MISS CAFEINA – OH LONG JOHNSON

Tras tres años de silencio, y después de un viaje llamado Detroit,  que les llevó a explorar un territorio más popero y les granjeó un éxito masivo, Miss Caffeína han vuelto con su cuarto trabajo, Oh Long Johnson, donde siguen experimentando. A pesar de que no gustan de repetirse, con quien sí repiten es con Max Dingle en la producción, que ya les dio muy buenos resultados anteriormente, y se alejan sustancialmente de sus primeros trabajos.

Reinventarse o morir, y en este caso han demostrado seguir muy vivos, con un disco que comienza con la luminosidad de Oh Long Johnson (dando título también a este último trabajo), aún cuando nos abre los ojos explicando la sobresaturación que existe en el mundo actual gracias a las redes sociales, y a ese oasis en el que nos miramos, descuidando la vida real.

Dentro de la dinámica pop de este álbum, encontramos una estructura muy redonda, en temas como Merlí (como curiosidad, está basado en un personaje de una serie de TV3), Fiesta Nacional o Prende, todos ellos dirigidos a una búsqueda de la libertad, y de elegir nuestra vida sin prestar mucha atención a la opinión de los demás.

En la parte sonora se notan las influencias noventeras, sobretodo en el manejo de sintetizadores y tendencia a la electrónica en Bitácora, o en Cola de Pez-Fuego con un buen uso de los coros.

Miss Caffeina demuestran que no sólo se nutren de pop y disco, y se atreven con el funky para movernos en la pista y en sus conciertos con la  estupenda y rítmica Planta de Interior, animándonos a dejar fuera a toda esa gente tóxica, como  ya han comentado en alguna ocasión, con esas “letras puyitas”.

Llegando a la parte emotiva del disco,la agridulce Calambre es la primera parte a la sobresaliente Reina nos lleva de vuelta a un pasado que no siempre fue agradable. Al prestar atención a la letra no puedes evitar sentir que estuvieras violando de alguna forma los recuerdos íntimos de Alberto, que la compuso para sí mismo, de un modo liberador. Fantástica la voz en ese estribillo, que a su vez es muy melódico y reconciliador (“voy a perdonarte, voy a dejar de odiarte”).

En líneas generales, se han adentrado aún más en un estilo más electrónico y bailable, madurando en este sentido , también se descubren detalles en cada escucha, que todo sea dicho, acaba siendo escucha en bucle, una y otra vez. Además se trata de un álbum muy reivindicativo, pero no por ello pierde diversión y ganas de bailar, más bien todo lo contrario, como si estuvieran diciendo “a mal tiempo buena cara”, y da muy buenas vibraciones y curiosidad para sus futuros directos.

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