JACOBO SERRA – DON’T GIVE UP

Hay un detalle en la biografía de Jacobo Serra demasiado jugoso como para no mencionarlo, especialmente tras escuchar su espléndido debut Don’t Give Up. Este treintañero natural de Albacete, que debutó el año pasado con el EP The Word I Never Say, pasó una temporada larga en Londres (“Siento la música en inglés; en español hasta muevo el diafragma de manera distinta”, dijo a El País) y algo del lugar debió quedarse en su oído o en su pluma porque su primer disco está empapado del mejor folk anglosajón.

La inicial y excelente Don’t Give Up es toda una lección de estilo, que por su melancolía y su discurrir plácido casi parece una canción robada del debut de Damien Rice aderezada con unos coros beatlenianos. Hay reflejos de los momentos más calmados de los de Liverpool en gran parte del disco y tendría que esforzarse el artista para convencernos de que no pensaba en ellos al componer Say It Loud.

Porque Don’t Give Up navega sin problemas en ese fértil espacio entre el folk más melódico y el pop más otoñal, es decir, ahí donde Josh Rouse o Bart Davenport montaron su particular carrusel de suspiros . El single On & On o Snapshots of My Heart juegan con maestría en esa liga donde la estupenda voz de Serra, cálida como una confesión, convincente como la de un maestro, se rodea de justísimos y precisos arreglos de vientos, de cuerdas y de coros.

También las hay más austeras, como What I Was Told o Fly Away, estimables en su enfoque acústico, pero tal vez Serra encuentra caminos más interesantes ampliando un poco su paleta y dejándose acompañar. Los escasos dos minutos y medio de Empty Promises son una buena muestra de que con una banda con poderes detrás el artista gana enteros para unas composiciones concisas, acertadas, sin rellenos ni sobrantes: calidad en su dosis apropiada.

No estamos descubriendo ningún mundo al señalar el talento de Jacobo Serra como un valor en alza. Ron Sexsmith le echó el ojo en el pasado y The Autumn Defense y Marlango se lo han llevado de telonero para sus conciertos. Hay peso e ideas claras en un disco muy meritorio cuya cortísima duración (28 minutos, casi podría ser un EP) deja una sensación satisfactoria y, sobre todo, hambre de más: delicioso como un dulce, brevísimo como el mejor capricho.

PUNTUACIÓN CRAZYMINDS: 7.5/10

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