THE MOONDOGGIES – A LOVE SLEEPS DEEP

Los de Seattle consagran en A Love Sleeps Deep gran parte de la experiencia adquirida a lo largo de su trayectoria. Sin duda, este nuevo álbum es el resultado de años bailando a dos aguas entre la americana y el folk. Una cristalización de referencias, referentes y sonidos aprendidos. Cuatro discos en más de 13 años de carrera y un EP son un bagaje más que óptimo para pensar que quizá estemos ante su momento dulce. Esa grandeza que roza territorios explorados por los/as precursores/as del género con un equilibrio entre el country, el folk y el rock. Todo ello, eso sí, dotado de un aire de conocedores de la melodía. Con lo que el viaje se presenta rodeados de montañas en las que el verde de Everett se suma a la épica. Sencillo, estamos de viaje entre árboles

Easy Coming o Cinders con aire sureño y teclas son buenas muestras de ese sonido pulido obtenido en el estudio y regado con armonías vocales y viejas reverberaciones de guitarra. Todo en su sitio perfectamente ecualizado y tratado. En uno de sus fraseos más clásicos la banda formada en 2005 nos transporta a ese lugar donde la humedad se respira y más vale estar abrigado. Nos quieren contar una historia al viejo modo con sus misterios y sombras. A la luz de una pequeña hoguera con el coche aparcado bien lejos.

Si bien en su momento estos muchachos fueron catalogados por Rolling Stone como una patada en el culo, Sick in bed me ha sorprendido, y mucho, por ser una gran canción armada con un par de simples elementos en la estructura perfectamente resueltos y que, en su sección final, estallan como si de una gran fiesta se tratara. Sin duda, uno de esos temas a mitad de disco que te engancha y que a buen seguro se viste de temazo resultón en directo. Soviet Barn Fire nos saca el traje setentero con distorsión y es aquí Scott Weiland y sus canciones crepusculares que venían de Bowie y/o los Beatles el que me viene a la mente. Pura magia. Como esa niña que descubre luces en una caja roja de plástico en una habitación a oscuras.

My Mother nos saluda con unas notas de piano y Promises llega a medio tiempo con vientos. Las promesas se van. ¿Os acordáis de wilco y son volt? Vendrá bien, llegados/as a este punto, tener a mano una manta acogedora para los días lluviosos escuchando las gotas repiquetear nuestras ventanas en Otoño. Y para finalizar el disco, Underground (A Love Sleeps Deep) o lo que vendría a ser ocho minutos crepitando las ramas hasta que el sueño nos venza. Una canción que desde sus primeros compases resuena a Neil Young y clásicos afines.

La banda formada por Kevin Murphy (guitarra, voces), Caleb Quick (teclados, voces), Carl Dahlen (batería, voces) y Robert Terreberry (bajo, voces) nos presenta un trabajo muy completo con bonitas referencias de la vieja escuela, de los nuevos clásicos y añade los elementos más interesantes del género en los últimos tiempos. Si bien el sonido en conjunto es dinámico yendo desde los sonidos limpios casi crudos a algunas distorsiones basadas en fuzz, me gustaría destacar el laborioso trabajo vocal de sus armonías y estribillos que es brillante y lleno de talento y buen gusto.

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