SUNFLOWER BEAN – TWENTYTWO IN BLUE

Si os gustó el debut del trío neoyorquino, olvidadlo, despejad la mente de ese recuerdo y prepararos para un rumbo completamente diferente. Sunflower Bean estrenaron en 2016 un álbum repleto de melodías pop con un deje psicodélico y juguetón propicio para mover al público. Lejos de repetirse, la banda formada por Julia Cumming (voces, bajo), Nick Kivlen (voces, guitarra) y Jacob Faber (batería) ha construido un trabajo más maduro y armónico. Y, lo que empieza cogiendo una forma excelente, acaba quedando en un paso en falso de los veinteañeros.

A sus 22 años han horneado una colección de temas que beben claramente de la música de los 70, y en especial del glam y el soft rock. Para ello han contado con la ayuda de Jacob Portrait (Unknown Mortal Orchestra) en la producción. Twentytwo In Blue llega para situar a la banda en el ahora, pero cogiendo influencias de épocas pasadas.

Gran prueba de lo primero son las letras generacionales que salen de las voces de Cumming y Kivlen. Un ideario que desprende madurez y que trata de alentar a la juventud a cambiar las cosas. También hay críticas a Donald Trump (“Every tragedy has its sad clown” / “Toda tragedia tiene su triste payaso”) y la religión (“I don´t need your religión” / “No necesito tu religión”), que dejan claros los ideales del trío.

De hecho, las dos piezas de las que salen estos versos, Crisis Fest y Human For, agitan a la sociedad más cercana a la banda (“We can shout: no, no, no” / “Podemos gritar: no, no, no”) y exclaman el mensaje hippie de crear cada uno su propia espiritualidad. En este contexto de protestas y reivindicaciones se encuentran otras dos piezas: Twentytwo, en la que Cumming explica la soledad en la que viven muchas mujeres de su edad por las expectativas que hay en ellas; y Sinking Sands, sobre el poder de la verdad y las ‘fake news’ popularizadas en las elecciones estadounidenses de 2016.

En cuanto al sonido de Sunflower Bean, el acercamiento a Fleetwood Mac en la primera parte del disco es indiscutible. Un primer tramo, desde Burn It a Memoria, que es los más destacable del trabajo. Cumming brilla en sus armonías vocales y las delicadas líneas de bajo (I Was A Fool), mientras que Kivlen está inmenso descargando melodías en la canción que abre el disco. Todo viene acompañado por muchos coros, una batería precisa y algún violín que se deja escuchar de vez en cuando.

Después aparecen cuatro temas en los que la formación parece dar tumbos de un lado a otro, sin la conexión radiante del comienzo. En este sentido, el guitarrista sobresale en Puppet Strings y la bajista sigue elevándose en Only A Moment. Any Way You Like es la canción que más cojea de todas y que termina por despistar del todo al oyente.

Sin embargo, las armonías regresan al final del álbum con el objetivo de dejar un mejor sabor de boca. Si bien el mensaje esperanzador cantado a dúo de Oh No, Bye Bye despierta de nuevo la fe en Sunflower Bean, los giros en el guión corrompen su intento de evolucionar. Los constantes cambios en la recta final marcan un trabajo que pintaba a ser brillantemente homogéneo y dejan como resultado un batiburrillo de estilos sin demasiado sentido.

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