PEARL JAM – Lightning Bolt.

A estas alturas y sin que eso sea negativo, Pearl Jam y grunge ya son dos cosas que pertenecen a intervalos temporales distintos. La banda, que por localización y compañeros de viaje irremediablemente se vio etiquetada (Y con razón) como uno de los segundos a bordo de Nirvana, no tardó mucho en luchar para salirse de esa etiqueta. Y andaba el 1996 cuando eso sucedió, con un No Code que nos dejó a todos descolocados. Después hicieron un guiño a su sonido inicial con Yield (1998), volvieron a hacer otro viraje para descolocarnos de nuevo ( Binaural en el año 2000), para posteriormente tocar fondo artístico con Riot Act (2002).

4 años de descanso les dieron para decidir que querían ser una banda de rock de estadios, y así, dirigieron el sonido hacia allá: El homónimo Pearl Jam (2006) y Backspacer (2009) son grandes muestras de que los experimentos quedaron para el pasado, que sirvieron para despojarse del grunge como si éste fuera una maldición, y que ahora tocaba ir  hacia ese rock accesible. Estos dos últimos son discos muy buenos, que evidentemente no llegan al nivel de Ten (1991), Vs (1993) o Vitalogy (1994) que tenían una personalidad propia y abrumadora, pero en este disco que nos ocupa, Lightning Bolt, la formúla no funciona, y esa música accesible pero de calidad no llega al nivel deseado.

Con la escucha del disco podríamos decir que  se diferencia en dos partes:

Las 5 primeras canciones podrían haber sido de sus dos anteriores trabajos: Getaway es un golpe de puño en la mesa como lo fue Life Wasted en su momento, Mind Your Manners en la misma línea, es un single esperanzador, Sirens un bonito medio tiempo con poso rockero, y Lightning Bolt un tema del montón.

Pero a partir de Infallible, el disco se convierte en una serie de canciones de vertiente pop que son un coitus interruptus. Pendulum es un tema que baja las revoluciones a casi cero, Swallowed Whole una balada pop bastante tontorrona, igual que Sleeping Myself que tienen un exceso de caramelo que empalaga, Yellow Moon parece una versión con guitarra de lo que podría haber sido un tema del disco de Eddie Vedder en solitario, Ukelele Songs (2011), y para acabar Future Days, un buen tema pero que queda eclipsado por el sopor que nos ha provocado los anteriores. Hay que tener en cuenta que si bien la cara visible de la banda es Eddie, no hay que olvidar que McCready es uno de los guitarristas más capaces que hay en activo, y que engrandece cualquier riff que toca siendo capaz de realizar cualquier maravilla, y en este segundo bloque la maestría de McCready no aparece demasiado por el tipo de canciones que son, mientras que en la primera parte consigue engrandecer unas canciones que sin él no funcionarían tan bien.

Desgraciadamente, la sensación que deja este disco es que se trata de una serie de temas aprovechados de los descartes de sus anteriores trabajos y algunas composiciones reutilizadas de Vedder pensadas para sacarlas en solitario. Este (aparente) reciclaje da como resultado un disco con poco gancho compositivo y que cuesta volver a escuchar. Hasta ahora llevaban bien esta nueva etapa, accesible, fácil, llegando a multitud de público, pero como toda arma de doble filo tiene una frontera fácil de cruzar, y es la del disco que sólo sirve para justificar la correspondiente gira, como el que nos ocupa.

 

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 6/10

Escrito por
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