METRONOMY – LOVE LETTERS

LOVE LETTERS, NUEVO DISCO DE METRONOMY

Ha llegado el nuevo disco de Metronomy. Lanzado a través de Because Music este mes de marzo, puede ser el álbum que sitúe a la banda de Devon entre los grandes nombres del año.

Love Letters, como todos sus predecesores, incluye elementos nuevos en sus melodías, porque una de las cartas que mejor saben jugar los de Joseph Mount es la de las novedades. Si bien en su primer LP encontrábamos un trabajo fundamentalmente electrónico, con Nights Out comenzaba a verse una evolución hacia un nuevo sonido, y fue ya The English Riviera (2011) el álbum que les señala en el mapa, reconocido por el público y las críticas. Ahora, ese sonido procedente de su mejor álbum hasta la fecha se renueva, pero también se afianza manteniendo algunas de las claves que les llevaron al éxito con temas como The Look o The Bay.

Las diez pistas van a coincidir en una estructura insistente, pero con melodías discretamente pegadizas. La que abre el disco, The Upsetter, además va a destacar por la magia de la sencillez que le otorga la guitarra acústica, y junto con I’m Aquarius (tema que ya habíamos escuchado como adelanto) y Monstrous, va a formar un primer deja vu hacia su trabajo anterior, ya que recuerdan bastante al sonido más reciente de la banda. Pero no vayamos a pensar que este Love Letters se va a quedar simplemente en una segunda parte de lo que fue The English Riviera (que tampoco estaría del todo mal). Antes de que esa idea aparezca por tu mente, la canción que da nombre al disco te disipará las dudas, comenzando con un conjunto de viento (Oscar Cash es el saxofonista de la banda) y dando paso a unos vocales femeninos como si de las propias Supremes se tratase. Esta pista va a ser el centro de las influencias novedosas del álbum: el pop de los años 60 y un espíritu cercano a la Motown y a bandas como The Beach Boys. Era la sorpresa que Metronomy presentaba en este lanzamiento y como single. Sin embargo, el estilo y esa frescura retro no cala por igual en el resto de los temas y queda, casi en el ecuador del álbum, un tanto aislada desde la vista colectiva.

Month Of Sundays va a ser la canción que consiga el equilibrio entre las nuevas intenciones sesenteras experimentales, esta vez bastante más guitarreras, y el sonido al que casi nos tenían acostumbrados, también con Anna Prior en la voz femenina hacia el final de la pista que nos traslada a dicha época. Continuando con lo inesperado, incluso hay tiempo de volver a la electrónica, como demuestran en Boy Racers, y que marca todo un regreso (algo desorientado) a los inicios de la banda inglesa.

Uno de los puntos en común también va a ser esa atmósfera espacial que se percibe en el conjunto del álbum, a la que contribuyen ritmos sencillos y un ambiente synth-pop muy notable, más propio de la década de los 70. Así, David Bowie podría ser también una de las inspiraciones para las melodías, mucho más clara en The Most Immaculate Haircut y los falsetes marca de la casa Mount, muy presentes en los temas. Call Me y Reservoir van a continuar con los teclados y sintetizadores estelares, en las líneas generales de lo que este disco quiere mostrar. La distinción en el cierre la pondrá Never Wanted, más suave y sosegada que las anteriores, y que despide el disco con la misma sencillez con la que empezaba nueve pistas atrás.

Love Letters, como bien indica el título, es una carta de amor en sí mismo, en el que descubrimos la faceta más romántica de Joseph Mount en la composición de las letras, dedicadas a amores perdidos o dados por imposibles, y versos, aunque muy perseverantes, completamente redondos. Compuesto desde la nostalgia por las décadas pasadas y la experimentación con estos motivos (algo que también se anuncia ya desde la portada), tenemos un trabajo con pinceladas entre lo que Metronomy parece querer definir al fin como sonido propio y el regreso a otras sintonías anteriores. Un paseo por los años sesenta y setenta cerca de ser redondo, pero con dos vértices señalados en una Love Letters con demasiado afán de protagonismo y un corte electrónico que no tenía necesidad de devolvernos a los comienzos. Sin embargo, la banda demuestra un paso adelante y una original confección de los temas, donde la intencionalidad del flashback y la consolidación de la personalidad propia del cuarteto (más allá de las continuas mutaciones) funcionan y consiguen coexistencia.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7’5/10

Escúchalo aquí: