METRIC – ART OF DOUBT

Si hay que reducir la noticia a un solo titular, el de “Metric vuelven con su sonido más guitarrero” le asegura uno unos cuantos clicks en su artículo. Además, le vende al lector que los Metric que molaban eran los del principio, los de Soft Rock Star y On a Slow Night. Yo, personalmente, disfruto mucho más de todo lo que han hecho en los últimos diez años que en los anteriores. Es más, hasta me arranco a bailar cuando añaden capas y capas de sintetizadores “a lo Goldfrapp” a sus guitarrazos. Ni siquiera pienso que Art of Doubt (2018) sea un “retorno a los orígenes” para Metric. Es cierto que se parece más a Fantasies (2009) que todo lo que han publicado desde aquél. Pero es que Fantasies fue su cuarto disco, no sus orígenes. Y ni decir tiene que todo disco que nos recuerde a Fantasies tiene que ser, cuanto menos, disfrutable.

Fue el cuarto disco de Metric el que hizo destacar a los canadienses como algo más que una banda de new wave un poco del montón: fue, mediante el coqueteo con el synth pop, su consagración como banda de rock alternativo con indiscutible pegada gracias a temazos que, como Help I’m Alive o Gimme Sympathy, todavía hoy ponen del revés a los más indies del lugar. Después de sumergirse de lleno en la vertiente más sintética de su sonido, la banda liderada por Emily Haines vuelve al indie rock, pero con muchas lecciones aprendidas por el camino. Si hay bandas que se hacen grandes en estos terrenos intermedios en los que vuelcan varias inquietudes sonoras complementarias, Metric es una de ellas.

El misterioso tono de la muy guitarrera Die Happy captura con su agresiva contundencia, pero dudo que sonara tan rotunda si los mismos Metric no hubieran compuesto Artificial Nocturne para Synthetica (2012). Y uno de los momentos más indudablemente pop del disco, Now or Never Now, tiene la pegada y el tono como para haber encajado sin dificultad en un disco tan adictivo y luminoso como Fantasies; pero la riqueza de los sintetizadores sobre los que se construye su melodía no hace más que dar alas a las sutiles guitarras, permitiendo que la magia del tema se prolongue durante más de seis minutos sin aburrir ni repetirse.

Todo esto para decir que no, Art of Doubt no es algo tan simple como un “sonido más cañero”. Incluso el corte que da título al disco parece un frenético y descarado homenaje a Blonde Redhead oscuro, misterioso e inesperadamente rabioso. Si Metric se despegan del synth pop de sus dos últimos discos, no es para sonar exactamente a lo que sonaban Live It Out (2005) o Grow Up and Blow Away (2007). Aquellos eran discos interesantes y sinceros, pero apagados en cuanto a pegada u originalidad.

En estos 58 minutos los canadienses se mueven sin complejos entre oscuridades casi punkarras de Dark Saturday o Love You Back, estribillos adictivos y vitalistas, como en Holding Out, Underline the Black o Dressed to Suppress, los juguetones teclados, que casi homenajean al darkwave más puro, de Risk o las atmósferas complejas y elaboradas de Seven Rules o Anticipate. Y eso que Art of Doubt se reserva su última bala para el final: el No Lights on the Horizon que lo clausura es un auténtico caramelo, sencillo y emocional, que deja un sabor de boca sutil y optimista. Hacen falta muchas escuchas para cansarse de Art of Doubt. Yo aún no sé decir exactamente cuántas.

El resultado es un disco que sí, resumiendo mucho, es posible que te guste si te gustó Fantasies. Pero tampoco disgustará a quienes se engancharan a Pagans In Vegas (2015) o Synthetica. Probablemente el séptimo disco de Metric sea el que mejor sintetice la riqueza sonora del cuarteto canadiense, al menos hasta la fecha. Aúna el rock explosivo con el cierto punkarreo mugriento y furioso, mientras los teclados y los sintetizadores son capaces de zarandearnos entre los paisajes más coloristas y los más sombríos. Un disco largo que gana con cada escucha, lleno de sonidos y rincones a descubrir poco a poco. Y sí, probablemente el disco de Metric que muchos llevaban toda esta década queriendo escuchar.

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