THE RACONTEURS – HELP US STRANGER

El mundo de la música es un mundo de idas y venidas, algunos grupos aparecen, otros desaparecen y al cabo de unos años vuelven, un mundo en el que no se sabe lo que deparará el mañana. Si hay alguien que sabe lo que esto significa, ese es Jack White. A finales de los 90 se formaba en la, para nada polémica, ciudad estadounidense de Detroit una de las bandas más conocidas de historia de la música, sobre todo por su himno, coreado por millones de personas en aún más ocasiones, Seven Nation Army. Mientras este grupo iba viendo su final otros proyectos del americano tomaban la recta de salida, entre ellos The Dead Weather o el que hoy nos acontece, The Raconteurs, en la que parece ser su segunda juventud.

El primer periplo de la banda comprendió desde 2005 hasta 2011, año final también de The White Stripes, y comprendió dos discos, Broken Boy Soldiers en el año 2006 y tan solo dos años después, Consolers of the Lonely, de ambos se pueden rescatar grandes temas, como Steady, As She Goes o Salute Your Solution. Ahora, unos pocos años después, el grupo está de vuelta, si bien ya lo demostrara con ese doble sencillo en el 2018 (Sunday Driver y Now That You’re Gone), ahora es una absoluta realidad, con el nuevo LP en nuestro haber, Help Us Stranger, con dos adelantos en la carretera, Hey Gyp (Dig The Slowness) y el single que casi le da nombre al disco, Help Me Stranger. Algo que podemos rescatar en la propia primera escucha de los temas, es su producción, no son la misma banda del 2006 o 2008, la producción es excelsa, como todo lo reciente del de Michigan.

Bored and Razed, así se llama la primera pista que escuchamos al poner el CD en nuestro dispositivo musical o al darle al mero play de nuestro reproductor webapp favorito (Dios te tenga en su gloria, Spotify). Un comienzo al más puro estilo Rush. Unos guitarrazos que podría dar el mismísimo Alex Lifeson, junto con la batería de Neil Peart, menos decorada que la suya, pero con esa potencia que todo el mundo reconoce al bueno de John Bonham. Una melodía progresiva, celestial, ancestral, épica… una absoluta bomba para abrir el disco. No podré negar jamás que la aparición pocos minutos después de una guitarrita acústica junto a un punteo preciso en Only Child es de lo más sorprendente y atrayente que he oído en mucho tiempo.

Don’t Bother Me, la pista que sigue a la anteriormente mencionada canción, es un auténtico carrusel, un arriba-abajo constante, unos cambios de intención y potencia absolutamente emocionantes que se ven continuados por una base en piano, de acordes hermosos, que toma Shine The Light On Me por nombre. Somedays (I Don’t Feel Like Trying) tiene en su haber cierto espíritu pixie, incluso atinaré más al relacionarlo con el bueno de Frank Black. La tranquilidad de una guitarra acústica como en la ya mencionada Only Child junto a la odisea espacial de Don’t Bother Me.

Reminiscencias llegan a nosotros con el dueto de canciones avanzadas en 2018, no por ello menos importantes, que nos llevan de forma ineludible e inevitable hacia el final del LP. Live A Lie llega con frenetismo para acabar en un solo de guitarra descarado, junto a un riff acelerado a la vez que exacto del rock más auténtico que existe. Si la epopeya épica de Jack White y compañía comenzaba desde el primer segundo, Thoughts And Prayers hace las delicias de una leyenda nórdica, que camina por la estepa escandinava, viviendo de lo que caza machete en mano.

El disco se erige como una de las más grandes machadas de este año, sin lugar a dudas, y, también, sin lugar a dudas, eleva la figura del multiinstrumentista de Detroit al máximo exponente de la historia de la música, seguro que con un amplio abanico aún por mostrar.

8.5
8.5
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