My Bloody Valentine – MBV

Por más que insistiera Gardel con aquello de que veinte años no son nada, ha llovido mucho en el mundo de la música desde el tan sufrido lanzamiento del segundo álbum de My Bloody Valentine, desde que aquel icónico Loveless penetrara en el subconsciente colectivo y desde que la banda dublinesa se desvaneciera en medio del clamor de la crítica y del público.

A aquellos a los que la revolución del shoegaze nos pilló en pañales, los de Kevin Shields pasaron a formar parte de ese colectivo de miembros fundadores de éste o aquel sonido que tantas bandas de hoy en día reclaman como una gran influencia, no se sabe muy bien si en serio o para dar lustre a su propio ego. Nada mejor que citar a un puñado de bandas de culto para justificar, a veces, la falta de originalidad.

Sin embargo, abordar este MBV hoy en día resulta más sencillo que nunca. La revolución del MP3 y la mutación de la música en un producto de consumo masivo, de algún modo, acortan distancias. El boom digital sirve de puente entre las dos décadas que separan el segundo y tercer trabajo de los valentines y en estos momentos nadie se extrañaría de escuchar en cualquier guateque el Only Shallow seguido de algo de dubstep, por ejemplo.

En cualquier caso, y pese a lo actual que suene, MBV se compone de material que en algunos casos fue concebido hace más de diez años llevado de nuevo al estudio. Quizá por ello esas guitarras saturadas de overdrive y esos coros andróginos y oscuros conservan ese regusto añejo que dota a este trabajo de la autenticidad de la que carecen otros productos mas actuales y menos creíbles. Aquí no hay filtros de Instagram que valgan, amigos.

El disco inicia reanudando el camino donde Loveless lo dejó. She found now es un mar de guitarras procesadas en el que navega la lánguida voz de Shields y Only tomorrow o Who sees you consiguen sacar una expresividad del sonido opaco y distorsionado de sus Fenders de los que sólo pioneros como ellos, como Sonic Youth o The Jesus and Mary Chain son capaces.

El ecuador del disco otorga protagonismo a la voz de Bilinda Butcher, obviamente mas rasgada y grave que, digamos, en Loomer, pero no por ello mas apagada. Junto a ella, los innumerables estratos guitarreros de If I am o el sinte astral de Is this and yes tienen la frescura y la verosimilitud de quien explora un sonido por primera vez. Por su parte, New you valdría como “no-single” en la época de las listas y recopilatorios de Spotify, gracias al ritmo pegadizo y a ese trémolo de guitarra a lo How soon is now?

Podríamos decir que el álbum va de menos a más en cuanto a energía. Si el álbum comenzaba con medios tiempos hipnóticos, los tres temas que cierran el disco son, poniéndolo en términos sencillos, una salvajada. La percusión indómita de In another way o Nothing is están calculados para apabullar, a pesar de todo lo que sucede, los sintes estridentes y las guitarras enfurecidas configuran, mediante la repetición, una especie de catárquico mantra que induce a una especie incómoda parálisis. Un disco como MBV sólo puede finalizar con un tema como wonder 2, una locura a lo interludio de A day in the life de la era del jungle.

Parecería lógico que, después de una eternidad sin sacar material nuevo, este trabajo fuera o bien una especie de postizo lavado de cara o una respuesta, un porqué a este silencio tan prolongado. Lejos de eso, se trata de un álbum que ignora por completo los nada menos que 22 años que lo separan de su predecesor.

MBV plantea más incógnitas de las que resuelve. Si resulta acertado sacar un disco así a estas alturas y si se trata de un buen álbum es la mayor de ellas.

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