METHYL ETHEL – TRIAGE

El pasado 15 de febrero, un día después de ese impostor día de los enamorados, en el que las parejas refuerzan sus ficciones y que sigue la estela de un día en el que numerosos grupos consideraron que era irónico o conveniente así como original contribuir con su producto musical al repetido 14 de febrero, volvió Jake Webb, y con él Methyl Ethel. Dos años después de la publicación de Everything is Forgotten (2017), con Triage (2019) bajo el reputado sello 4AD y con producción de Webb y la ingeniera de sonido Marta Salogni (Frank Ocean, Glass Animals, Bloc Party,…). Nueve nuevas canciones en las que se trabaja con sintetizadores y con la misma impersonalidad de álbumes pasados, que juega con la ambivalencia de la confusión, de lo esotérico y la androginia como forma de huir de lo convencional.

Es duro tener como competencia local a grupos como Tame Impala o Pond, pero no por ello debe quedar la formación de Webb reducida al absurdo tal y como pretende Emily Mackay en su artículo para la NME sobre este álbum de 2017. Methyl Ethel tienen ya como mérito haber podido demarcarse del peso de la psicodelia y el rock experimental, que se le atribuye descuidadamente a cualquier sonido que parece que haya sido producido con la pretensión de ir más allá de lo acostumbrado. Sin duda eso sería un ejercicio vago de análisis. Que suene raro no quiere decir que caiga siempre bajo la recurrente etiqueta de lo psicodélico, puesto que los australianos han seguido en este nuevo álbum sublimando sus sonidos hacia una estética artística en el más puro sentido plástico. Sus sonidos son acrílicos musicales, y atraviesan los oídos bajo la forma de melodías que parecen haberse abierto paso a través de los espacios vacíos del Louvre.

La producción del sonido en Triage es desde luego un ejemplo de ambición artística y de transfiguración de lo plástico al oído, explorando sintetizadores cuya resonancia parece hacerse eco en la inmensidad de una arquitectura palacial. Hay surrealismo y pop sintético, hay vanguardismo y experimentación que busca ubicarse en la estela de artistas como Arca, y además hay una composición lírica individual y expiadora. Clara manifestación de esto es la portada del álbum, que recuerda a Francis Bacon, o en sí, el sugerente título del álbum que nos ubica y transforma en pacientes en espera a ser atendidos en función de la gravedad de nuestra urgencia (triage). ¿Pretenden Methyl Ethel con este álbum darnos la atención que merecemos? ¿Tienen cada canción un remitente distinto pero roto? Preguntas que solo podremos resolver a partir de su escucha. Aun así, algo de redención parece haber dentro del álbum cuando encontramos esos sonidos catedralicios que recuerdan a esa estética que preside en Neon Bible de Arcade Fire, y que pretendía además replicar la figura del predicador católico. Biblias y hospitales, parecen tener mucho más en común de la aparente inconexión y la posición de origen tan distinta de la que parten, pero un ser humano común; aquel ser humano que no puede valerse por sí mismo.

El álbum abre con Ruiner, canción que trata sobre un niño o un adulto mimado exigiendo atención “Run your hands through my hair/’Cause I’m the child that’s so defiled/Cleanse me, wash me upside down/ Turnin’ and turnin’ and turnin’ and turnin’/ to keep it from hollowin’ out”. Continúa con Scream Whole que junto a Trip the mains, constituyen éxitos asegurados de este álbum, hasta llegar a Real Tight, que de nuevo retoma la única constante del álbum: la necesidad de atención ante la desnudez a la que nos arroja la existencia. Estas canciones en conjunto con el resto pecan de la misma composición melódica, pero se individualizan por la forma en como varían los elementos más atómicos, esto es, estribillo y estrofas. Quizá las canciones en las que parece respirarse algo más respecto a la regimentación melódica es en What About the 37º, dónde se permite un espacio a la deliberación de un saxo acompañado de batería. Tampoco puedo irme sin dejar puesto de relieve la gran All the Elements, que nos configura a un sujeto esperando una respuesta que nunca llega, bajo una guitarra simple, pero que casa muy bien con el sintetizador protagonista, que genera una órbita de paritorio en el que nadie puede parir la idea que tiene en mente; “There’s somethin’ in my head, but I can’t get it out/ All the main elements are what it’s all about/ With nothing in the end, still I’ll be waiting”.

En general un álbum de destino para Methyl Ethel y probablemente punto de inflexión al haber logrado sublimar sonidos que ya habían existido previamente en otros álbumes. Esperamos un cambio para el próximo álbum puesto que no parece que haya nada más que hacer. El siguiente viaje después de volver Ítaca ya no es una Odisea.