de refrito queda camuflado en la refinada forma de producción que Chaz siempre ha mantenido a lo largo de su carrera.

A niveles generales lo que Toro y Moi trae con Outer Peace, es una composición de ordenados ritmos salvajes que toman forma como expresión de los frenéticos ritmos y hábitos de vida de la clase asalariada y emprendedora, con canciones muy entretenidas y bailables, pero que no aspiran nada más que a la órbita del consumo y la intrascendencia, algo que este álbum precisamente define haciendo alusiones a la cultura de “usar y tirar” o la excesiva lujuria en la maximización del placer. Desde mi punto de vista el álbum cae en aquello que crítica y lo que Chaz ofrece no es desde luego su mejor trabajo pero si un respiro en su carrera, un álbum por el que engrosar su discografía pero no uno sustantivo por el que identificarle; no obstante, presenta ciertos atractivos en el desarrollo de las canciones que si bien resultan monótonas y previsibles todas ellas, un punto a favor es que son pegadizas y amenas de “consumir” constantemente. En suma, en todos los temas, y que sirva como concepto del álbum en todo su espectro, se establece la ambivalencia entre el frenetismo cosmopolita y la sensación de poder disfrutar una “boiler room” en cualquier espacio en el que estés dispuesto a reproducir el disco.

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Escrito por
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