JULIA JACKLIN – CRUSHING

Escrito durante el tiempo (años) que Julia Jacklin pasó en la carretera presentando su debut –Don’t Let The Kids Win–, el segundo trabajo de la cantante australiana, Crushing, llega tres años más tarde para explorar, con inteligencia y sin caer en tópicos ni melancolía innecesaria, la desintegración de una relación amorosa –la suya propia–, desde la perspectiva del que deja. Si el desamor era en su primer álbum uno de los muchos temas a abordar en el tránsito hacia la vida adulta, en Crushing se convierte en el eje temático.

Entre diálogos y monólogos se desarrolla este trabajo en el que Jacklin se desahoga y profundiza en la necesidad de estar bien consigo misma, además de plantear transversalmente otros temas como el sexismo o la soledad en la carretera. Lo hace a través de una detallada descripción de situaciones –probablemente reales– y sentimientos, con letras que indudablemente perdurarán para la posteridad. Además de sus evidentes habilidades como cantante, Crushing es la muestra de que Julia Jacklin también brilla contando historias.

Su voz, cultivada en la lírica clásica y de timbre característico, es la reina incontestable de los diez cortes del álbum: a veces acolchada entre el sonido de la banda, y otras veces a solas con uno o dos instrumentos. Su técnica vocal es impresionante, y entre vibratos y gorgoritos recuerda a maestras como Joan Baez o, más recientemente, Fiona Apple. Con gran expresividad, la cantante adopta diversos registros: la ternura, la rabia, la determinación, la desesperación, la duda o la tristeza, se dan cita a lo largo de unos treinta y nueve minutos bien aprovechados para desgranar historias de vida.

Body es el preámbulo perfecto. “Un largo y exagerado suspiro”; así definía la cantante este tema en una entrevista con la NPR. En él, la voz de Jacklin se entreteje con el bajo y la percusión mientras describe una incómoda situación aeroportuaria, que termina con su decisión de cortar por lo sano una relación.

Con esta canción, la cantante de Sydney deja desde el principio claras las claves de su álbum: una voz portentosa, buenos arreglos sonoros y letras brillantes y directas. “I guess it’s just my life / And it’s just my body“, se mece en este primer tema, al plantear uno de esos mantras que quedarán grabados en la mente del oyente.

Pressure To Party y Head Alone siguen como segundo y tercer corte del álbum. Estos dos singles –dieron en el clavo al escogerlos– son una auténtica explosión sonora y emocional. Ambos dejan frases memorables también. “I don’t want to be touched all the time / I raised my body up to be mine”, se erige en Pressure To Party, un tema que reivindica su derecho a estar “mal” y “no salir de fiesta”, frente a las convenciones sociales.

Pero esta explosión pronto comienza a disiparse. El cuarto corte, Don’t Know How To Keep Loving You, se adentra en un sonido más relajado y quizá sea uno de los temas más tristes del álbum, donde Jacklin describe la desesperación que se siente al reconocer que has dejado de querer a alguien.

Las teclas del piano que introducen el quinto tema, When The Family Flies In, confirman esta zona más relajada del álbum. En esta suculenta balada, Jacklin describe el momento de la ruptura con todo lujo de detalles: ella está en su Toyota Corolla, lo están dejando por teléfono, hay poca cobertura y no se escucha. Parece una escena de comedia romántica, y quien la oiga recitar es capaz de sentirse en su piel, en ese tiempo y ese lugar; en esas emociones.

La segunda mitad del álbum comienza tranquila; el vibrato de la cantante se impone ante una instrumentación más recatada en temas como Convention o Good Guy. Pero a Jacklin aún le queda caña por dar, y así lo demuestra con el enérgico You Were Right, donde los decibelios se imponen junto a una elocuente letra con cierto punto sarcástico:

“Started eating at your favourite place /
The night I stopped eating with you /
You were always trying to force my taste /
But now I’m eating there ’cause I want to”

Pero tras la tormenta viene, de nuevo, la calma, y así remata el disco con dos temas más acústicos e introspectivos. Vuelve a destacar la potencia vocal de Jacklin, que alcanza un tono angelical mientras la letra se deshace en pensamientos. El último tema, Comfort, trae a una Jacklin en busca de catarsis. Parece hablar a un interlocutor, pero en última instancia –tras pasar por varias personas gramaticales– es a sí misma a quien se dirige y es en ella donde busca consuelo:

“I’ll be okay /
I’ll be alright /
I’ll get well soon /
Sleep through the night /
Don’t know how you’re doing /
But that’s what I get /
I can’t be the one to hold you when I was the one /
Who left”

Hay quien pueda pensar que el mundo ya tiene suficientes álbumes de ruptura, pero Crushing es la ferviente prueba de que este asunto aún puede resistir nuevas vueltas de tuerca. El segundo trabajo de Jacklin es, además, una suculenta y personalísima contribución al reciente resurgir del regusto country en el indie anglosajón, con representantes como Kevin Morby, Sharon Van Etten, Marlon Williams, Angel Olsen o Lucy Dacus.

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