NACHO VEGAS – CÓMO HACER CRAC

CÓMO HACER CRAC

Escribir la reseña de un disco (EP, sí) como este es todo un reto. Llevo demasiado tiempo dándole vueltas y realmente no acabo de decidir por dónde atacar, así que voy a tener que saltar a la piscina a sabiendas de que la crítica, muchas veces, no alcanza a donde quisiera y debiera llegar.

He decidido entrar a la lectura de este disco por cuatro entradas distintas. Sé que al principio os van a sonar extrañas algunas de ellas, pero pronto lo entenderéis. Las cuatro entradas son la lírica, la farmacológica, la clínica y la musical. Que nadie se asuste, es todo mucho más fácil de lo que parece.

Partimos de la base de que, para el oyente, este disco es exactamente esto: un abrazo. Nos lo vendían como uno de los discos más comprometidos socialmente de Nacho Vegas, pero al escucharlo muchos nos sorprendimos con que está plagado de las mismas historias, de la misma temática, que muchos de sus otros trabajos. Y, sin embargo, tiene algo de muy social, y es ese abrazo en que se resume. Ante un día a día como el que vivimos, ante este “crac” que no cesa, ante una realidad que avanza de forma obscena y miserable mientras siguen sucediéndonos las pequeñas realidades individuales que vivimos cada uno y que tan bien retrata Nacho esta vez, ante todo eso lo mejor a lo que podemos aspirar es a recibir un abrazo, y eso es precisamente lo que recibimos aquí.

Pero vamos con esa división en cuatro entradas que he decidido para poder parcelar medianamente lo que digo. En primer lugar, la lírica. Todos los que trabajamos de cerca con la literatura y estamos familiarizados con ella sabemos que es algo bastante indefinible (llevamos siglos intentando definirla y solamente han servido para acumular teorías sobre teorías que no han resuelto nada, aunque han sido realmente interesantes a veces). Sin embargo, aun sabiendo que no se puede decir qué es la literatura, puedo y debo decir que no sé distinguir entre la literatura y las composiciones de Nacho Vegas. Precisamente por eso veo imprescindible una entrada por la lírica. Lírica, poesía, etc. que es la columna vertebral del trabajo de Vegas como letrista. “Poesía eres tú”, que habría dicho Bécquer.

Y desde esta entrada lírica es desde donde llega el primer abrazo que nos brinda Cómo hacer crac. La lírica más humana, la lírica de las miserias, de las alegrías, de las esperanzas, de la desesperanza,de lo que sucedió, de lo que no sucederá, la lírica que, narrando lo personal, se convierte en algo social. La lírica que aporta belleza aun cuando todo hace “crac”. La delicada lírica que, de tanto acercarse a lo más hondo de las personas, acaba abrazándolas y sanándolas.

Sanándolas, digo, y con esto puedo avanzar hasta la segunda entrada sin abandonar del todo la primera. ¿Qué es eso que se me ha antojado decir de “entrada farmacológica”? Además de una cosa así como muy grandilocuente y rimbombante, es algo que tiene sentido. Pregunto, ¿cuál es la diferencia, la única diferencia, que podemos encontrar entre la poesía y la lírica de Vegas? ¿Cuál es la diferencia entre cómo te cura un libro y cómo te cura escuchar una colección de canciones tan delicadamente tejida como esta? He aquí la idea: el libro (elija cada uno su título preferido entre los libros que le han ayudado/sanado) como inyección, el disco que nos ocupa como gotero. El momento de la lectura del libro es claro, explícito: lo notas, como la inyección. Si sana, lo hace de forma evidente, a veces incómoda, a veces trabajosa (por eso cada vez se lee menos). Sin embargo, escuchar a todo volumen esta colección de seis canciones que discurren lentas, que llegan hasta ti sin esfuerzo y con las que solamente tienes que dejarte llevar por los paisajes emocionales que te proponen me recuerda al efecto del gotero, que cura lentamente, gota a gota, poco a poco, recompone y trae de nuevo a la vida o silencia el dolor. Sí, escuchar este trabajo sublime de Vegas es sanar sin apenas notarlo, lentamente, delicadamente, sin ser casi consciente de lo que está sucediéndote, como el bienestar lento de un abrazo.

Pasemos a la tercera entrada, que será la otra “rarita” que he buscado. ¿Por qué la clínica? La clínica porque las canciones de este EP son una bella colección de síntomas, de síntomas humanos y sociales. No las destriparé, no intentaré darles más lecturas que las que cada uno quiera darle, no pondré ejemplos concretos, pero es una colección de textos que recogen los males, tanto los individuales como los sociales, de lo humano. Los exponen, como un tratado de medicina expondría los síntomas de una enfermedad con un objetivo muy concreto: estudiarla y curarla. Vegas pone bajo la luz brillante del sol todas aquellas miserias que pudieran ser algo parecido a la enfermedad, y es precisamente exponiéndolas, luciéndolas y cantándolas como, casi por exorcismo, podemos encontrar a veces puertas de salida, a veces formas de sobrevivir a la ausencia de salidas.

Acabando ya, quedaría recoger una cuarta y última entrada a Cómo hacer crac. Se trata de la más evidente, la musical. Las bases rítmicas de las canciones, bastante distintas entre sí, parecen ser el contrapunto perfecto a tanta exposición del dolor. Desde la curva que hacen los acordes de la canción Cómo hacer crac al acompañar a la frase “y si esto no es el fin,  / si esto no, no, no, no es el fin, / si esto no, no, no es un final, / entonces es la bomba que va a estallar, / es una bomba y va a estallar, / es la bomba que va a estallar”, que rozan lo sensual frente a la crudeza de lo dicho, hasta los pequeños saltos en el ritmo y los compases de cada una de las cinco canciones siguientes, golpes de ritmo que nos recuerdan al Nacho Vegas que en el vídeo de El hombre que casi conoció a Michi Panero o en el de Dry Martini, S.A. mueve discreta y graciosamente las caderas a pesar de todo, o precisamente por todo. Ese ritmo que podría ser una carcajada pero que aquí, una vez más bajo la elegancia que caracteriza a Nacho, se convierte en pequeños toques de gracia que burlan a la inevitable miseria que se describe, y nos muestran una actitud que, esta vez sí, nos ayudará a adoptar ese ritmo para nuestro propio día a día y a, pese a la consciencia de todo el dolor, el daño, lo miserable, el crac, lo inevitable, lo acabado, nos acompañará, nos reconfortará y nos arrullará.

Dicho todo esto, vuelvo a la idea inicial. Desde todas las entradas (se me han ocurrido cuatro pero, como siempre, son infinitas) parece ofrecérsenos un alivio, un respiro, una sanación… un abrazo, como empecé diciendo. Y es ese abrazo el que marca el carácter de un trabajo que, aunque breve, es todo un tratado contra el miedo. Parece no poder evitar ser el disco más apropiado para escuchar cuando acabas de despertarte de una pesadilla que empapa la vigilia, el disco más apropiado para escuchar cuando la vigilia se convierte en una pesadilla, y el disco más apropiado para acunarte cuando todo lo que hace “crac” te hace refugiarte en tu cama. Un abrazo, a fin de cuentas, para qué decir más. Para qué decir más si los que escribimos reseñas sobre discos siempre lo hacemos con la esperanza de que el autor del mismo no llegue a leerlas. En lo que a mí respecta, si hubiera pensado que en algún momento Nacho pudiera dar con la reseña que yo tenía que escribir sobre su último EP, ésta solamente habría contenido una palabra: “gracias”.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 10/10.