MUMFORD & SONS – BABEL

Dentro de la pléyade de grupos que integran la penúltima ola del folk-rock que hunde sus raíces el género de la americana tenemos una serie de sujetos fácilmente reconocibles. Están por ejemplo Arcade Fire que parecen salidos de una peli de Tim Burton, Fleet Foxes son los amish de las voces angelicales y Justin Vernon el leñador de Minnesota que canta en falsete. Todos ellos y muchos otros son justamente aclamados por crítica y público. Musicón.

Sin embargo hay casos en los que un grupo en principio anónimo salido de este caldo primigenio de barbas pobladas y camisas de cuadros alcanza cotas de éxito y fama que más de uno encuentra inexplicables y que hacen que te preguntes quién maneja los engranajes que hacen que la balanza de la gloria se decante de uno u otro lado. Creo que ya sabéis a dónde pretendo llegar con esta introducción.

Aquí es donde entran en escena Mumford & Sons, el grupo londinense que se dio a conocer en 2009 con su álbum de debut Sigh no more, álbum de ventas millonarias en el que repetían maneras y fórmulas de éxito ya inventadas pero que al fin y al cabo les lanzó al estrellato y les hizo ricos y famosos. O por lo menos ricos, eso seguro.

Después de dos años de abarrotar festivales y de masas enfervorecidas coreando sus estribillos, vuelven a la carga con su segundo largo Babel, en el que hacen valer aquello de si algo funciona no lo toques. El “siempre-difícil-segundo-álbum” (perdón por el topicazo) nunca había resultado tan fácil.

Babel abre con la canción homónima, el tema perfecto para dar título a un álbum ya que engloba lo que nos vamos a encontrar en la hora y pico de duración del mismo. Ni más, ni menos. La pieza es un predecible crescendo interrumpido por dramáticas pausas a cappella repleta de referencias bíblicas unas veces más sólidas que otras y acompañado por un martilleante banjo bluegrass que hará que pidas clemencia al cuarto tema.

El LP continúa con Whispers in the Dark y I Will Wait, el que fue single de adelanto. Hecho a medida para el directo, I will wait for you no se llevará el premio a la frase más inspirada pero la gente se lo va a pasar pipa cantándola seguro. Si con eso no tenéis vuestra ración de épica country tranquilos, Lover of the Light y Lover’s eyes incluyen pasajes a coro y una sección de metales que ni por asomo se acerca a la magnificencia desarrollada por Bon Iver en su disco de 2011.

Pasada la mitad del disco parece que el tipo del banjo (Winston Marshall, para más señas) finalmente nos da un respiro en Reminder, cuyo minimalismo parece estudiado para que el oyente se percate de que no lleva unos cuarenta minutos escuchando la misma canción. Un tiempo muerto ejecutado correctamente antes de regresar a las biblias y los rasgueos frenéticos de guitarra en Broken Crown y Below my feet.

Para ser justos, los temas que cierran el disco llegan en el momento justo. Rompen un poco con la tónica general de un disco más bien monótono, Not with haste y For those Below son buenos temas y la versión de The Boxer está bastante bien, imposible de otro modo si tienes al mismo Paul Simon metido en el ajo.

Quizá el éxito le haya venido bien al bolsillo de Marcus Mumford y los suyos, pero también puede haber afectado negativamente al producto que nos sirven. El tiempo dirá si son capaces de realizar algo verdaderamente suyo o si Mumford & Sons serán eternamente el grupo que más se parece a tu grupo favorito.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 3/10

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