KEVIN MORBY – OH MY GOD

¿Un cantautor nace o se hace? La música de autor, la canción de autor, tiene un aura especial, una musicalidad adscrita en muchas ocasiones a la tradición folk (ya de por sí mística) así como a la canción protesta. Desde la Nueva Canción con Ibáñez o Serrat hasta el movimiento estadounidense con Pete Seeger y Bob Mr. Tambourine Dylan. En definitiva, un cantautor nace, probablemente, con un algo especial, eso sí, no me hagan decir el qué. La imagen de un lago o un western (en ocasiones spaghetti) y un hombre que vaga por los alrededores con su guitarra, roída por el paso del tiempo, es fácilmente plausible… o incluso una densa nieve, aciaga, en Los odiosos ocho de Quentin Tarantino, con Samuel L. Jackson o Walton Goggins por el ambiente, en una cabaña y de fondo la tormenta, Storm (Beneath the Weather), Oh My God (2019).

Si seguimos hablando de cantautores, la actualidad no es muy revitalizante ni enriquecedora, sin embargo, tras el éxito de Jake Bugg (vendido actualmente a otros enseres “pop-raros” que le sacan de nuestra denominación) apareció otra figura de gran tamaño, que sí que ha sabido quedarse, Kevin Morby. El de Lubbock comenzó a tocar la guitarra con tan solo 10 años y lleva en el ruedo de la música desde el 2008, ya sea formando sus bandas propias o recalando en otras como bajista, por ejemplo. En 2013 se mudó a la gran naranja, y aquí, en Los Ángeles, sacó su primer disco, de ocho canciones, Harlem River. Tan solo seis años más tarde tenemos ante nosotros Oh My God, su quinto álbum de estudio.

Mencionábamos con anterioridad el misticismo de la música folk y de igual manera ese aura que envuelve a los cantautores y como no podía ser de otra forma, Morby se ha encargado en esta nueva entrega de que las letras aún destilen un aroma mucho más espiritual e incluso religioso, siendo la fe uno de los temas principales del LP y el cómo esta influye en el propio cantautor. El texano se ha dejado los restos en este disco conceptual y a su vez doble, en el que el gospel está presente de gran manera en Oh My God o en las voces femeninas de Piss River, e incluso en el embellecimiento que lleva intrínseco No Halo. Una pieza compleja en total esencia, palmas en un sitio, de repente un teclado que no esperaba nadie, una melodía en saxofón y un solo de guitarra exacerbado.

Los caballos arrancan en una caminata por el valle con una sintonía religiosa, que al fin y al cabo no es tan religiosa, que en ocasiones se esgrime y se refracta en un prisma de agnosticismo, llegando a través de la tormenta, Storm (Beneath the Weather) y de los agradecimientos y festejos de Congratulations hasta O Behold, ¿recordáis la referencia a Bob Dylan? A veces es complicado que el padre de muchísimos músicos no quede presente.

Kevin Morby deja claro que el tiempo a veces pasa demasiado rápido: “time’s a funny motherfucker” y que lo que le quede a él en este mundo lo seguirá dedicando para componer discos, que, nos gusten más o menos, siempre tendremos a mano a las orillas de un lago, en un western spaghetti o en la cabaña favorita de Quentin Tarantino.

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