SIGRID – SUCKER PUNCH

Debuta al completo una de las dos artistas noruegas más exitosas del momento. Tras la estela de Aurora Askness, Sigrid publica su primer LP con una docena de temas en su mayoría ya sonados. La ganadora del BBC Sound el año pasado comienza su carrera con un discurso que no acaba de verse plasmado en su trabajo.

Hace ya dos años que su nombre sonó por primera vez y desde entonces no ha parado de lanzar canciones, tantas que ha tenido que descartar tres a la hora de confeccionar el tracklist de su Sucker Punch. Su mensaje sorprende y cala dentro del mundillo pop. Se presenta sin maquillaje, vestida con su camiseta favorita de una aerolínea holandesa y cual chica sencilla que sólo quiere divertirse y hacer música. Su campaña se centra en que es una artista diferente y que, pese a hacer un estilo como pop, llega para sorprender e incluso criticar la industria desde dentro.

Un tercio del disco ya estaba escuchado por fans o amantes del género. Don’t Kill My Vibe es uno de esos adelantos que contradicen el conjunto. En él la artista se burla de los productores con versos como “Crees que eres tan importante para mí, no ¿Tú?”, y ya en el disco mantiene la línea con otras pistas como Business Dinners aunque de manera ligera y carismática.

A esta faceta se le suman las ya conocidas Strangers, Don’t Feel Like Crying, la homónima, Sucker Punch y quedan fuera otras también exitosas como Plot Twist o High Five. Por suerte y en su favor, el resto de temas no denotan un intento de relleno sino el conseguir de cada uno de ellos un triunfo único y un buen resultado. Hay quien lo ve como el lado luminoso del Melodrama de Lorde o la conexión directa con el sonido pop de los 2000 de Natasha Bedingfield. Gracias a la rítmica y los timbres ochenteros, así como la calidad de los sintetizadores, Sucker Punch es un resultado fresco y profesional, nítido y un gran arranque sin ninguna duda.

Lo sorprendente en el discurso de Sigrid es su lucha contra la “masividad pop” frente a su publicación del largo con Island, filial de la británica Universal Records. Es un movimiento crítico dentro de la gran rueda mediática que la convierte en un posible producto más que va por lo “alternativo”. La noruega es una artista de top con apenas 22 años que se ha hecho un nombre internacionalmente, pero, aunque su álbum suena cohesionado gracias a la instrumentación, no arriesga y deja la insurrección como una simple mención bajo la cobertura de una discográfica convencional. Su fórmula funciona y si mantiene su espíritu juvenil quizá acabe en la producción propia y el lado más “indie” de la industria, lo cual sonará más convincente con sus algunas de sus letras y brillará por su gran capacidad a la hora de componer pop bangers.

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