Sigur Rós – Kveikur

Discos Sigur Rós - Kveikur

Algo se cocía en la guarida de los islandeses universales Sigur Ros. Aunque con el sonido continuísta de su anterior trabajo, Valtari, no dieron demasiadas pistas, su última gira testimoniaba que algo estaba pasando. Con nuevo disco bajo el brazo parecían tener muchas ganas de presentar más canciones nuevas y, sobre todo, de dar a entender que Valtari había sido como un final. Más bien, un punto y aparte.

Ese punto y aparte empezó a asomar hace varios meses con nuevas canciones que nos dejaron un tanto confusos. Tantas prisas en publicar nuevo material tenían su explicación en la necesidad de sacar por fin canciones más densas, más guitarreras, más movidas. Y de ahí nace Kveikur, su séptimo trabajo. Como si hubieran dejado de lado las orquestaciones y los sonidos ligeros ambientales como base, como si se hubieran cansado de poner banda sonora a los gélidos paisajes de sus tierras. Quizás la marcha de su teclista Kjartan Sveinsson sea causa o consecuencia de todo ello, tras negarse también a acompañarles en la gira, un hecho casi dado de la mano del viraje en el sonido. ¿Qué les ha pasado, han mutado, han evolucionado?

No. Sencillamente, han cambiado de pellejo. Porque bajo ese estimulante engranaje de baterías y guitarras potentes sigue guardada celosamente la esencia de la banda. Ese algo que tienen que, a aquellos que disfrutamos de su música, nos llega al alma. Esos sonidos y esas melodías que nos rasgan el alma, que se acomodan en nuestros refugios personales, sólo que esta vez la intensidad la materializan en forma de guitarrazos y ritmos contundentes. Igualmente desgarradores, pero con más luz y energía, despertándonos en vez de acompañarnos en nuestro duermevela. Invitándonos a mover rítmicamente la cabeza en vez de cerrar los ojos y volar. Mismo efecto, diferentes caminos. Resultando, en su conjunto, una evolución refrescante y sincera, agradecida y, sobretodo, muy interesante.

Esa batería inicial y esas distorsiones del inicio con Brennisteinn nos lo dejan claro. Empieza tranquila pero enérgica, con un melódico estribillo marca de la casa que nos recuerda que son los mismos perros con distintos collares. Hrafntinna en su tranquilidad resulta el aperitivo ideal para poder saborear después una de las primeras joyitas que alberga este disco, la gran Isjaki, el iceberg. Una canción de esas que empapan de cabeza a pies, en la que vuelven a hacer acto de presencia los violines que creíamos que olvidarían para siempre (y que por suerte siguen presentes en muchas canciones), que va de menos a más, que se alimenta de energía progresivamente hasta estallar en un estribillo con coros y más violines, creando una atmósfera que hará las delicias de los amantes del sonido de la banda.

De la misma manera, Stormur, su piano, sus violines y su evocación, constituyen otro gran puente para alcanzar el otro punto álgido del disco, Kveikur. Si alguna canción representa y define el nuevo sonido de la banda, sin lugar a dudas es esta; puede que por ello el disco lleve su nombre. Enérgica, llena de guitarrazos y electricidad, cacharreo y batería potente, distorsiones y coros. Y por encima, una melodía potente que se mece al ritmo de la estructura musical que la protege, que se aprovecha de y juega con ella. Que finalmente deja paso a una intensa batería para que remate, enmarque y finalice la canción. Aunque casi no hace falta, si alguien echa de menos a los islandeses más tranquilos y ambientales, tendrán su dosis en canciones como Yfirbord, pero sobretodo en la final Var, la calma absoluta tras la tempestad. Los ecos a su épica habitual se ven reflejados en Rafstraumur, aunque esta vez adaptados a su nueva máscara pero sonando igualmente sólidos y emocionales.

Nueve canciones de títulos concisos, ninguna de ellas superando los 8 minutos (algo que, en cierta manera, también resulta una novedad), que nos recuerdan que no es necesario entender qué nos cuentan para disfrutar de ellas. No todas igualmente inspiradas, pero sí las suficientes como para que disfrutemos de su conjunto. Una sola palabra por canción que transmite todo lo necesario, que nos evocan su universalidad, que nos dejan carta blanca para que las interpretemos como queramos, para que nos dejemos llevar por ellas, porque aquí lo que importa es la música.

Que Sigur Ros tienen un sonido único e inconfundible es algo que nadie pone en duda. Pueden gustar más o menos, prueba de ello es la cantidad de detractores y de admiradores a la par que encontramos, pero se debe reconocer que hacen algo que nadie más consigue. Con mayor o menor acierto en sus trabajos, siempre acaban sorprendiéndonos, a cada viraje, a cada evolución, y en este caso no es para menos. Llegado justo a tiempo, cuando era necesario, y, además, sorprendiéndonos. Bienvenidos sean siempre.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 8/10