martes, noviembre 19, 2019

NUNATAK – NUNATAK Y LAS FLORES SALVAJES

Discos NUNATAK - NUNATAK Y LAS FLORES SALVAJES

Los numerosos compromisos que les han llevado por toda la geografía española durante los últimos meses no han impedido a Nunatak meterse en el estudio para grabar una nueva entrega de esta saga musical solamente un año y medio después de ‘Nunatak y el tiempo de los valientes‘ que se editó en marzo de 2018 y que también contó con el murciano Raúl de Lara en la producción. Con ‘Nunatak y las flores salvajes, la formación nos toma de la mano y nos acompaña a través de un recorrido en cuatro partes partiendo desde la más continuista respecto al anterior álbum a otra más ambiciosa y épica, seguida por temas influenciados por el rock y el blues y completado por un epílogo donde la música electrónica es protagonista.

Nunatak ha creado un ecosistema plagado de nuevos sonidos y de otros rescatados de su primera etapa que en ningún momento se aleja demasiado de su esencia. Letras verdaderas, melodías potentes y un conjunto cuidado hasta el último detalle constituyen las raíces, bien afianzadas, de estos cinco músicos. El amor -o su ausencia-, la paternidad, la crisis climática y un grito contra la actual coyuntura política son tierra, aire, agua y luz que alimentan a estas flores salvajes.

“Quiero que arda”, “Créeme” y “Mi gran virtud”, encabezan la lista de canciones, enérgicas y vibrantes. Temas con toda la garra y la incandescencia a las que ya tienen acostumbrado a su público pero en los que queda espacio para fragmentos íntimos donde guitarra y voz consiguen llegar quizás más lejos que ningún complicado arreglo. Ya sea porque vieron la luz antes que el resto en forma de adelanto o porque siguen la estela de cortes como “Romper el Cielo” o “Aún Respira” de su trabajo anterior, estas canciones parecen ya veteranas en el repertorio de la banda. 

Estrofa tras estrofa va ganando en intensidad un tema que nace desnudo en este segundo acto, “En tu nombre”, título compuesto por el músico Carlos Madrid con la colaboración de Adrián Gutiérrez (voz principal), y que cuestiona la masculinidad y paternidad establecidas. El primer tema folk del álbum, “Viento del sur”, es una pieza acústica, brevísima pero potente y compleja, donde se unen hasta cuatro voces, un grito desesperado que nace de la naturaleza y cuyo directo resulta de lo más prometedor.  Y a ritmo de blues comienza “Todas las campanas” para ir creciendo con las guitarras y las cuerdas hasta llevarnos a ese lugar donde llegan las relaciones que saben reinventarse en “algo nuevo, algo mejor aún”. Este corte, tercer adelanto del álbum, disponible desde el pasado 13 de septiembre, llegó acompañado de un videoclip de animación firmado por el propio vocalista.

Pero el gran himno del LP se llama “Hijo de la tierra”, que destila blues, pop y rock y que desde la primera escucha suena a tema de largo recorrido. Al más puro estilo de las canciones de trabajo arranca este tema que rinde homenaje a las gentes del campo, relegadas a un olvido más que probable, que ha contado con la colaboración de los Auroros del Rincón de Seca en los coros, una agrupación religioso-folclórica murciana. Casi al final, la paternidad vuelve a tomar el relevo en “Coge mi mano”, retrato del momento personal que atraviesan varios de los componentes de la banda. “Criminal de guerra”, en la que ha colaborado Jorge Guirao (Second), es uno de los temas más eléctricos,un arriesgado grito contra el status quo en el que caben cuerdas, sintes y hasta un exótico sitar donde el estribillo desluce un tanto el convincente arreglo musical.

“Ya he ganado” cierra el disco en forma de epílogo, un tema electrónico muy elaborado que deja una de las frases más contundentes y desgarradoras de este trabajo: “Si el destino no me cuenta entre los aptos, que la mediocridad me acepte en su regazo con el alma herida y el valor intacto”. Nunatak y las flores salvajes está bastante lejos de ser un álbum mediocre. Ojalá que algunas de las letras que lo componen se conviertan en profecía autocumplida para el quinteto cartagenero y que el futuro, aunque no está escrito, sea solo suyo.