TIMBER TIMBRE – HOT DREAMS

Los sueños, sueños son aunque a veces se concreten en un LP y muden el western a Canadá. Norte y Sur son sólo adornos mientras duermes. Una especie de blues renacido nos transporta en este Hot Dreams a un pasaje oscuro repleto de decadente sonoridad. Esas voces que escuchas cuando los párpados caen rendidos al alba no son más que los susurros endemoniados de Timber Timbre y su folk blues mestizo y solitario.

Solo el blues es capaz de ofrecer consejo al desamparado y de convertir en estrella a un mendigo. Su ira surge de lo más adentro de tu cabeza y suele acompañar a personajes desterrados de su propia realidad. Por eso, nos sorprende que en una ciudad con la calidad de vida de Ontario alguien haya ideado algo tan deliciosamente maléfico. Únicamente, Taylor Kirk y su banda son capaces de extraer lo mejor de mundos tan alejados de su ubicación como el blues y el folk. Incluso el mismísimo Walter White no ha sido capaz de resistirse a la seducción de la música de la banda canadiense.

El proyecto folkie del otro país de Norteamérica consigue unas cotas de calidad inalcanzables para la mayoría que comienzan a vislumbrarse en Beat the Drum Slowly. Nada mejor para dejar una pesadilla atrás como envolverte en una voz heredera de la de Tom Waits y en un ritmo diabólico que cubre la distancia en el tiempo entre Johnny Cash, RL Burnside y Alabama 3. Lo que escuchas es la voz de un sabio de la calle que ha conseguido ver amanecer en la pradera de la vida. Todo suena muy al Sur pero resulta que estamos en el Norte más norteño. Esa mezcla le sienta bien al blues, le confiere tonos enriquecidos y una belleza sublime.

Hot Dreams da nombre al disco. Sirve de preaviso de lo que te vas a encontrar. Nada de gorras y chándal. Es el momento de ponerte el sombrero de pepitas de plata y las botas de montar. Su ritmo juguetón te producirá unos temblores de piernas muy genuinos. No acudas al médico. Todo es producto del sueño blues en el que has metido hasta el cuello encantado de la vida. El tema esconde una armonía muy francesa heredera de la Chanson y de Nueva Orléans. En el fondo es un tema pop que se sale de los parámetros habituales de sofisticación. Resulta tan fácil de escuchar como sobresaliente es su ejecución. Suena a trabajo bien hecho. El saxo final demuestra la necesidad de la música actual de recuperarle. Nada como un buen saxo para llevarnos a un estado onírico filtrado por un colorido y una musicalidad de otro mundo.

El nivel no cesa en un disco para mantener la oreja pegada al altavoz sin pestañear. El sonambulismo que nos provoca se compensa escuchando Certains, uno de las piezas más impactantes que he escuchado en mucho tiempo. Su mayor encanto reside en la dificultad que entraña decir algo de ella. Nacida para sentir, no le gusta que hablemos de ella. El rock visita a Timber Timbre en Certains y les sorprende con una rudeza y un estilazo al alcance de los elegidos. Un escalón o varios por encima de la vulgar rutina, los compases fluyen dentro del tema con un desparpajo que nos hace olvidar lo complejo de su intencionalidad: mezclar brillo y oscuridad. Sus atmósferas espaciales te harán levitar sobre la realidad.

Bring Me Simple Men viene para ocupar tu mente. Allí se instalará con letras ingeniosas, voces cavernarias que te comprenden mejor de lo que crees y una psicodelia disfrazada de teclado. Te posee, es cruel y benevolente contigo. Contradicciones típicas de las obras maestras. Sin duda, el blues más seductor que se recuerda.

Por su parte, Resurrection Drive Part II parece sacada de la mejor banda sonora posible para una película de Ed Wood. Ella también es hortera y decadente. Ni en el mejor de tus sueños encontrarías una canción tan adecuada para sumergirte en ti mismo. Sus ritmos imposibles violan a la psicodelia sin piedad mediante guitarras perdidas en el espacio y un toque de sofisticación muy macarra. Con Grand Canyon, Timber Timbre logra poner sonido al Gran Cañón, símbolo de la América del Norte rica en dinero y pobre en moral. El folk más puro resurge para integrarse en el siglo XXI a través de la electricidad sin perder un ápice de su estilo y mensaje originales.

This Low Commotion profundiza en ese desvío provisional que se ha tomado el disco en Resurrection Drive Part II aunque con un ritmo más pausado que le vale la calificación de lenta del álbum. Tras ella, The New Tomorrow se sumerge en el soul, otro de los estilos sureños que mejor le sientan a la banda canadiense. Un tema de cabaret perdido en un páramo musical muy melómano y sensual.

Run From Me brota desde lo más profundo de tu sien para vivir transformado en himno. Sus juegos vocales serán de mucha utilidad para caldear directos difíciles. Marabarismos vocales envueltos de tambores de guerra conectados a tus ganas de saltar libre por los aires. El disco se despide con The Three Sisters, una especie de lluvia nocturna sobre la ciudad que predice un mal presagio. Su estética oscura encierra una ternura muy útil para cerrar un trabajo exquisito, meticulosamente elaborado para brillar en el mejor de tus sueños.

Hot Dreams pone sobre el tapete la promesa de la redención del blues con el gran público. Su barniz le ha cambiado la cara al género primigenio sin que apenas sufra su sólida estructura. El cambio es sutil pero era necesario. Quizás haya llegado el momento de regresar al comienzo de este sueño que ha sido la historia de la música en el siglo XX. Si el blues lo empezó todo, ¿por qué no cerrar el círculo regresando a él? Con un envoltorio tan bonito nadie en su sano juicio sería incapaz de no declararle su amor perdido.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 9/10

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