JON HOPKINS – SINGULARITY

El Británico Jon Hopkins es un tipo que se toma sus lanzamientos con calma. Si a cada álbum en solitario que ha sacado lo ha separado un mínimo tres años del siguiente, no cabía esperar menos de la continuación de su obra magna: Immunity. Porque seamos francos, el trabajo que había desarrollado hasta entonces no es que hubiera sido especialmente grandilocuente, a lo sumo interesante. Cinco años después de su confirmación o aparición en el verdadero radar de la electrónica mundial llega Singularity. Éste nuevo álbum es un desarrollo sonoro de su predecesor, que sin embargo resquebraja gran parte de las fórmulas de reiteración que lucía aquél, ofreciéndonos un rango nuevo de estructuras que derrochan calidad, pero sin renunciar a un ápice de la emocionalidad que caracteriza su sonido.

Por lo que nos han contado, Singularity es un LP que narra de algún modo (bastante claro, en su desarrollo narrativo) una experiencia psicodélica que tuvo Hopkins. Suponemos que esto conecta con los diseños de patrones, ambientes estelares y todo tipo de material visual que se nos ha aportado para “disfrutar” de los singles, que a decir verdad son más espectaculares con los ojos cerrados y en sus versiones de estudio. En su quinta referencia en solitario, Jon Hopkins no se despega un ápice de la paleta sonora que marcase la batuta de Immunity. Este nuevo trabajo es un interesantísimo desarrollo de texturas industriales, sonidos agudos oníricos y misteriosos, y alguna que otra referencia al techno, que tampoco determina rítmicamente gran parte del disco.

Con una primera mitad más robusta e impactante, Singularity ofrece un amplio abanico de vigorosas estructuras, acompañadas de alguna ligera melodía en las que se llegan a oír guitarras, pero que se ven una y otra vez maleadas de forma brutal e irresistible por los graves. Desde el primer corte hasta el single Everything Is Connected, el frenesí espiritual del disco resulta extremadamente contagioso y cegador, una experiencia compleja y sin embargo verdaderamente accesible hasta para unos oídos no acostumbrados a este tipo de estilos. En su nuevo disco Hopkins es capaz de aunar mejor que nunca su barrido sonoro, que implica las texturas más violentas y macizas del IDM, y de hacerlas agradables y sublimadoras a través de break beats hermosos y ascensiones conjuntas (sintetizadores, capas y capas indiscernibles) de lo más etéreas.

Para la segunda mitad del LP el ritmo se releja un tanto. Buena prueba de ello es la balada Feel Free, apoyada por recursos corales, con la que comienza una fase más redentora y luminosa. Las armonías y las notas comienzan a ser más claras y cristalinas, y aunque continúan aleándose con la sección rítmica, empiezan a tomar mayor protagonismo y a dejarse ver con dulzura. Así pasamos por la simple y efectiva Echoe Dissolve, y llegamos al otro mastodonte del LP, Luminous Beings. En ella Hopkins llega a recordar al músico que grabase Opalescent hace ya 17 años. Sin mucho retorcerse y guiando con un sencillo beat de house y una suave melodía de piano, el británico completa la pretensión elevadora de este Singularity, que resulta ser un viaje, tal vez no psicotrópico, pero realmente intenso para el oyente.

Singularity es uno de los discos más sugerentes e interesantes de electrónica que hayan sido lanzados en los últimos años. Si bien Hopkins sigue a años luz de artistas como Autechre o Aphex Twin en lo que a experimentación se refiere, su capacidad expresiva es soberbia. Su talento, perfectamente plasmado en este álbum, reside en convertir un discurso artificial y a priori lejano como la electrónica, en algo tremendamente humano y en última instancia natural.

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