MUSE – THE 2ND LAW

Discos MUSE - THE 2ND LAW

Por todos es sabido que muchas bandas consagradas en el ámbito del rock se han sentido atraídas y seguidamente han coqueteado con las pistas de baile. Casos como los de U2 o Queen vienen a decirnos que, en ocasiones, para contrastar sonidos, ambientaciones y demás características de los álbumes de un grupo de rock se han debido apartar momentáneamente del camino usual lleno de distorsiones, e incluso de cadenas de fans puristas.

También va a ser el caso de Muse, que si ya en el anterior inspirado disco de 2009 The Resistance había insertado una pieza orquestal clásica de tres partes, ahora con The 2nd Law va a seguir empleando violines y coros épicos, pero asimismo va a encaminarse hacia derroteros más bailables (llámese dubstep, funky…) y no por ello van a salir mal parados. Aun así, no se abandonan los condimentos marca de la casa, que nadie se asuste, que el pastel va a seguir sabiendo a Muse, una de las grandes bandas del siglo XXI.

El sexto álbum de estudio de la banda, grabado en Londres, se abre con Supremacy. Suena a Muse por doquier: falsetes vocales, potentes rasgazos de guitarra de Matt Bellamy con gran empaque del bajo de Christopher Wolstenholme y de la batería de Dominic Howard. Los violines y el ritmo inicial recuerda a Led Zeppelin y su tema Kashmir, pero de forma totalmente anecdótica y en todo caso como un guiño.

Madness es el segundo corte y el primer single del álbum, y con él quizás han querido jugar a despistar a los seguidores y llamar la atención con este estilo dubstep, basado en elementos electrónicos y tempo lento. Es toda una delicia comprobar que esta canción en directo no pierde un ápice de su originalidad, con Chris tocando un bajo de doble mástil y con un “sensor palm” que dispara el sonido electrónico desde una pantalla táctil acoplada a su instrumento. Si se han alejado del rock en este tema, quizás vuelva éste en el pegadizo y característico solo de guitarra de Matt. Es una canción bastante adictiva y, cuando menos lo esperes, estarás tarareando cualquiera de sus partes. Me gusta ese coro final lleno de luminosidad, y en los posteriores falsetes casi parece que vaya a aparecer Bono.

El corte tercero, Panic Station, me da a mí que va a ser single, y lo digo por el sentido rompedor (¿la portada es fibra de vidrio cortada o la cola de un na’bi de Avatar?) que tiene el álbum. Es un tema funky que se acerca peligrosamente a Another One Bites The Dust de Queen, una de las influencias más directas de los de Teignmouth, Devon (Inglaterra), pero también podríamos nombrar Fame de Bowie y Lennon o al mismísimo Prince.

Como curiosidad, hacer referencia al Making of, y especialmente cuando en esta canción graban la sección de metales o vientos (saxos y trompetas) titánicos músicos que han tocado con artistas como Rolling Stones, Dylan, Prince, Madonna o Stevie Wonder. Sonidazo.

La siguiente es Prelude, una innecesaria (por lo que viene después) y corta línea melódica orquestada que da paso al tema de los Juegos Olímpicos de Londres, single anticipo del disco: Survival. Es una pieza con todos los condimentos de los últimos trabajos de la banda: piano, coros épicos, batería contundente, chasquidos de dedos, palmas, un poco de cabaret, incluso el solo de guitarra, marca de la casa pero con ciertas reminiscencias a Brian May. Cuando publicaron esta canción fui bastante escéptico, pero una vez visionado el pequeño rockumental, y habiendo pasado un cierto tiempo respecto a la primera escucha, reconozco el gran trabajo de producción y sonido que han logrado. Tiene garra, potencia y es destacable. Habrá que ver si la van a interpretar en directo y de qué modo.

La número 6 es Follow Me, con ese estilo espacial que tanto gustan dotar a muchas de las canciones de su repertorio, ese aire gélido o glacial que aun así nos transporta a una sensación de esperanza. Tiene cierto sabor al synthpop frío que tanto popularizó Depeche Mode, salvando las distancias. Hay que mencionar que ha sido escrita para el hijo recién nacido de Matt, Bingham Bellamy, quien ha aportado a la intro los latidos de su corazón. De hecho, el cantante ha vuelto a escribir letras personales, algo que había apartado desde casi el comienzo de su carrera frente a la banda.

La cara B la abre un Fender Rhodes, mítico teclado con un sonido muy característico, al igual que la guitarra Stratocaster que ha empleado Matt para grabar esas interesantes líneas blues como respuesta a los momentos vocales. Animals tiene un magnífico ritmo y un cierto poso setentero, además de recordarme (armónicamente) en ciertos instantes a temas de los primeros trabajos que editaron ya hace una década, y que aquí dejan bien claro que, a pesar de buscar nuevas orientaciones musicales, siguen teniendo intención de que se les reconozca como lo que han sido siempre, un grupo de rock. No es un single tan descarado pero sí uno de mis temas favoritos del disco.

Explorers es una de esas partes melódicas que ya nos tienen acostumbrados a disfrutar bajo detalles orquestales, y como novedad, encontramos ese xilófono que suena de fondo. El piano y los violines son el común denominador de este tipo de piezas que ya escuchamos en The Resistance o en el disco de 2006 Black Holes and Revelations (uno de los pasajes recuerda armónica y melódicamente a la canción Invincible).

La novena se titula Big Freeze. Aporta los materiales rítmicos y musicales adecuados para ser un tema importante, y seguramente será publicado como sencillo. Está apoyado de unos arpegios de guitarra con tonalidad alegre, sintetizadores, marcajes rock, momentos vocales álgidos y falsetes, marca de la casa. El solo de guitarra es un pequeño homenaje a Brian May, con ese estilo inconfundible desarrollado en Queen.

Save Me es otra de las sorpresas de este trabajo, pues al igual que la siguiente Liquid State, están compuestas y cantadas por el bajista. Una es muy acuosa, con un curioso juego vocal y unos arreglos de guitarra muy logrados. Los momentos virtuosos de la batería de Dominic Howard aparecen por fin en esta canción. La otra es más rockera, más potente, pero igual de melódica que su antecesora. Es inevitable la comparación entre el Christopher Wolstenholme compositor que aparece ahora y la omnipotente autoría de Matt Bellamy, hasta la fecha único compositor. Pueden parecer canciones menores, aunque los royalties que vayan a parar al bolsillo de Chris quizás compensarán estos aspectos y los años con el único cheque de bajista y corista.

Este bloque, junto al siguiente, otorga al disco un posible desorden en el listado, ya que el siguiente corte, Unsustainable, es una pieza instrumental de arreglos orquestales, momentos dubstep tipo la anterior Madness, voces robotizadas, locutora de las noticias y contundente rock experimental, como Isolated System, más onírica, con un B.P.M. más bailable pero también instrumental y con inserción de locuciones. En esta predomina el piano y nuevamente la instrumentación sinfónica, una peculiar forma de finalizar The 2nd Law.

El LP es un paso más en la trayectoria de Muse, un gran sonido acompañado de los condimentos idóneos para contentar a fans de la fuerza y la energía de los ingleses como a amantes de la parte melódica y orquestal que han ido insertando en su música.

Viene cargado de mucha polémica, hay muchos detractores nada más salir el trabajo, y se ha arremetido sin compasión contra el cantante y principal compositor. Es cierto que no es Origin of Symmetry, el impresionante disco de 2001, ni el imprescindible Absolution de 2003. El tiempo pasa, y puede que con 34 años y su reciente paternidad Matt Bellamy sienta ahora el rock de modo más sosegado, o quizás no quiere hacer el mismo disco y le apetece experimentar y salirse de los patrones… y punto.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7/10

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