THE WAR ON DRUGS – LOST IN THE DREAM

The War on Drugs

 


The War On Drugs son un cuarteto originario de Philadephia, y en sus inicios uno de los integrantes del grupo era ni más ni menos que Kurt Vile, que se fue de la banda poco después de su disco de debut en 2008, Wagonwheel Blues, pero que formó otra banda con dos de los miembros poco después. Desde entonces, la banda está comandada por el vocalista, Adam Granduciel, que ha llevado a sus compañeros por un camino distinto esta vez.

Mientras en los dos álbumes previos se decía que la banda hacía música Americana y se limitaba a meterle cierto toque ambiental, es después de este disco cuando comienzan a surgir nuevas comparaciones e influencias, nuevas aspiraciones y, sobre todo, nuevas clasificaciones en estilos. En este álbum comienzan a guiarse más por el sonido del shoegazing y principalmente del rock clásico, abriendo nuevas puertas y dándole mayor emoción a la composición, en la que antes era posible caer en el despiste, aunque siguen mostrando sus raíces de folk y capas de sonidos envolventes.

El disco abre con Under The Pressure; un inesperado y bellísimo inicio gracias a sus casi 9 minutos de duración entre un precioso teclado y riffs de guitarra que juegan entre las capas de sintetizadores y que acaba ya con cerca de 3 minutos de piano y guitarra, con otros instrumentos de cuerda irreconocibles, que nos pueden recordar en maneras y aspiraciones a la poesía de desarrollo que hace Destroyer y que te invita a viajar con él, a base de una repetición sencilla pero efectiva.

¡Qué decir de Red Eyes, el single que nos llamó la atención a finales de 2013 despertando muchos oídos alrededor de lo que nos podían tener preparado! Es adictivo, tiene un riff de guitarra genial entre los ecos de los violines y Granduciel está inmenso en la voz, con esos grititos antes del estribillo que se repetirán por todo el álbum y que le dan un toque de aspiración y libertad a todo lo que preceden. Hay que escucharlo para entenderlo.

Tal vez, tras dos canciones tan motivadoras, hay una bajada de ritmo excesiva para volver al estilo del primer álbum. Aun así, gracias al poderío de los teclados y sus geniales acordes, no se hace tan complicada la transición por un par de temas en el disco que no resultan tan fuertes ni veloces. An Ocean Between The Waves es otra de las canciones del disco, la batería rítmica y enérgica del rock de los ochenta y unos cuantos guitarreos perfectamente acompasados con los coros y los violines de nuevo transforman un tema que, en un principio parece fácil, en una nueva aspiración medio épica entre coros, ecos y grititos. Otra grandísima canción que escuchar de viaje, o en casa, pero en constante movimiento. En mitad del disco empieza la parte del disco que más se acerca a Slave Ambient, los temas no tienen un principio ni un fin claro, no avanzan hacia ningún punto y se basan en los teclados, están llenos de belleza pero vacíos de potencia o emoción musical, se agradece volver a escuchar la armónica.

La más estilo Americana es Eyes to the Wind, inconfundibles todos sus aires e influencias, ni mencionarlas queda a pesar de que siempre le metan el toque de la sobre producción que tan bien les sienta, un tema de nuevo fuera de aspiración evolutiva pero muy bello. The Haunting Idle es un interludio de unos tres minutos que nos mete de lleno en Burning, que me parece sin lugar a dudas una de las canciones del año, y perdón por el entusiasmo, pero todo lo positivo comentado anteriormente se mezcla en este tema en su máxima expresión dando lugar a mayor emoción y conjunción de elementos, con además elementos no vistos hasta el momento (coros casi a lo The Police). Pero no voy a describir la canción, dejo a vuestro criterio escucharla y disfrutarla, ya que a mí me parece demasiado deliciosa para ser imparcial.

Sin embargo, Lost In The Dream no hace honor al nombre del disco y no termina de impactar nuestros oídos después de la brutal antepenúltima canción que acabamos de oír. Tanto es así que ni la mágica armónica ni el final en acústico hacen que sea muy pasable, no como la conclusión, Reverse, uno de esos cierres con mucho sentimiento, de 7 minutos de poesía musical y palabras bellas de desesperanza, preciso y de nuevo acertado.

A pesar de las ligeras sombras que despiertan un par de temas, este disco es mucho más luminoso y preciso que Slave Ambient, todo un acierto musical y no sólo una evolución, sino también un golpe sobre la mesa de poderío. Esta banda puede ser muy importante incluso sin Kurt Vile.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8,5/10

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